Saúl Alejandro Flores

El pasado día 22 de marzo se conmemoró otro Día Mundial del Agua y recuerdo que en otras ocasiones después de dichas conmemoraciones así he titulado esta columna de manera recurrente, “Después de la resaca”, en razón de: ¿Qué sigue después? Es otro Día Mundial del Agua y su parafernalia persiste, discursos, quejas, propuestas, fotos de personajes cuyo oficio gira en torno a lo electoral, pero ¿Cuántos logros hay? ¿Qué avances existen? ¿Hemos logrado revertir los efectos negativos? ¿Han resultado exitosas las políticas, medidas o proyectos emprendidos? ¿Dado los resultados obtenidos cuáles son los ajustes para aplicar y lograr los objetivos? Vuelvo a preguntar, el Día Mundial del Agua en México y en Aguascalientes se celebra en el marco que puede deducirse de estas interrogantes, si no es así, ¿Vale la pena seguir quejándonos, recomendando, organizar eventos para aparecer en las planas de la prensa o en redes?

¿Qué nos han dejado de recuento las autoridades desde el 22 de marzo del 2021? A nivel nacional recordamos con tristeza el desempeño de Conagua con relación al Acuerdo de Distribución de Aguas con los Estados Unidos de América con una interpretación de la dependencia federal que dejó mucho que desear y lamentablemente ello propició la muerte de dos personas en el estado de Chihuahua que terminaron baleados por la propia Guardia Nacional, un pésimo manejo en cada una de las aristas, se indujo y se dejó crecer un conflicto, desde hace aproximadamente 80 años se había actuado en el marco de ese Acuerdo, pero el actual gobierno federal con desconocimiento e impericia y con una plantilla de personal reducida e inexperta con un discurso que cada mañana desde Palacio Nacional confunde y enciende, el desenlace fue fatal. También tuvimos el caso “Zapotillo” con muchos vicios de origen y otros en su conclusión.

Luego se tuvo la renuncia de Blanca Jiménez, hace casi tres años en este espacio mencioné que había cometido un error en haber dejado París y así lo dije no concluiría con su encomienda, se confirmó esa apreciación, adoleció del conocimiento de las entrañas de la problemática en México, sabía desde la perspectiva como investigadora, pero hasta ahí, lo demás, no aparece ni en libros de texto, tesis, sino en las malas prácticas que son comunes en nuestro país y que paradójicamente se vuelven invisibles al momento de abordar la problemática. Posteriormente esas viejas prácticas se convirtieron en lucha de poder dentro de Conagua, al centralizar todo de modo autoritario Elaine Burns en la Subdirección General de Administración del Agua, en una lucha epistolar y de “memos”, cayó Blanca Jiménez y Burns con una visión ideologizante reproduce de modo intolerante al estilo de las viejas prácticas, posturas irrealizables y que de persistir en ello conducirá a un colapso el sector agua. Conagua desarticulada y matizándose el rigor burocratizante que lo consolidara como una institución artrítica.

Las entidades federativas tampoco se quedan atrás, con preocupación se puede visualizar el caso Nuevo León, “Aguas de Monterrey” fue una organización ejemplar desde diversas perspectivas, sin embargo, lo que ha acontecido nos demuestra que la consolidación de los organismos operadores es frágil, o quizás muy frágil, la madurez de una organización demanda tiempo y mucho esfuerzo, años, décadas, pero en meses se puede resquebrajar la institución, construir demanda mucho tiempo y acciones, el destruir puede ser realidad con una sola acción y en muy corto tiempo.

El caso de Aguas de Monterrey nos vuelve a recordar esa fragilidad, pero ojalá sea el último recordatorio, y jamás volvamos a perder de vista ese riesgo, en que una institución se desmorona por el desacierto, corrupción y rapiña de sus gobernantes que ahora tiene en vilo a Monterrey.

Querétaro tampoco es la excepción. La CEA fue un ejemplo por décadas y en su penúltima administración estatal echaron por la borda el trabajo acumulado, ahora vive cuesta arriba una serie de acciones que demandan esfuerzos extraordinarios para tratar de recuperar lo perdido.

Así nos podemos encontrar diversas entidades, algunas son agujeros negros como la Ciudad de México, otros como Aguascalientes, una entidad que por décadas actuó como si el agua fuera un recurso infinito, “no pasa nada”, si se fuera a escribir un capítulo de la historia de Aguascalientes como entidad federativa y ciudad capital, llevaría por nombre: “Aguascalientes, la omisión hídrica”, con una serie de medidas que son ejemplo de lo que no se debe hacer, y por otro lado, algunas aisladas y otras como “la tecnificación del distrito de riego”, pero que no es el todo, la visión por “ganar dinero construyendo” desplazó la visión de administración y gestión del recurso agua. Para rematar, la ambición electoral entrampó lo que debería ser la conformación de eficientes organismos operadores de agua.

Amable lector, ¿Hay algún argumento para conmemorar en México o Aguascalientes el Día Mundial del Agua?, ojalá el próximo 22 de marzo del 2023 podemos dar cuentas positivas. Nos vemos la próxima semana, recuerden la importancia de emprender acciones que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com

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