Por J. Jesús López García

La industria moderna originó procesos constructivos nuevos a partir del uso extensivo inédito de materiales que anteriormente eran marginales a la edificación, como el hierro o el vidrio, o bien reformulaciones a partir de algunos también antiguos, como el cemento que era empleado desde la República romana, sin embargo al inicio de los experimentos de armarlo con acero -de entre cuyos promotores destaca el francés Franҁois Hennebique (1842-1921), se revolucionó la industria de la construcción y terminó por complementar la triada de materiales modernos: acero, concreto y vidrio.

La manera tradicional de construir con elementos de piedra, tierra y madera fue puliéndose de manera magistral a través de milenios, pero las formas resultantes de ello fueron modelos que se repitieron igualmente por cientos de años. De esa reiteración surgieron los cánones de la arquitectura en todos los rincones del mundo, fueron los griegos, latinos, hinduistas, mesoamericanos, entre otros, esos cánones cada vez mas depurados que reafirmaban la naturaleza de la arquitectura en todas las tradiciones como un arte sujeto a la constatación repetitiva de los modelos de la antigüedad.

La variedad de formas arquitectónicas que podemos apreciar -o sufrir- en la actualidad es un fenómeno realmente reciente. De hace unos ciento cincuenta años a la actualidad podemos ahora disponer de materiales y procesos constructivos que ya no sujetan sus formas resultantes a los moldes del pasado. Algunas de esas formas se ciñen a una manera estricta de construir, a una especie de nuevo canon sujeto al conocimiento y dominio de la edificación y de su composición arquitectónica rigurosa -siguiendo el dictamen del purismo del arquitecto Le Corbusier (1887-1965)-, algunas otras se someten al precepto moderno de “la forma sigue a la función” del arquitecto estadounidense Louis Sullivan (1856-1924), donde la naturaleza del uso somete a toda la disposición espacial y constructiva del edificio.

Otras formas son parte de una experimentación con técnicas de construcción nuevas, mediante la copia de soluciones espaciales y compositivas, y finalmente aquellas que son resultado de caprichos u ocurrencias que la maleabilidad en el empleo de los nuevos materiales permite. Si a lo anterior agregamos la actual paleta de materiales de fácil montaje -que va de acuerdo a su perdurabilidad relativamente corta como la tablaroca o el tablacemento-, los resultados son exactamente lo opuesto al rigor compositivo de las formas racionalistas o funcionalistas, pero igualmente contribuyen a cofigurar una imagen urbana contemporánea donde la heterogeneidad es la constante.

Esa multiplicidad, esa diferencia y variedad que configuran el perfil de todo asentamiento contemporáneo, es entonces igualmente reciente. Y es más resultado de la manera actual de construir que de la diversidad de actividades de la vida moderna. La imagen variopinta de la mayoría de las ciudades del mundo está tan impresa en nuestra cotidianidad que casi no la percibimos, aunque la encontremos prácticamente a cada paso por una caminata común y corriente.

En la esquina conformada por las calles de Guadalupe y Alamán, en el Barrio de Guadalupe, se encuentra la tienda de vinos y licores “El Cairo”. Es un inmueble de dos niveles dedicados a los usos de comercio -en la esquina y por Guadalupe- y vivienda –en planta baja por Alamán y en la planta alta-. Construido con ladrillo, trabes y cerramientos de concreto, evidentes por la dimensión de sus vanos, posee un ochavamiento en el ángulo común en la arquitectura del siglo XIX, pero que aquí es sólo una manera de evitar una arista en vértice y generar un frente comercial diferenciado de las dos fachadas perpendiculares. Los vanos de la fachada que da al oriente –por Alamán- presenta un enmarcamiento muy contemporáneo que descansa compositivamente por una losa en voladizo a manera de marquesina para cubrir los accesos domésticos. La parte baja de la finca presenta un recubrimiento de piedra laja con un cordón a manera de junta muy protuberante, a la usanza tradicional, pero el edificio en conjunto es una muestra de experimentación muy libre de formas modernas empleando materiales modernos, incluso el balcón realizado con ladrillo extruido y una jardinera con un recubrimiento de pedacería de cerámica -el “trencadís” que utilizaba el arquitecto Antonio Gaudí (1852-1926)-, que es una pieza más moderna que tradicional.

Como el inmueble descrito hay muchísimos en nuestra ciudad; esa finca proveniente de los años 60 o 70 del siglo pasado, es parte de los ensayos constructivos locales para ir adaptando la modernidad a nuestro lugar. Aún no han podido reemplazar térmicamente los materiales nuevos al adobe, tampoco han definido una forma que podamos reconocer como propia enteramente -y quién sabe si eso sea factible y honesto en un mundo cada vez más interconectado- ni han sustituido la majestuosidad de la piedra, pero definitivamente son en su sencillez de implementación, una base para crear una arquitectura maleable y versátil para la vida urbana y contemporánea, creándole de paso, un escenario de amplios repertorios formales.

En Aguascalientes aún podemos encontrar múltiples inmuebles edificados a partir de la segunda mitad del siglo XX, con unas formas eminentemente modernas.