Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cuando algo ha caído en la rutina y ya no da los resultados esperados, es necesaria una renovación, al respecto, para poder aspirar a cosas nuevas y mejores. Como dicen los campesinos “si a diario caminamos por las mismas veredas siempre llegaremos a los mismos parajes; pero si transitamos por otros atajos, entonces llegaremos a nuevos parajes”.

Esto tiene que ver con la estructura organizativa, para los servicios educativos, del Instituto de Educación de Aguascalientes. En 1993 se crearon los Centros de Educación Básica (CEB) en los que se agruparon los supervisores escolares de preescolar, primaria y secundaria; y para su operación, se instalaron en lugares estratégicos donde estaban ubicadas las escuelas de una región o de un municipio: CEB de El Llano, CEB de Cosío, CEB de El Centro (de la Ciudad), CEB de Morelos, etc. El primer propósito de estos Centros era integrar la educación básica y, el segundo (el más importante), mejorar los aprendizajes de los alumnos. Para tales efectos, cada equipo de supervisión elaboraba un proyecto integral para la mejora educativa de las escuelas de la región o del municipio. El proyecto operaba durante un ciclo escolar y al finalizar, las autoridades del Instituto de Educación evaluaban los resultados. Bajo esta mecánica, cada año fueron mejorando, gradualmente, los aprendizajes de los alumnos y fue disminuyendo el abandono escolar, gracias al trabajo de los supervisores y de las autoridades locales. Por los avances obtenidos, la Secretaría de Educación intentó replicar este modelo en los estados del país; sin embargo, no se logró. Mientras tanto, en Aguascalientes los Centro de Educación Básica continuaron laborando, exitosamente, por poco más de una década.

Entre 2006 y 2008, fueron construidos los edificios para albergar a los Centros de Educación Básica, cambiándoles de nombre por Centro Calvillo, Centro Pabellón, Centro Ferrocarriles, Centro Insurgentes, etc. Con el objeto de darles un mejor funcionamiento, se elaboró un manual de organización y se hicieron algunos esfuerzos por elevar la calidad de la educación; pero, lamentablemente, el tiempo (del sexenio) se fue en la construcción de los edificios y en el diseño del manual de organización y funcionamiento; por lo que la educación se desarrolló, simplemente, por inercia.

Antes de 2010, pero sobre todo a partir de esta fecha, se politizó el nombramiento de los coordinadores de los Centros; en lugar de supervisores o maestros ameritados, en las coordinaciones se nombró a políticos del partido en el gobierno con la encomienda expresa de hacer proselitismo político, en favor del partido, en las regiones y municipios donde estaban ubicados. A partir de entonces, vino la debacle de la educación básica; porque importaba más el proselitismo político que la atención de la educación. En los últimos años, tal vez con la mira de algún  mejoramiento, los Centros cambiaron de nombre por Unidades Regionales de Servicios Educativos (URSE) y actualmente se denominan Sistemas de Asesoría y Acompañamiento a las Escuelas (SISAAES). Sin embargo, de poco ha servido cambiarles de nombre; porque la educación no levanta. La educación funciona por inercia y en la rutina.

Ante este orden de cosas, ¿qué se debería hacer para reencauzar la educación básica hacia mejores horizontes? La renovación es absolutamente necesaria. Al margen del nombre de los Centros, se requiere devolverles el carácter estrictamente educativo, cuyo propósito medular sea mejorar la educación de los alumnos; y con los compromisos de abatir la deserción y de asegurar la asistencia y permanencia de los estudiantes en la escuela. Colateralmente, se deben designar como coordinadores, de estos Centros, los mejores supervisores de la región o del municipio, y/o los directores y maestros que hayan demostrado eficacia y eficiencia en los servicios educativos. Recursos humanos e ideas hay, y las circunstancias imperantes, también, lo requieren. Todo sea por los niños.

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