Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Hugh Jackman puede recordarlo todo por usted al por mayor

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

En un futuro algo lejano, Norteamérica se ve asolada tanto por los estragos de un terrible conflicto bélico como del cambio climático, eventos que han inundado parcialmente algunas de sus ciudades como Miami, donde vive el veterano de guerra Nick Bannister (Hugh Jackman), quien utiliza una cápsula de aislamiento antes usada para interrogatorios por su tecnología holográfica capaz de reproducir en tres dimensiones los recuerdos de quien se sumerge y conecta en ella y hoy como un recurso para ganar dinero, pues , “la nostalgia se vuelve una adicción” como señala el mismo Bannister a priori del deprimente estado en que quedó la población gringa por la contienda global y el desbordamiento marítimo. La vida de Nick es solitaria, conectándose con su lacerada humanidad por la guerra tan solo de manera terciaria mediante sus clientes a quienes guía con instrucciones casi hipnóticas para que se conjure digitalmente el recuerdo anhelado y charlando únicamente con su ayudante, una mujer con quien combatió en el frente llamada Watts (Thandiwe Newton), quien a su vez lidia con sus propios demonios mediante el alcohol. Un día sus servicios son solicitados por una glamorosa y misteriosa mujer llamada Mae (Rebecca Ferguson) quien desea saber dónde ha dejado sus llaves, cautivando a Nick desde el inicio e iniciando un idílico romance, hasta que ella desaparece sin dejar rastro. Nick hará lo que sea para encontrarla hasta que el cúmulo de pistas y encuentros no siempre cordiales con quienes la han conocido (incluyendo personajes del hampa y dueños de cabaret de dudosa reputación donde ella ejercía como cantante) lo orillan a creer que Mae no era la angelical y dulce dama de quien se enamoró.
Lisa Joy, la co-creadora de la aclamada serie “Westworld”, debuta en la dirección con esta estilizada obra que recupera tanto algunos de los temas que distinguen a su trabajo televisivo como la identidad, la autorrealización y el peso del pasado en la forja del presente como todos los tropos habidos y por haber del cine negro, utilizando sus icónicos elementos diegéticos como la voz en off del protagonista que brinda reflexiones líricas y personales sobre sus experiencias, un personaje principal con tendencias amorales pero éticamente balanceado, una asistente con secretos propios que auxilia en la calibración de broncas existenciales a la vez que oculta cierto interés romántico por su compañero y una femme fatale que activa todo el drama. La cuestión es que la narrativa no está en sincronía con la plástica, por lo que el uso torrencial de los componentes clave del film noir raya en el cliché sin que se logre un aporte al argumento, el cual se ve superado por la portentosa fotografía de Paul Cameron, quien consolida una propuesta visual interesante donde amalgama algunos toques cromáticos cálidos con la decadente tecnología que rige este mundo futurista. La situación se ve aún más afectada cuando en la trama se involucran referencias bastante claras y directas a genuinos clásicos del género como “Barrio Chino” (Polanski, E.U., 1974) con una subtrama algo simplona sobre un potentado de los bienes raíces que busca adueñarse de Miami mediante una gentrificación muy maniquea y transparente.
Irónicamente, esta película construida en base a una moraleja sobre el apego al pasado se ve bastante anclada a todo lo que sobre su planteamiento argumental se ha construido previamente en cine y literatura, tanto en el ámbito negro como en la ciencia ficción, diluyendo todo rastro de propuesta para quedarse en lo más básico, casi como si se tratara de la remembranza de alguna película que versa sobre desapariciones, intrigas y héroes capaces de resolver las cosas con su cerebro y puños pero por un sistema artificial que sólo se contenta con lo más elemental. Así es “Reminiscencia”, un trabajo hermosamente insípido que se aloja en nuestra memoria como un recuerdo no muy agradable.

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