Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Tanto la autoridad educativa federal como la estatal tienen más de seis meses declarando que el regreso a las escuelas será gradual; pero, hasta la fecha, los maestros de educación básica no sabemos, exactamente, qué quieren decir con “Regreso gradual”: ¿cada día de la semana asistirá, por ejemplo, un 20 % del total de alumnos?, ¿quiénes?, ¿en qué horarios y por cuánto tiempo?; o, ¿se empezará con preescolar, luego primarias, para continuar con secundarias?, ¿o viceversa?; o, ¿será por grados? o, ¿se empezará con escuelas que tengan mantenimiento integral en sus instalaciones y que cuenten con todas las condiciones propicias para la atención de los alumnos?, y ¿cuándo se reiniciarían las clases en los planteles que están en malas condiciones físicas y que no tienen aún remozamiento?, ¿para cuándo contarán con agua las escuelas que carecen de este vital líquido hasta la fecha?; o, ¿se empezará con los alumnos que acumulan mayores rezagos educativos?, para después concluir con los que tienen buenas calificaciones; ¿o será de manera indistinta?

Si las autoridades consideran, responsablemente, que las condiciones ya están dadas para regresar a las clases presenciales sin riesgos; los maestros debemos saber cuáles son los criterios y tiempos para el multicitado “Regreso gradual” a las escuelas; porque de eso depende nuestra planeación y organización de las actividades escolares; pues no es lo mismo preparar clases para atender alumnos con profundos rezagos educativos que entender alumnos sin problemas de aprendizaje; como tampoco es lo mismo contar con todas las condiciones de infraestructura y de higiene para la atención de los estudiantes que atender a éstos en instalaciones sin agua y con servicios sanitarios en pésimo estado.

A los maestros nos preocupa que las autoridades un día digan que todas las escuelas están reparadas y que están en condiciones óptimas para recibir a los alumnos en su reinicio a las clases presenciales; y que dos o tres días después digan que el 30 % de las escuelas están destrozadas por el vandalismo y que también reconozcan que muchas escuelas no tienen servicio de agua. Ante estas contradicciones, en los últimos días se ha mencionado que grupos de padres de familia visitarán todas las escuelas para, definitivamente, contabilizar el número de escuelas en condiciones buenas, regulares y pésimas; y con base en esta información se sugiera el mantenimiento según sea cada caso. Sorprende que el Instituto de Educación que cuenta con personal profesional y técnico para realizar este trabado, no tenga la información detallada de las condiciones de cada escuela, cuando es su responsabilidad y que por eso se les paga; y que, ante la premura, tenga que recurrir a los padres de familia para que hagan un reconocimiento en los planteles. No se duda de la buena fe y la buena voluntad de los padres de familia, pero difícilmente podrán hacer reestudios de nivel técnico que es propio de los profesionales; de los cuales se dispone.

Hay muchas cosas que están pasando y que no se entienden; en tal virtud, las autoridades deberían presentar ideas claras y con propósitos definidos. No basta con decir que las clases presenciales tendrán un “Regreso gradual”; se tienen que definir los criterios de regreso en cada nivel educativo; establecer propósitos claros (no hay se va); disponer de recursos necesarios; y estar en condiciones de dar seguimiento en las escuelas para mejorar, constante y gradualmente, los procesos educacionales; pero, sobre todo, habrá que tener, realmente, toda la infraestructura en buenas condiciones. Además, no se debe olvidar que los maestros y el resto del personal escolar, ciertamente, estamos vacunados; pero no los alumnos ni los padres de familia; como tampoco hemos podido llegar (localmente) al semáforo verde. Por tanto, sí importa el regreso a las clases presenciales, pero también importa la salud.