Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Ahora que regresemos a clases, después de dos semanas de vacaciones, alumnos y maestros sabemos que nos quedan pocas semanas de actividades escolares para que concluya el ciclo escolar 2021 – 2022. Los contenidos programáticos dejarán de desarrollarse frente a los alumnos y se les harán evaluaciones para verificar los aprendizajes logrados con el fin de llenar las boletas y los certificados con las calificaciones que se han obtenido durante el año. Evidentemente, se reconoce que por ser un ciclo escolar atípico, por la pandemia, los resultados dejarán mucho qué desear. Todos los maestros coinciden en señalar que aún en condiciones normales, generalmente, no se terminan de analizar todos los temas de los programas de estudio, debido a una serie de circunstancias adversas que se presentan. Este año, por todos los problemas que generó la pandemia, los avances fueron más lentos y con mayores dificultades; por lo tanto, es absolutamente necesario aprovechar, al máximo, las nueve o diez semanas que nos quedan del año lectivo.

Los maestros pondremos nuestro mayor y mejor esfuerzo para cubrir los aprendizajes fundamentales de los programas; pero necesitamos el apoyo de los padres de familia, principalmente, en dos sentidos: por una parte, que garanticen la asistencia de sus hijos a la escuela; y, por la otra, que se mantengan atentos con el fin de que sus hijos realicen las tareas indicadas y revisen lo que sus hijos están aprendiendo. Si los maestros cumplimos con nuestro deber profesional y los padres de familia hacen lo que les corresponde, obtendremos buenos resultados en los aprendizajes de los niños, adolescentes y jóvenes.

Ahora bien, aun cuando la Secretaría de Educación Pública ordena no reprobar a ningún alumno, independientemente si ha aprendido o no y si cumple o no con las actividades escolares. No es bueno ni recomendable atenerse, únicamente, a esta disposición oficial; los alumnos y los padres de familia deben pensar y estar convencidos que lo que importan son los aprendizajes que los estudiantes deben adquirir: aprendizajes de Matemáticas que garanticen resolver problemas de la vida real y de todos los días; aprendizajes de Español para hablar, leer y escribir, correctamente; aprendizajes de Formación Cívica y Ética que sustenten una vida de respeto, de responsabilidad, de solidaridad, de armonía con todas las personas con quienes se convive en el hogar, en la escuela, en el campo deportivo, en el taller, en la calle y en todos los demás espacios sociales. Asimismo, deben lograrse aprendizajes relevantes en las demás materias de estudio que son de gran utilidad en la vida cotidiana. Se pueden obtener, con facilidad, calificaciones aprobatorias por orden oficial; sin embargo, al enfrentarse con casos en el terreno de los hechos, más que calificaciones se necesitan conocimientos sólidos que propicien soluciones. De no ser así, a todos puede pasar lo que al muchacho que llegó pidiendo trabajo en una fábrica de zapatos, y para apoyar su solicitud, mostró al gerente de la fábrica, con mucho orgullo, un certificado con calificaciones de diez en todas las materias. El gerente le preguntó si sabía hacer zapatos; a lo que el solicitante contestó que no, pero que tenía puros dieces en su certificado. Entonces el gerente le dijo: “Mira muchacho, aquí contratamos personas que sepan hacer zapatos”. La escuela, aparte de conocimientos teóricos, enseña muchas cosas prácticas y útiles para la vida; es cuestión de encontrarles sentido y aprovechar todo lo que en ella se ofrece y aprovecharla para bien. Ciertamente, en el desarrollo de la vida los conocimientos y las prácticas se van enriqueciendo y mejorando; pues, la vida es un constante aprender.

En síntesis, las calificaciones son convenientes y beneficiosas, sobre todo cuando reflejan el aprendizaje real; pero son más importantes y útiles los aprendizajes y los conocimientos.

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