Víctor Hugo Granados Zapata

El pasado jueves el presidente anunció en una de sus mañaneras que el regreso a las aulas se dará sí o sí. Lo anterior se dará en virtud de los múltiples efectos negativos que ha tenido la pandemia en la educación, comenzando por la expansión de la brecha educativa a lo largo de todo el país y el creciente abandono escolar, sin embargo, a lo largo de estos meses ha existido resistencia por parte de grupos de padres de familia y docentes en cuanto al tema del regreso escolar. La pandemia aún sigue expandiéndose en todo el mundo, aunado con la falta de más de la mitad de la población de vacunarse, lo que con toda razón preocupa a muchas madres y padres de familia, quienes buscan tomar la mejor decisión posible para sus hijos, pero en este escenario, ¿es realmente conveniente postergar más el regreso presencial?

Desde el Instituto de Educación de Aguascalientes, el director general de dicha institución, Ulises Reyes Esparza, mencionó que las familias tendrán la última palabra y decidirán si asisten o no sus hijas e hijos a las escuelas; el sistema híbrido tiene como objetivo contemplar ambas modalidades con la finalidad de retornar paulatinamente a las escuelas. Sin embargo, el sector docente de Aguascalientes aún no se ha pronunciado al respecto, lo que es preocupante ya que la mayoría de las y los profesores ya están vacunados (e incluso fueron un sector prioritario en el plan de vacunación) y aún no han decidido regresar presencialmente a las aulas (al menos la mayoría). ¿No debería ser este sector el primero que se aliste para el regreso presencial?

Si lo analizamos desde esta perspectiva, lo único que podría orillar a un regreso escalonado eficiente, seguro y en vísperas de un plan de renivelación escolar es la presión desde las familias, algo que también ha generado matices dentro de la discusión pública. Ante la falta de recursos públicos en materia educativa, el despilfarro de presupuesto público en sistemas de transferencias no condicionadas (becas sin requisitos) y el pésimo manejo de la gestión educativa en los últimos dos años y medio, debemos promover una mayor participación de las familias en la decisión del regreso presencial, donde es vital que contemos con dos acciones clave: vacunarse (en caso de tener más de 18 años) y respetar los protocolos de sanitización. Pero a raíz de estas medidas muchas personas me han comentado ¿qué pasa si yo sí quiero seguir las indicaciones y vacunarme pero hay otras personas que no quieren? ¿Valdría la pena? ¿Qué debemos hacer en ese caso? ¿Continuamos o volvemos a la educación en línea?

Aquí podemos ver un ejemplo del fenómeno denominado la “Tragedia de los comunes” por Garret Hardin (destacado ecologista norteamericano del siglo XX), el cual consiste en que los bienes públicos se desperdician (parques públicos, recursos naturales, etc.) bajo la premisa de que no importa si una persona los cuida, él resto no lo hará igual y por ello no tiene caso hacerlo, o de manera inversa, no tendría sentido cuidar/pagar por un bien público si el resto aún así lo puede hacer. Este pensamiento tiene relación con el tema de la vacuna y el seguimiento de los protocolos de higiene, ya que muchas personas deciden no usar cubrebocas (entre ellas, en un inicio, el propio presidente de la República), tampoco gel anti bacterial y mucho menos vacunarse, lo cual no sólo tiene un efecto adverso en ellos que los coloca en una situación de riesgo, sino también al resto de las personas, incluyendo a las niñas, niños y adolescentes estudiantes.

Ahora imagine el siguiente caso, en el que una familia decide no vacunarse, pedir que se continúe con la educación a distancia y además no sigue los protocolos sanitarios, los efectos serían: exponer a las niñas y niños a contagiarse (a pesar de que sean los que menos probabilidad tienen de contagiarse y transmitir el virus), promueven un ecosistema de contagio más amplio en cualquier lugar al que asistan y empeoran la calidad educativa de sus hijos, ¿bajo qué premisa este último efecto? Incoherentemente “protegiéndolos” del virus. Hay que contemplar este tema de manera madura y responsable, pero sobre todo enfocados para garantizar el derecho a la educación de las y los estudiantes. Urgen medidas más estrictas en los establecimientos públicos y, aunque esta medida no les agrade a muchas personas, exigir el certificado de vacunación para ingresar a diferentes establecimientos públicos. En estos casos se requieren medidas más rígidas para contrarrestar el egoísmo de muchas personas por el bien de toda la sociedad.