Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 “El chiste de la democracia en México, es que parezca no que sea democracia” Abel Quezada.

Pocos se acuerdan lo bonito y tranquilo que era este país cuando el desarrollo estabilizador. El PRI gobernaba con tres o cuatro comparsas, con una sola oposición, más simbólica que real. El sistema dedocrático imperaba y, cosas del sistema, nunca se equivocaba. El presidente gobernaba sin contrapesos formales durante un sexenio al cabo del cual, como un hombre honrado, elegía a su sucesor para los siguientes seis años y se repetía el ciclo. Pero los gringos envidiosos de la PAX PRIISTA y metiches que son, con el ánimo de componer lo que no estaba descompuesto metieron su cuchara e inventaron un plan que llamaron ALPRO (Alianza para el Progreso), un programa de ayuda para los países iberoamericanos que sujetaban a una condición sine qua non. Que dieran pasos reales a un sistema democrático de verdad, que en lenguaje gringo, quiere decir como el de ellos.

Es cierto que la mayoría de los países estaban más “pior” que el nuestro, los golpes de estado, los “coronelazos”, estaban a la orden del día. Los “gorilatos” imperaban con diversos matices pero con un denominador común: “Yo, el supremo” (cualquier parecido con circunstancia actuales es pura imitación). México había logrado la estabilidad con un partido hegemónico, con una especie de monarquía sexenal, que garantizó la paz y el crecimiento, basado también en una gran movilidad social propiciada por el sistema educativo y el sistema político. A los güeros no les bastaba eso, de manera que presionaron fuertemente para la modificación del sistema electoral y surgieron, como novedad en los sesentas, los diputados de partido. Reforma que permitió por primera vez, que en el Congreso quedaran representadas las minorías, aunque no hubiesen ganado ninguno de los distritos, siempre que hubieran alcanzado un porcentaje mínimo de la votación total.

La democracia, ya se sabe, es el gobierno de las mayorías, pero también es aceptado de manera generalizada, que debe darse participación a las minorías, que deben ser tomadas en cuenta como parte del conglomerado total de la población. No siempre, hay que decirlo, las mayorías tienen la razón, es más, frecuentemente no la tienen, pero aún si no fuera así, en una sociedad moderna, todas las voces, todas las opiniones, deben tener un peso en la toma de decisiones. Por supuesto que tenemos la gran excepción de los EE.UU. en que dos partidos se reparten los estados y los congresos, de manera más o menos equivalente. La diferencia entre los partidos demócrata y republicano es más de matices que de fondo. En la mayoría de los países democráticos o en vías de democratización una preocupación fundamental es la representación de las mayorías.

En un sistema como el norteamericano, por sus peculiaridades, puede ser presidente de la República un candidato que no hubiera obtenido la mayoría de la población, como de hecho sucedió con George W. Bush, pero también teóricamente podría darse el caso de que un partido con el 51% de la votación total en todas las circunscripciones tuviera la totalidad de los puestos de elección y el 49% quedaría sin representación. Con los diputados de partido, México, dio un paso importante para la representación de las minorías, sin embargo, la representación era mínima y la sobrerrepresentación del PRI muy alta. Entendiendo por sobrerrepresentación la diferencia entre el porcentaje de votos y el porcentaje de representantes. En la actualidad, con base en los acuerdos y componendas de MORENA, su representación con sus aliados en el Congreso es muy superior al porcentaje de votación que obtuvo.

En la elección de José López Portillo, el sistema político electoral tocó fondo. No hubo candidato opositor, el oficial fue el único y ganó sin contrincantes. Una democracia tiene que parecerlo y los partidos opositores tenían tan poca presencia en la vida pública del país que fue necesaria una reforma a fondo del sistema electoral. Se encargó a Jesús Reyes Heroles estar al frente del diseño de un nuevo sistema de partidos y de representación electoral y se propuso y aprobó en 1977 la La ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales que partió de reformas constitucionales que dieron a los partidos políticos la calidad de entidades de interés público, se fortalecieron sus prebendas teniendo como finalidad última el tránsito de un sistema de partido hegemónico y prácticamente único, a un sistema plural y abierto de partidos políticos, y con el tiempo también un sistema competitivo y equitativo. Se modificó la integración de la Cámara de Diputados con la finalidad de dar mayor representación a los llamados partidos minoritarios, estableciéndose un sistema mixto que combinó el principio de representación de mayoría relativa con el de representación proporcional, hasta 100 diputados electos en circunscripciones plurinominales para partidos que no hubieran obtenido sesenta curules por mayoría.

La forma de designación de los plurinominales es un sistema complejo que ha tenido diversas modificaciones, con la aplicación de fórmulas que parten del porcentaje de votos, se asignan diputaciones, se obtienen cocientes, dividiendo votos entre número de curules, haciendo ajustes a los residuos, etc., lo que da resultados que, más o menos representan en curules el porcentaje de la votación.

El IFE, hoy INE, fue el gran triunfo de la democracia en México, ha asegurado votaciones confiables, respeto al voto, acceso rápido a los resultados, transparencia en las actas y en los procesos revisorios, y la disminución de conflictos electorales. El INE garantizó el triunfo de López Obrador, pero la función del INE también formalizó la “derrota” de MORENA en las elecciones de 2021 en que perdió la mayoría absoluta del Congreso.

La reforma perversa que propone AMLO implica regresar a los setentas, desaparecer el INE y sustituirlo por un órgano electo por votación, es dar al partido mayoritario su control. La nueva regulación de las plurinominales y la desaparición de distritos traerían como consecuencia que, con una votación similar a la de 2021, MORENA aseguraría el 75% de los puestos de representación popular. Un paso más a la autocracia.

La defensa de la democracia pasa por la defensa del INE y de los sistemas que garanticen la representación proporcional, de otra forma el fascismo incipiente de la 4T se fortalecería.

bullidero.blogspot.com   facebook jemartinj   twitter @jemartinj

¡Participa con tu opinión!