Tras unas semanas de ausencia y reflexión, el porvenir del Partido Revolucionario Institucional se convierte en el tema obligado y sin que la nostalgia afecte la objetividad de la pluma me permitiré compartir con ustedes algunas de las principales líneas de reflexión que considero deben de ser puestas a consideración sobre el porvenir del histórico Partido Revolucionario Institucional.

El pasado 7 de julio, el Partido Revolucionario Institucional celebró su Vigésima Cuarta Asamblea Nacional Ordinaria, en la que desde mi punto de vista, se debió de haber realizado una reflexión postelectoral y no una muestra de imposición. Como punto principal de la Asamblea, el presidente del Comité Ejecutivo Nacional, Alejandro Moreno puso a consideración y logró la aprobación de una controversial reforma al artículo 178 de los Estatutos del Partido; en la que la reelección sea permitida para las personas titulares de la Presidencia y de la Secretaría General del CEN y de los Comités Estatales, que durarán en sus funciones cuatro años y podrán ser electas hasta por tres periodos consecutivos.

Bajo esta óptica, el PRI se aleja de su propio nombre y quizá en su más profundo pensamiento ideológico, de su base socialdemócrata que obedecía al principio revolucionario mexicano de: “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Lo anterior, únicamente puso en evidencia el autoritarismo que se apropió de uno de los partidos políticos más emblemáticos del país y que omitió un ejercicio serio de reflexión postelectoral en el que había quedado más que demostrado el hecho de que la ciudadanía está harta de la manera en la que la política mexicana se ha manejado durante los últimos años.

Tristemente, de manera difícil me atrevo a imaginar que dicho partido llegue en plenitud de militantes y/o representantes populares, al centenario de su fundación primigenia que en 1929 surgió bajo las siglas del PNR. El Partido Revolucionario Institucional requería una autentica modernización en la que quizá la única opción que le hubiera permitido plantearse como alternativa política vigente, es que se le hubiera entregado el partido a los cuadros jóvenes que dejarían atrás una tradición de cacicazgos.

Se decía hace algunos años, que el PRI tenía la oportunidad de cambiar de nombre, de logotipo y resurgir como alternativa política; sin embargo, bajo un clima de nula reflexión y bajo el mando de este tipo de personas como Alejandro Moreno y quienes ocupan la cúpula de dicho partido, difícilmente esto va a suceder, aún y cuando hipotéticamente pretendiera “cambiarse la marca”.

La oposición mexicana se encuentra en una autentica crisis en la que no existen liderazgos, ya que los dirigentes de los partidos políticos han decido mirar por su bienestar personal y poco piensan en lo que significa comportarse como una oposición responsable. Hoy, México requiere legisladores, gobernadores, alcaldes, regidores, síndicos y funcionarios que estén dispuestos a comprender que el bienestar del país es muchísimo más importante que el bienestar personal. La política mexicana ha perdido identidad y quizá pronto sea muy tarde para intentar cambiar el rumbo.

Dejo el tema sobre el tintero, no sin antes agradecer el favor de su lectura y les deseo un muy feliz fin de semana.

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