A finales de la semana pasada, el titular del Ejecutivo, envió a San Lázaro, con carácter de estudio prioritario y, en su caso, de aprobación inmediata, un decreto mediante el cual da a conocer su plan de austeridad republicana para enfrentar las adversidades derivadas de la problemática en la cual nos encontramos inmersos.
Indaguemos y reflexionemos un poco sobre las alternativas propuestas por el presidente, así como los impactos positivos, en caso que existan, de las mismas en nuestra maltrecha economía.
Primeramente se efectuará una reducción voluntaria del 25 por ciento de los salarios de los servidores públicos, con rango de subdirector par arriba, al igual que la cancelación de las prestaciones de fin de año, entre ellas el aguinaldo. ¿No será un balazo en el pie? Recordemos que el gasto de los funcionarios también pudiera representar un impulso para la maltrecha demanda del país. Sería interesante buscar un esquema de adquisición de bienes, en donde se obligue al funcionario a gastar ese 25 por ciento, para alentar a segmentos estratégicos. ¿No sería más fructífero?
En segundo lugar, no se ejercerá el 75 por ciento del presupuesto de los servicios materiales y suministros. En base a las cifras del presupuesto para este año, estamos hablando que no se gastaran alrededor de 500 mil millones de pesos. En la línea con la reflexión anterior. El gobierno no entiende la necesidad de acrecentar el consumo; esta idea contrae su necesario gasto. Además de esto: ¿En que lo van a gastar estas economías? Por su puesto no lo mencionaron. Y, por último: ¿No se pone en riesgo la operatividad del gobierno?
Tercer punto: se cerrarán la mitad de las oficinas, menos las que atienden directo al público. Con esto, se logrará un ahorro en rentas y consumo de luz, agua, etc. ¿Es en serio? Sin comentarios.
Por último, se suspende el gasto del gobierno con excepción de sus llamados programas prioritarios, así como sus erróneas obras de infraestructura. La necedad del presidente de México, no tiene precedentes.
Que no se malinterprete el contenido. Sin lugar a dudas se considera como una buena medida que sea el mismo gobierno quien se apriete el cinturón ante una crisis económica, sea cual sea; sin embargo, que esta sea la única propuesta para mitigar la parálisis económica que se vive, es donde descansa la errónea percepción.
De igual forma, el financiamiento de 25 mil pesos a empresas o personas físicas que tengan de uno a cinco trabajadores, también ayuda a reactivar la demanda, pero no es una medida que impulse a la enorme economía nacional (por la cantidad otorgada).
Por una parte, vemos, como no se recuerda a ver visto a otro, a un gobierno preocupado por las micro y pequeñas empresas, aunado a una fuerte austeridad republicana. Se reconoce. Sin embargo, como seguramente ya se le ha dicho al presidente, no es la única vía que debe tomarse para afrontar la adversa situación.
Es indispensable poder apoyar a las medianas y grandes empresas de este país. Ese conjunto de empresas representa una considerable fuente de empleos para los mexicanos, así como un revulsivo para la economía. Aunque parezca sumamente repetitivo, dejemos a un lado resentimientos y trabajemos de la mano para lograr salir juntos de esta coyuntura. ¿Qué mexicano no piensa así en estos momentos? ¿Realmente existirá un mexicano empeñado en dañar a su propio país? Resultaría muy complicado pensarlo.
Contrario a esto, la Iniciativa Privada busca ayudar a toda costa al país. Recién celebraron un acuerdo entre el BID Invest y el Consejo Mexicano de Negocios. Mediante el cual, se busca establecer una línea de crédito revolvente por doce mil millones de dólares a 90 días para proveedores de micro, pequeñas y medianas empresas. Algo así como un factoraje invertido. Inyección de capital al corto plazo, justo lo que se necesita.
Sin duda recibiría con gran jubilo el gobierno federal esta noticia. Pues no fue así. Lo primero que se menciona, sin tener un claro consentimiento del tema, es un total rechazo del acuerdo. Horas después, cuando seguramente le informan el procedimiento del mismo, da, a medias, su visto bueno al mismo. ¿Tendrá límite el aborrecimiento que le tiene Andrés Manuel a la IP? Pareciera que no.
El presidente de la república se maneja de esta forma y no cambiará. Los mercados deben comprender y medir el impacto sus palabras en sus horrorosas conferencias matutinas; algo parecido pasó en su momento con el mandatario de Estados Unidos. Somos una verdadera vergüenza internacional.

OVERTIME

Sin lugar a dudas, estos tiempos nos han ayudado a reflexionar sobre una infinidad de cuestiones. Sin importar la ideología que se tenga, la afiliación política con la que se cuenta o el simple gusto a un determinado partido político o ciudadano independiente; estoy convencido que nadie quiere a un líder que divida, juzgue o critique. Aprendamos de nuestros errores del pasado; es la única forma de esperar un porvenir sobresaliente.

@GmrMunoz