Ricardo Vargas

Esta semana fue de mucha actividad dentro del calendario económico de nuestro país, pues se dieron a conocer los resultados de varios indicadores económicos relevantes para al toma de decisiones en el sector público y privado, así como lo son para la construcción de un panorama económico general. Luego de que la semana pasada se anunciara la estimación oportuna que realiza INEGI sobre el Producto Interno Bruto trimestral (en este caso para el segundo trimestre del año), comenté en este mismo espacio que lo peor ya había sido. Es decir que el peor descalabro de la economía en la historia moderna de nuestro país había comenzado a desvanecerse a la mitad del mes de junio. De manera intuitiva, esto lo podemos entender en un primer momento como una respuesta natural al cese de la cuarentena inducida por nuestro Gobierno Federal o lo que llamaron “Jornada de Sana Distancia”.

Sin mencionar el tema de la crisis sanitaria y la todavía creciente ola de contagios de COVID en nuestro país, el simple hecho de finalizar la cuarentena y reanudar actividades en ciertos sectores económicos debiera de incrementar el movimiento en variables como consumo e inversión, que a su vez se traduce en actividad económica. Pues esta semana conocimos información de indicadores sobre niveles de consumo, de inversión, de empleo y de expectativas empresariales. Si bien no hubo aumento en todas, se pudo observar un comportamiento positivo pues se desaceleraron las caídas y en algunos casos se observó ya un rebote o cambio de tendencia. Por el lado de expectativas del sector privado, el Indicador de Confianza Empresarial para julio cayó de forma importante en sus tres componentes, pero al compararlo contra el mismo mes del año anterior, mostró un avance en cifras desestacionalizadas comparado contra el mes inmediato anterior de junio (Manufacturas +0.4%, Construcción +4.3% y Comercio 3.5%).

Dentro del Indicador de Pedidos Manufactureros para julio el comportamiento fue similar. Se observaron todavía caídas anualizadas al comparar contra el mismo mes del año anterior, pero en comparación mensual el resultado fue positivo pues aumentó 0.57 puntos porcentuales. Sin embargo, el indicador hiló el sexto mes consecutivo por debajo de los 50 puntos, como consecuencia natural de una menor demanda internacional de bienes y servicios (de los que surge el sector manufacturero en nuestro país). Y probablemente esta variable siga enfrentando fuertes presiones a la baja, dada la falta de dinamismo en la demanda agregada internacional.

En cuanto al mercado laboral, de acuerdo con INEGI en el mes de junio se observó el regreso de 5.7 millones de personas a la población económicamente activa; 4.8 millones regresaron como ocupadas y menos de 1 millón como desocupadas. Esto trajo un incremento en la tasa de desocupación, pasando de 4.2% en mayo a 5.5% en junio, sin embargo no representa una noticia negativa sino positiva puesto que este millón de personas han pasado a buscar empleo (regresar a estar activos económicamente), lo que sugiere una reactivación paulatina de la economía.

Habrá que generar una mancuerna positiva y fuerte entre sector público y privado, de forma que se recuperen a la brevedad los empleos perdidos en el último trimestre y se impulsen nuevamente el consumo y la inversión.

 

Para llevar…

Se ha hablado mucho en semanas recientes sobre la deuda pública de México, y sobre si ha aumentado o se ha mantenido constante (entendiendo que el escenario de que haya disminuido no está ni siquiera en la mesa). La realidad es que la deuda pública sí ha aumentado en los útimos dos años. Si bien veníamos de un problema fuerte de crecimiento en la deuda durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, la realidad es que aún con una supuesta austeridad republicana la deuda pública de México ha crecido. Podremos decir que a consecuencia de un menor PIB, ya que la deuda se mide tradicionalmente como una proporción del Producto Interno Bruto (para que sea medible a través del tiempo y comparable entre países), la deuda pública es mayor relativamente. Esto es totalmente cierto, pues aún si se mantuviera constante en términos nominales, con un menor PIB esta deuda sería mayor en términos reales. Sin embargo, el problema es que aún en términos nominales la deuda pública creció un 12% entre el último trimestre de 2018 y el primer trimestre de 2020. Si a esto le agregamos una contracción importante en el PIB tenemos le resultado real; un aumento de más de 3 puntos porcentuales de la deuda pública como proporción del PIB que nos pone prácticamente sobre el 50%. Es ya de poner atención.

 

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx    @1ricardovargas