Por J. Jesús López García

La piedra es un elemento ancestral en su uso en materia constructiva, situación perfectamente compatible con los millones de años que tardó en formarse ese componente. Su utilización parecía perpetuar la idea de eternidad en las edificaciones humanas por sus características de durabilidad, belleza e incluso poesía del material y su reciclaje ha sido una práctica constante en la historia de la arquitectura. Mucho del Coliseo romano fue desprendido del edificio para luego ser usado en el levantamiento de la ciudad medieval y luego en la renacentista, de ahí su apariencia “desmontada”.

A veces la piedra ya labrada era reutilizada para otros fines completamente diferentes, como los grandes obeliscos egipcios que los romanos hurtaron y llevándolos a Roma los emplearon como ornamento de la “spina”, la columna vertebral que estructuraba el espacio de los circos como pistas para las carreras de carruajes; más tarde esas grandes estelas votivas se volvieron a usar para marcar como hitos, la ubicación de plazas importantes de la ciudad, como la llamada “Piazza Navona” que aún conserva la forma alongada en planta de lo que fue el Estadio de Domiciano y su obelisco ahora haciendo juego con la fuente de los Cuatro Ríos de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) sirve como articulador de un conjunto de edificaciones renacentistas y barrocas, o como el monolito que está al centro de la Plaza de San Pedro, enmarcado por la columnata de planta elíptica también que diseñó y construyó el mismo Bernini, tal vez como eco de ese viejo circo romano transformado así mismo en plaza.

Pero no solamente la piedra es un material de reúso en la construcción, en la arquitectura y en el arte; los bronces que adornaban el pórtico del Panteón de Agripa fueron desprendidos de su lugar por órdenes del Papa Urbano VIII para que Berninilos fundiera y luego construyese el gran baldaquino de la Basílica de San Pedro con sus características columnas salomónicas.

Estos episodios del reciclaje de los materiales en la arquitectura por supuesto no solamente pueden endosarse al pasado obviamente, pues es nuestra época un episodio de construcción frenético y el reciclaje no solamente se puede atribuir a fines prácticos, políticos, ideológicos o estéticos, sino que ahora la emergencia ambiental obliga a realizar esas mismas acciones con aquellos materiales ya transformados que pueden tener más vida útil más allá de su uso original. Los grandes barcos herrumbrosos son hundidos de manera estratégica para recuperar o formar bancos de coral, por ejemplo.

Pero hay maneras aún más inventivas para reciclar materiales que ya industrializados prometen ser objetos destinados a ocupar espacio indiscriminadamente y servir a los efectos de la contaminación y la arquitectura puede servir a esos fines. Los grandes contenedores que se utilizan en el comercio internacional tienen una vida útil que puede prolongarse aún más en condiciones de uso menos rudo, por ello sus características mecánicas les hacen susceptibles de ser reciclados como módulos habitables. Por supuesto hay que acondicionarlos en sus características térmicas y preferentemente de manera pasiva para no generar más contaminación, pero ello comienza a experimentarse de diversas maneras. En la colonia Curtidores en el Paseo del Río existe una propuesta arquitectónica muy cerca del acceso sur del Panteón de la Asunción, donde se aprecia no solamente un apilamiento sino que ya comienza a percibirse lo que está diseñado como una estructura de objetos ya industrializados en una composición que produce ámbitos diversos. Ya en su construcción el conjunto se manifiesta interesante, pronto veremos su desenlace, que de alguna manera es el aviso del reciclaje lo que ya está tocando a la puerta de una nueva arquitectura.