Con datos al cierre de septiembre del año en curso, la Unidad Especializada en Materia de Voluntad Anticipada del ISSEA reporta que en los primeros nueve meses del año en curso sólo hubo 23 solicitudes de renuncia a la obstinación terapéutica, a continuar con vida artificial: 17 personas firmaron el formato oficial del Instituto de Salud y seis lo hicieron ante notario público. En 12 años se han acumulado 274 DVA.
En el 2019, se hicieron 35 solicitudes; en el 2018, 38; en el 2017, 60; en el 2016, 35; en el 2015, 34; en el 2014, 36; en el 2013, 8; en el 2012, 1; en el 2011, 2; en el 2010, 1; en el 2009, 1.
De los 274 casos citados, 219 lo hicieron con formato oficial y los 55 restantes ante notario, lo que significa un promedio anual de 23 personas renuentes a la intubación ante alguna eventualidad.
El responsable del área, Dr. Carlos Alberto Cortés Vélez, precisó que hay dos vías para tramitar el Documento de Voluntad Anticipada (DVA), ante notario público o ante el personal de salud; los hospitales, cuentan con el formato que habrá de firmar el paciente en etapa terminal o algún familiar sabedor del deseo del paciente.
Desde abril del 2009 entró en vigor la Ley de Voluntad Anticipada para el estado de Aguascalientes, en la que se precisa que el DVA puede solicitarlo cualquier persona en pleno uso de sus facultades mentales, que padezca una enfermedad avanzada, progresiva, degenerativa, incurable, irreversible y mortal.
La persona puede rechazar un determinado tratamiento médico, que propicie la obstinación terapéutica, entendida ésta como utilización innecesaria de los medios, instrumentos y métodos médicos, para mantener vivo a un enfermo en etapa terminal.
El documento debe registrase en la citada Unidad Especializada, para los efectos a que haya lugar, y únicamente podrá ser revocado por el signatario del mismo en cualquier momento.
El reducido número de casos obedece al desconocimiento de la Ley de Voluntad Anticipada y las bondades que trae consigo, aunque hay quienes se resisten a la voluntad de sus familiares; y otros aceptan que pasen los últimos días en casa, rodeados de sus familiares, con la atención necesaria para mitigarles el dolor.
En este programa participan médicos, psicólogos, enfermeros y trabajadores sociales, especialistas en cuidados paliativos.
Todos tenemos derecho a una muerte digna, a una agonía no prolongada, a la asistencia mínima necesaria, a no sufrir.