Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En los últimos veinte meses han sucedido muchas cosas en el ámbito educativo, por lo que es necesario hacer un alto en el camino para reflexionar, entre otras cuestiones, sobre la pandemia y los efectos que ésta ha tenido en el proceso educacional, el confinamiento por el temor a contagiarse de coronavirus, el rezago en el aprendizaje por el estudio inédito a distancia, el avance logrado (hasta la fecha) en la recuperación de la deficiencia académica detectada y los retos, a la vista, para mejorar la educación básica.

Las maestras y los maestros de educación básica han estado tratando de superar lo anterior, desde el inicio de este ciclo escolar 2021 – 2022: dialogan con los alumnos, de manera especial con los que más necesitan el apoyo emocional positivo para sobreponerse del dolor por la pérdida de algún ser querido y platican con todos para vencer el miedo, la angustia y la incertidumbre que provocan el COVID-19 y sus variantes. En el diario quehacer, aseguran que se observen los protocolos recomendados e intentan crear una cultura (permanente) de higiene porque la pandemia no ha terminado, toda vez que los contagios y la mortandad continúan, independientemente del color del semáforo epidemiológico. También al reiniciase las clases presenciales, las maestras y los maestros se dieron a la tarea, primero, de identificar los aprendizajes fundamentales que los alumnos deberían dominar como resultado de los estudios a distancia y, después, realizar un diagnóstico (mediante exámenes) para constatar el grado de dominio de esos aprendizajes y el nivel de rezago de los mismos. Una vez conociendo el tamaño del rezago, cada docente formuló su plan de trabajo con miras de regularizar a los alumnos entre septiembre y parte de noviembre del año en curso. La semana pasada, todos los docentes ya evaluaron el proceso de regularización de los alumnos; en este momento ya tienen los resultados y los avances logrados y también los rezagos que aún quedan por atender.

Del universo de educandos que conforman la educación básica, hay cerca de cuatro mil que no se evaluaron por diversas causas: unos, porque sus padres determinaron que no asistieran a la escuela, por temor al contagio de COVID-19, los cuales están pendientes de ser evaluados hasta que entreguen los trabajos que han estado realizando en sus casas; otros, porque faltan frecuentemente a clase; y otros más, porque de plano no se comunican ni se han presentado a la escuela. En todos los casos, pero fundamentalmente en estos últimos es absolutamente necesaria la intervención de los padres de familia para resolver la situación de sus hijos.

A partir de estos días inicia, de hecho, el desarrollo de los contenidos programáticos del ciclo escolar 2021 – 2022; éstos tendrán que ser ajustados, para su aprendizaje fundamental, entre los últimos días de noviembre, de este año, a julio de 2022. Además, tendrán que tomarse en cuenta los aprendizajes que aún siguen en el rezago, con el objeto de integrarlos en un todo de conocimientos que debe dominar un alumno de educación básica. Son desafíos que los maestros están acostumbrados a enfrentarlos con gallardía y esmero; por lo que no se duda de su capacidad y, máxime, si cuentan con el apoyo de los padres de familia y de las autoridades.

Tampoco ignoran los docentes que la pandemia está latente y que es necesario continuar cuidándose y cuidar a los alumnos; las medidas de higiene ya son permanentes; por lo que también sería de mucho apoyo que las autoridades, en forma constante, proporcionaran los insumos indispensables para el aseo e higiene de las escuelas. Y en este contexto, los aprendizajes de los alumnos seguirán siendo la parte medular del proceso educacional. Todo sea por el bien de los niños, adolescentes y jóvenes de Aguascalientes.