Guillermo Leal
Agencia Reforma

CDMX. – Después de tres años de ausencia de los ruedos, el maestro valenciano Enrique Ponce, uno de los toreros más artistas y queridos en México, regresó ayer a torear, vistiendo de lila y oro, en medio de una gran expectación en el coliseo francés de Nimes, donde cortó una oreja.
«Hubo un gran ambiente y aunque su primero (de Juan Pedro Domecq) no fue bueno, en el segundo demostró por qué volvió.
«Su técnica, solvencia y sabiduría, además de esos destellos artísticos que le caracterizan emocionaron al público que, tras una gran estocada, aplaudieron el que lo premiaran con una oreja», contó, vía telefónica, el ganadero y empresario taurino mexicano José Mario Arroyo Roa, quien ayer presenció en Francia la vuelta a los ruedos, y el inicio de su campaña del adiós definitivo de Ponce, quien fue cariñosamente recibido por el público en una tarde donde confirmó la alternativa de David Galván, quien también consiguió un apéndice, y Alejandro Talavante que, cortando dos orejas, salió en hombros.