España vive un momento histórico; su Rey, el Rey Juan Carlos I de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (heredero de la casa francesa de los Borbón y nacido en Roma), se sumó a la actual moda irremediable y sensata de las renuncias, abdicaciones, tiradas de toalla o como las guste nombrar, que están teniendo actores políticos a lo largo del planeta, tal es el caso del Papa Benedicto XVI (ya conocido como el jubilado más raro del planeta) o de nuestro guerrillero egresado de la UNAM, el Sub comandante Marcos, perdón, Galeano.

En respuesta a su decisión, el pasado 2 de junio miles de españoles salieron a las calles a pedir la realización de un referéndum sobre el mantener a la monarquía como su forma de estado, es decir, acerca de la pertinencia de tener que hacer reverencias a una persona a estas alturas del partido; aunque no prosperó su iniciativa, -más adelante veremos porqué- el tema es por demás interesante.

Nadie puede defender en pleno 2014 la legitimidad de los postulados elementales de una monarquía, un poder que no emana de la soberanía del pueblo es simplemente un poder sin legitimidad, además, los absurdos razonamientos de la existencia de gente de primera y gente de segunda, es decir, diferenciar a la gente de la realeza de la gente del pueblo, es simple y sencillamente una estupidez discriminatoria y anacrónica.

Es claro que España no tiene un poder unipersonal al más puro estilo de las monarquías absolutistas de siglos pasados, ellos, luego del fracaso de la republica sobre la cual se formó la terrible dictadura militar de Franco, optaron por erigir a Juan Carlos I como su Rey y con ello mantener todo ese simbolismo nacionalista que ello representa, pero además, agregaron como forma de gobierno al parlamentarismo.

Lo que son las cosas, en la actualidad, no solo la monarquía parlamentaria española sino muchas más como la sueca, la noruega o la danesa, gozan de democracias mucho más avanzadas que muchas naciones que tenemos como forma de estado la republicana. (Si no me cree pregúntele a los cubanos o a los coreanos acerca de sus “republicas populares democráticas”).

Solo para contextualizar, como formas de estado; al menos en occidente, tenemos dos, república y monarquía, en la primera, el poder emana del pueblo, en la segunda “quesque” de Dios, pero ahí no acaba la cosa, a lo anterior debemos de agregar la segunda clasificación: las formas de gobierno; y aquí encontramos otras dos, la presidencial y la parlamentaria, en la primera existe una clara división de poderes, el ejecutivo ejerce la administración pública y el jefe de estado es el jefe de gobierno; por su parte, en la parlamentaria, los poderes viven en una constante sinergia, el parlamento nombra a los servidores públicos de primer nivel y toma decisiones administrativas, en este caso, el jefe de estado es uno y el jefe de gobierno es otro. (Sobre cuál es la mejor opción, los análisis apuntan a una mezcla perfecta que sería el llamado parlamentarismo presidencial, donde cohabitan un jefe de estado y un jefe de gobierno ambos con funciones políticas fundamentales)

Lo cierto es que el tener una monarquía parlamentaria democrática es algo así como montar un sistema de casa inteligente dentro de un casco viejo, aún y funcionado las innovaciones, estarán instaladas en paredes cuarteadas y sobre decoraciones anticuadas.

Pero bueno, si a los gachupines no les apura, pues tampoco a nosotros, y lo digo no con ganas de denostar, sino porque existen temas más importantes para ellos; según un sondeo practicado por el Centro de Investigaciones Sociales del gobierno español, el 80% se preocupa por el desempleo, el 20% por la corrupción y por la vigencia de la monarquía apenas el .2%.

A nuestros hermanos ibéricos les queda claro que con Rey o sin Rey, deben encontrar de inmediato la solución a sus serios problemas por los que atraviesan como el bipartidismo incompetente, el desempleo lacerante, o el independentismo entorpecedor.

Esperemos retomen el rumbo lo más pronto posible, mientras tanto se debe reconocer la labor del abdicado Rey Juan Carlos I, 40 años de diplomacia internacional vaya que no es cualquier cosa, gracias a él muchos acuerdos comerciales y políticos de corte internacional lograron su realización.

Se va un hombre dedicado a su país con una chispa inigualable; para muestra un botón: después del famoso ¿Por qué no te callas? que le propinó al canalla de Hugo Chávez, el Rey se lo llevó a comer a Mallorca y ya de despedida le regaló como recuerdo de su visita fraternal un camiseta con su imagen y con la frase célebre, explicándole de pilón, que la misma se la había regalado Bush. ¡Olé!

@licpepemacias