Daniel de la Fuente 
Agencia Reforma

Monterrey, México.- Ray Bradbury habría estado contento con el lanzamiento el pasado 30 de julio hacia Marte del Perseverance, vehículo no tripulado enviado por la NASA al Planeta Rojo para estudiar su geología.

En el 2009 en una videoconferencia organizada por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el escritor expresó su malestar ante los escasos hitos que a su consideración se habían dado en la carrera espacial de las últimas décadas.

“Me preocupa que no estemos en Marte”, dijo. “Debimos haberlo colonizado, tener estaciones en la Luna desde hace 40 años. Tenemos que hacer una base para hacer los viajes a Marte, establecer la civilización en Marte y, de ahí, a Alfa Centauro”.

Casi medio siglo antes, en 1950, Bradbury ya había llegado al Planeta rojo con Crónicas marcianas, uno de los libros de relatos más importantes de la historia de la literatura universal y que llevó a Jorge Luis Borges a escribir en su célebre prólogo al libro: “¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad?”.

Hoy que se cumple un siglo del natalicio de Bradbury, la pregunta sigue viva.


Cuando tenía 7 u 8 años, escribió Bradbury en un relato autobiográfico publicado en The New Yorker un mes antes de morir el 5 de junio del 2012, comenzó a leer las revistas de ciencia ficción que traían los invitados a la pensión de sus abuelos, en Waukegan, Illinois: “Aquellos fueron los años en que Hugo Gernsback publicaba ‘Amazing Stories’, con pinturas vívidas y terriblemente imaginativas en portada que alimentaban mi hambrienta imaginación.

“Poco después, la bestia creativa en mí creció cuando apareció ‘Buck Rogers’, en 1928, y creo que me volví un poco loco ese otoño. Es la única forma de describir la intensidad con la que devoré las historias. Rara vez tienes esas fiebres más adelante en la vida que llenen todo el día de emoción”.

Influido por las lecturas, contó, corría de un lado histérico temiendo que su vida terminara ante el influjo de alguna fuerza desconocida, sin embargo, fueron las historietas de Harold Foster basadas en Tarzán, de Edgar Rice Burroughs, y John Carter of Mars las que determinaron en 1931 su mirada hacia la elaboración de aventuras.

“Crónicas Marcianas nunca habría sucedido si Burroughs no hubiera tenido un impacto en mi vida en ese momento”, dijo.

Agregó: “Memoricé todo ‘John Carter’ y ‘Tarzán’ y me sentaba en el jardín de mis abuelos repitiendo las historias a cualquiera que se sentara a escuchar.

“Salía al césped en las noches de verano y me acercaba a la luz roja de Marte y decía: “¡Llévame a casa!”.

Regreso a casa es el nombre del cuento que fue su primer éxito, en 1947. Narra la historia de un niño que se siente fuera de lugar por carecer de poderes en una reunión de brujas, vampiros y hombres lobo. El relato fue publicado en la revista Mademoiselle por su editor: nada menos que Truman Capote.

El cuento fue incluido en su primer libro Dark carnival, de 1947.


Se suele pensar que Bradbury, como un especie de Juan Rulfo, alcanzó la celebridad con apenas dos libros: los relatos Crónicas marcianas y la novela Fahrenheit 451, pero el estadounidense es autor de una bibliografía robusta.

De hecho, la serie de melancólicas y perturbadoras historias sobre viajes al Planeta Rojo es su segundo título, de 1950.

Tres años después de Crónicas marcianas llegó su primera novela: Fahrenheit 451, título que alude a la temperatura a la que arde el papel, y que narra un futuro cada vez menos distópico en torno a un bombero que, harto de incendiar libros por órdenes del gobierno, se suma a rebeldes que lo memorizan todo para compartirlo y no olvidar. La historia, comparada con la también célebre 1984, de George Orwell, fue llevada al cine por FrançoisTruffaut en 1966.

Bradbury escribió para cine y televisión. Son célebres su versión para cine de Moby Dick, sus libretos para la serie de televisión “Alfred Hitchcock Presenta”.

El autor recibió el 2000 con secuelas por un derrame que sufrió en 1999, lo que no le impidió escribir. Otros de sus libros son La feria de las tinieblas, El hombre ilustrado, Las doradas manzanas al sol, El vino del estío y El verano de la despedida.

En aquella intervención del 2009 en la FIL de Guadalajara, Bradbury, cuyo nombre fue dado a un asteroide, aseguró que la única manera de alcanzar la inmortalidad era en el espacio. “El hombre del futuro es un viajero espacial”, afirmó.

“Sólo viviremos eternamente cuando nos reguemos por el universo, por toda la raza humana hay que volver a la Luna y luego a Marte. Tenemos que hacerlo”.

Él lo logró primero. Dice en el relato La tercera expedición, situado en el 2000 y publicado 50 años antes en Crónicas marcianas: “La nave vino del espacio. Vino de las estrellas, y las velocidades negras, y los movimientos brillantes, y los silenciosos abismos del espacio”.

Además de llegar primero a Marte, Bradbury logró con su obra la más grande trascendencia: la inmortalidad literaria.