Por J. Jesús López García

Existen en los edificios ciertos rasgos acordes a diferentes épocas; características que pueden irse acomodando a través de los años en la forma de la arquitectura y que transformándose o permaneciendo en estado puro, van delineando a lo que consideramos “estilos”. Incluso aún cuando no se defina un estilo a través de esos rasgos formales, tipológicos, materiales o constructivos, puede establecerse un “aire” de algún tiempo definido.
Algunos atributos son muy determinantes como el sobrio capitel dórico llamado así en acuerdo a los dorios, pueblo de Europa del Este que partió de los Balcanes para dominar la península griega, o el estilizado capitel jónico que hace referencia a los jonios del Este -en lo que fue Troya- y que se consideraban más refinados o bien, el aún más decorativo corintio, alusivo a un pueblo enmarcado en el borde oriental de la Antigua Hélade. El dórico, el jónico y el corintio son la base de los “ordenes” clásicos de la arquitectura grecolatina y que llegaron con sus variaciones hasta bien entrado el siglo XX siendo usados de acuerdo a la disposición que Sebastiano Serlio (1475-1554) ideó durante el Renacimiento.
Otro rasgo característico de época fue el uso alternado de sillería de piedra alternada en su color durante el periodo Románico de la arquitectura en la Alta Edad Media -entre los siglos XI, XII y parte del XIII- o el del arco apuntado u ojival característico del gótico y que derivó más de una innovación técnica constructiva de los siglos XII y XIII que de un gusto decorativo, y que resurgió en el neogótico durante el siglo XIX como una reacción ecléctica a la racionalidad neoclásica y a las entonces nuevas maneras de construir surgidas con la Revolución Industrial.
Todo lo mencionado fueron rasgos de época cuya potencia técnica, intelectual y artística que definieron estilos e imágenes de culturas y episodios históricos completos, pero a la par de ello, los rasgos de época pueden concentrarse en un sitio y en un momento determinados, sea por una manera particular de construir, por un gusto popular bien definido, por la existencia de algún material, entre otros.
De esta manera podemos apreciar en la ciudad de Aguascalientes los nichos en las casas particulares de los años 40 a 50, incluso algunas en los 60, en inmuebles adscritos a diferentes codificaciones arquitectónicas, desde el colonial californiano donde se aprecia como algo más natural por su utilización de elementos barrocos, hasta en casas en que las tendencias del Movimiento Moderno son patentes.
Lo anterior da testimonio de una religiosidad patente en el ánimo popular, pues los nichos estaban preparados para recibir una imagen de la devoción católica, coincidente ello con el término de la Cristiada y la llegada a nuestra ciudad de muchos vecinos de los Altos de Jalisco. El uso de piedra negra en pequeñas lajas sobre muros es característico de las casas de los años 60 y esto incluso está relacionado a algunos profesionales específicos como el arquitecto Ramón Ortíz Bernadac.
También podemos observar diferentes tipos de teja que pueden enmarcarse en años más o menos ubicuos: de color verde oscuro o y en medias cañas, entre los años 40 y 50, de color anaranjado y en tono mate en los años 90.
En soluciones espaciales también se distinguen los rasgos de época: cocheras al frente como acceso principal desde los años 50, comenzando en la aparición de los fraccionamientos Primavera en 1949-1950 y Jardínes de la Asunción en 1956, de acuerdo a una lotificación que a partir de entonces, se empezó a plantear con menores dimensiones en superficie y frente; o la aparición de “salas de T.V.” en ese espacio adosado a la cocina a partir de este siglo y ubicadas como “estancia familiar” multiusos.
El caso que nos ocupa es una casa en la calle Eduardo J. Correa No. 230, realizada posiblemente entre los años 50 y 60 que muestra todavía una apañamiento al paramento de su terreno, no tiene cochera pero sí se deja un pequeño vestíbulo de acceso al remeter la puerta -sustituyendo al tradicional zaguán-: como las casas de su época tiene enmarcado con una especie de listón la ventana principal y el acceso. El uso de sillar de ladrillo en el balcón y en el enmarcamiento de vanos también es característico de esas décadas en que la modernidad empezaba a manifestarse como un gusto cada vez más extendido.
Los rasgos de época en la arquitectura no son solamente formas, son registros de una historia en desarrollo que se manifiesta en la manera en que la sociedad se aprecia a sí misma a través de lo que construye, y esto lo podemos apreciar en las múltiples fincas diseminadas en las calles que conforman el primer cuadro de la ciudad acalitana, particularmente en aquellas que se alejan de la Plaza de la Patria, baste citar la calles Privada Eduardo J. Correa, Antonio Arias Bernal y Emiliano Zapata; así como habría que recorrer las demás manzanas aledañas al Jardín de San Marcos.