R.I.P. SEAN CONNERY (1930 – 2020)

Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Desde que el cine logró dar a luz a su propia narrativa procuró, casi de inmediato, esculpir los valores fenotípicos que en su lenguaje de luz parpadeante a 24 cuadros por segundo entendía como un hombre y una mujer, para legarlos a la imaginería colectiva como un proceso de filtrado cultural donde la femineidad y la masculinidad lograran un condensado preciso con rostros y nombres específicos. En el caso de este último, no hubo uno más preciso que Thomas Sean Connery, heredero de la virilidad inmaculada que ya había cincelado en la pantalla predecesores como Kirk Douglas o Gary Cooper, pero a la que logró añadirle un carisma sardónico que potenciaba su faceta seductora, la cual logró embelesar a los mismo hombres que desde sus butacas ambicionaban emularlo y en las mujeres, un efecto casi feromónico que inevitablemente lo hicieron presa de sus fantasías. Y además, era un gran actor. Su carrera alcanzó una definición precisa mediante los personajes que interpretaba, los cuales parecían seleccionarlo a él y no a la inversa como si de forma inconsciente pretendieran retratar la evolución y metamorfosis que sufría conforme la juventud lo abandonaba. Era claro que Connery poseía los atributos necesarios para destacar desde sus primeros papeles para la Disney, la televisión o el cine de matinée, pero el enclavamiento en la cultura y memoria del cinéfilo gracias a la apropiación que le confirió Sir Ian Fleming de cierto personaje icónico de su literatura logró su consagración, para posteriormente reinventarse con éxito por obra y gracia de una espesa barba y bigote. Son estas marcadas etapas en su filmografía lo que permite apreciar su cambio de registro histriónico y considerarla en base a los personajes que primorosamente construyó para bien de su efigie y el acervo cinéfilo. Por ello, ahora que el mundo se ha visto privado de su cavernoso pero distintivo acento escocés, haré un recuento de algunas de sus más célebres y atinadas actuaciones, las cuales no solo constatan su habilidad para forjar interpretaciones insignes, sino también modelos de conducta y cultura que reflejaban su propia personalidad, cimentando por ello la idea de que él, así como los diamantes, será eterno.
JAMES BOND
Cuando Connery le dio forma y voz al mítico agente 007, no solo produjo una exégesis del personaje, sino que lo amoldó hasta sentirlo y hacerlo lucir como propio, distinguiéndolo de su contraparte literaria gracias al carácter específico del actor británico quien supo cómo refinar las propiedades seductoras, intrépidas e incluso frías de su rol para sublimarlas con un aderezo de sarcasmo, socarronería y altas dosis de erotismo a cuenta gotas para no abusar en el proceso. El resultado es el James Bond considerado hasta la fecha como concluyente e inexpugnable. Los demás han dejado huella, pero Connery fue el molde.
MARK RUTLAND
Solo Alfred Hitchcock pudo darle la oportunidad de salir de su encasillamiento como agente secreto mediante un papel psicológicamente complejo y empático en “Marnie, La Ladrona” (1964), donde Connery trata de rescatar existencial y emocionalmente a su esposa encarnada por Tippi Hedren, quien tiene la costumbre de apropiarse de lo ajeno a cualquier oportunidad. Este oscuro y cerebral drama constató lo que ya se divisaba en las cintas previas de Connery: era un gran histrión a un rol de ser tomado más en serio.
ZED / ARTHUR FRAYN
En su afán por desencasillarse, Connery recurrió a la emergente ola de la ciencia ficción metafísica e introspectiva auspiciada por el éxito del “2001” de Kubrick estelarizando la bizarra y distópica “Zardoz” (1974), curiosa obra de John Boorman ubicada en el lejano año 2239 y que ofrecía diversas reflexiones sobre la concepción, la mortalidad, el estatus de la democracia, el culto a una deidad y a Connery como el líder de un clan denominado “Los Brutales” portando un atuendo… interesante. Todo un clásico de culto.
RAISULI
En lo personal, considero que su interpretación como un guerrero otomano de principios del siglo XX (considerado en el filme como “el último bárbaro pirata”) que rapta a una norteamericana (Candice Bergen) para mantenerla cautiva en el desierto marroquí por razones personales en “El Viento y el León” (1975), es simplemente uno de sus mejores y poco valorados trabajos, al igual que de su director John Milius. Es urgente su revaloración y rescate en algún servicio de streaming para que los millenials comprendan que la faceta del actor como antihéroe renegado que maneja un discurso contestatario y un pasado misterioso no surgió años después en “La Roca”.
EL CAPITAN RAMÍREZ
Este es Connery en su máxima expresión lúdica, y no podía ser de otra forma cuando se trata de un personaje que le exige ser el mentor de un hombre que no puede morir (Christopher Lambert) a menos que sea decapitado. “Highlander, El Inmortal” es la película y ahora es todo un clásico del cine fantástico gracias en parte a la exuberante presencia de Connery.
WILLIAM VON BASKERVILLE
En 1986 participó como estelar en la adaptación al voluminoso texto homónimo de Umberto Eco dando vida a un fraile intelectual y contracultural que debe esclarecer unos extraños homicidios en una abadía de la Francia del Siglo XIV, dando como resultado uno de los puntos culminantes de su carrera en la década de los 80’s gracias a su rico y matizado papel, mostrándole al mundo un notable actor de carácter.
JIM MALONE
El rol que le otorgaría el codiciado (y único) Oscar, un veterano policía irlandés que le muestra a un imberbe Elliot Ness (Kevin Costner) cómo operar contra la mafia de Al Capone (Robert De Niro) en las peligrosas calles de Chicago en “Los Intocables” (1987). Un agasajo de filme dirigido por un Brian de Palma que aún daba un quinto por su carrera.
PROFESOR HENRY JONES
Este fue el voto de confianza dado a Connery tanto por Spielberg como por la audiencia, la cual se rindió ante la jocosa e incluso conmovedora interpretación de Connery como el padre del arqueólogo/aventurero más famoso de la historia del cine, aún si se encuentra inverosímil la supuesta línea genética entre el escocés y el muy norteamericano Harrison Ford. Pero esas son minucias, ya que la química entre ambos es innegable.
MARKO RAMIUS
En “La Caza al Octubre Rojo”, Sean Connery cubre un papel muy interesante tanto por lo que representa (la caída del imperio comunista ruso ante el Glasnost de Gorbachov) como por lo que es, un antagónico que supera en heroísmo y protagonismo al personaje principal (Alec Baldwin dando vida por primer a vez Jack Ryan, famoso personaje de la literatura moderna) al tratarse de un agudo e inteligente capitán de submarino ruso que planea una disidencia como nunca se había visto. Emocionante y realmente cautivadora, sobre todo por la exacta interpretación de Connery, quien marca el ritmo dramático de todo el filme.

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