Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

El Siglo XX incrustó en la memoria de tres generaciones los rostros de aquellos que consolidaron una mitología que sólo pudo ser narrada mediante imágenes sostenidas por la luz de un proyector, labrando historias pobladas por seres de íntima leyenda. Muchos de ellos fulguraron como estrellas, pero sólo uno brilló con peculiar luz propia capaz de atraer personajes que definen su identidad y al cine mismo: Max Von Sydow, el oscuro caballero de mirada lánguida y melancólica que con un juego de ajedrez contra la muerte misma expresó todas los posibilidades ocultas que el 7º Arte detenta como instrumento máximo para relatar historias. Su carrera, como la de cualquiera que se entrega al ingrato oficio de la actuación, tuvo puntos altos y bajos, pero cuando enclavaba su presencia en un papel digno de su dote histriónico, la cima llegaba a la estratósfera. Su nombre danza junto con los filmes que en verdad construyeron la identidad de la cinematografía en sus puntos históricos más coléricos y transformativos, legando mediante su actuación algunos de los momentos definitorios de la imagen en movimiento. A continuación, una muestra de este ceñido pero indispensable patrimonio legado por un danés de inolvidable mirada lánguida y melancólica:

“EL SÉPTIMO SELLO” (1957) – La meditación con filtro existencia sobre la muerte y la condición última del ser humano cortesía del maestro Ingmar Bergman, quien sólo pudo encontrar cauce a su guion lírico antisofista en el cuerpo de Sydow, quien proyecta mediante su delgada fisonomía la destrucción de una Europa medieval asolada por la plaga y en proceso de extravío laico entablando una batalla simbólica de ajedrez con la Parca misma, representando la colisión entre la carne y la metafísica.

“LA HORA DEL LOBO” (1968) – Lo más cercano a un filme de horror que Bergman haya dirigido, el filme cuenta con una de las mejores actuaciones de Sydow como un hombre que vive a la deriva de su tortuoso pasado al compás del estrepitoso oleaje del mar vecino a su rústica cabaña. Su torturada psique no puede ser penetrada por su esposa (la igualmente extraordinaria Liv Ullman) sino hasta que ésta aflora metafóricamente en la forma de un grupo aristocrático decadente que reflejan los demonios figurativos y reales del protagonista. Además, la cinta cuenta con uno de los clímax que aterra tanto por lo visto como por lo representado. Una joya indiscutible.

“EL EXORCISTA” (1973) – Max Von Sydow tenía tan solo 44 años al filmar este clásico, pero la brillante caracterización del maquillista Dick Smith y las facultades miméticas del actor lograron conjurar uno de los personajes clave de aquella década en la forma del Padre Merrin, detentor de la sabiduría eclesiástica necesaria para derrotar a una némesis de índole demoníaca alojada en el frágil cuerpo de una preadolescente. Una lucha espiritual no muy alejada en contexto y discurso a la entablada previamente con la Muerte misma en “El Séptimo Sello” definirían la carrera del histrión y legarían algunas de las escenas más gloriosas del pavor fílmico.

“FLASH GORDON” (1980) – Todo gran actor se merece un placer lúdico y si Sir Laurence Olivier se dio el lujo de participar en “Los Niños del Brasil” (1978) entonces Max Von Sydow puede participar de una space opera a todas luces fársica con una puesta en escena reminiscente a los seriales baratos de ciencia ficción de los 30’s pero con añadidos plásticos kitsch. Su interpretación de Ming el Despiadado, villanazo serie “B” que sueña con aniquilar nuestro planeta, es un gozo antiacadémico.

“PELLE EL CONQUISTADOR” (1987) – Su retorno triunfal a la cinematografía danesa. Esta cinta, ganadora del Oscar en la categoría de filme extranjero, matiza la veterana presencia de Sydow en la pantalla grande como un verdadero alquimista de emociones interpretando a un hombre que lucha por darle una vida a su hijo en la Dinamarca de principios del siglo XX. El drama no brota necesariamente del argumento, sino del potente pathos que destila el actor a través de su muy bien trazado personaje.

“EL LLANTO DE LA MARIPOSA” (2007) – Toda la sapiencia actoral acumulada en décadas de experiencia se ven reflejadas en las disminuidas pero vigorosas participaciones secundarias o terciarias que Max Von Sydow tomaría en este nuevo siglo, propinando de relevancia e incluso importancia a sus papeles mediante aportes histriónicos y narrativos que añaden capas a la historia, destacando su rol en esta coproducción franco-norteamericana, un sublime relato sobre la independencia y la soledad que encuentra en Sydow el punto nodal adecuado para sintetizar el nivel emocional de la historia interpretando al padre del protagonista, un hombre paralizado.

Una lista corta pero concisa para honrar la memoria de uno de los grandes actores de cualquier nación y tiempo. Descanse en paz, Max Von Sydow.