Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“Se acabó la función,
no estén chin#&*?o.
El que me vio, me vio.
No queda nada.”

Éste es el epitafio creado por el mismo actor Héctor Hermilo Bonilla Rebentun, simplificado e inmortalizado en pantalla simplemente como Héctor Bonilla, cuyo nivel interpretativo y sencillo carácter se refleja en dicho texto, breve pero conciso, como si conscientemente reflejara el cuerpo de un trabajo cinematográfico que en momentos buscaba provocar, en otros proponer y siempre con la fija meta de entregarse a un público caprichoso y mutable que igual jamás falló en su recíproca entrega al actor que contribuyó a la definición autoral y propositiva del cine mexicano en su momento de kafkiana metamorfosis y también a la consolidación de su presencia como galán de la pantalla de amplias tablas histriónicas en múltiples telenovelas o cintas escapistas sin que ello diluyera su talento, uno aprovechado con creces por grandes directores que sabían lo que el actor podía y debía dar cuando era necesario.
La dividida barbilla del desaparecido histrión, su rasgo físico más distintivo, contribuyó tal vez a que muchos lo percibieran tan sólo como otro rostro colocado frente a la audiencia para arrancar suspiros femeninos (cosa que lograba de igual forma), pero, conforme a su elección de personajes, trascendió su estatus viril para considerarlo uno de los mejores actores nacionales en la etapa transformista de nuestro cine a lo largo de los 70’s y 80’s, el nombre de Héctor Bonilla logró la coherente asociación con calidad fílmica y varias son las cintas que amparan esta percepción. Éstos son tan sólo algunos ejemplos de la gran capacidad que tenía este poblano avecindado en el mundo gracias al 7º. Arte, por convidarnos de su intensidad dramática o cómica, pues ahora que nos deja, vemos con mayor claridad que dominaba a placer determinar nuestras emociones haciéndonos llorar o reír a su antojo. Como todo gran actor puede y debe hacerlo.
“EL CAMBIO” (1975) – Uno de los primeros relatos sobre alegoría sociológica en los que participó el actor. Una historia donde un fotógrafo (Bonilla) y un pintor (Sergio Jiménez) emigran de la gran ciudad a una costa con sus aguas contaminadas. Su indignación en contra de un ingeniero a quien responsabilizan de tal ensuciamiento los conducirá a un destino que representa la condición del hombre común ante un sistema que los niega. La dirección de Alfredo Joskowicz va al grano argumental y los personajes terminan siendo más humanos que cinematográficos.
“EL CUMPLEAÑOS DEL PERRO” (1975) – Una historia con intertextualidad homoerótica sobre dos hombres que recurren al crimen para librar su condición matrimonial. El desaparecido cineasta Jaime Humberto Hermosillo teje una vez más su intrincada red antropocéntrica para retratar las carencias y discapacidades emocionales del entonces mundo moderno, sirviéndose tanto del talento de Bonilla como del veterano Jorge Martínez de Hoyos para validarlo. Hermosillo volvería a establecer mancuerna con Héctor Bonilla en su siguiente cinta, “Matinee”, otro gran ejemplo del desglose de caracteres que el finado director hidrocálido ejercía en sus trabajos de aquella época y otro gran personaje para el actor, ahora desplegando cierto sentido de pathos necesario para su rol como ladrón que lidia con niños polizones después de un atraco. Ya para “María de Mi Corazón” cuatro años después era claro que el binomio funcionaba y que Hermosillo había encontrado en Bonilla un ideal alter ego.
“ROJO AMANECER” (1989) – La testificación de sus dotes actorales. La cinta no sólo reconsagró a Héctor Bonilla como un elemento valioso en las filas del emergente cine mexicano de vanguardia después de los trompicones padecidos por los narcos y las ficheras en pantalla grande, también legitimizó gracias a los premios y la aceptación masiva que México estaba listo para cintas que le hablaran directamente a su memoria sobre hechos vergonzosos como lo ocurrido en Tlatelolco en el 68 gracias también a la firme mano narrativa de su director Jorge Fons.
“SERPIENTES Y ESCALERAS” (1992) – El clásico juego de mesa ahora es una metáfora sobre las subidas y bajadas amorosos, existenciales y emocionales de dos mujeres donde Héctor Bonilla se ve involucrado en el Guanajuato de los 40’s. Gran estudio de personajes realizado por Busi Cortez que se sumó a la renovación de nuestro cine en el ocaso del siglo XX.

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