Sergio Alonso Méndez

La Noticia:

El Congreso de Perú destituye al presidente Martín Vizcarra por supuesta recepción de sobornos… (elpais.com).

Comentario:

¿Golpe de Estado? Al parecer existe debate sobre si la destitución del presidente (ahora ex) Martín Vizcarra por parte del Congreso peruano fue un golpe de estado. Es difícil poner las manos al fuego por Vizcarra, pero el Congreso es aún menos confiable. Yo voto por Vizcarra, aunque claro, lo importante es por quién vota la gente de Perú. Una encuesta en aquel país indica que el 78% hubiera preferido que se mantuviera como presidente y que de haber causas que lo justifiquen, siguiera el proceso judicial después de su mandato. Y es que la economía y la pandemia (más de 900,000 contagios y casi 40,000 muertos) tienen a Perú postrado como para añadir una crisis política.

Repasemos los detalles. Martín Vizcarra accedió a la presidencia en marzo del 2018 y desde el inicio de su mandato tuvo conflictos con el Congreso dominado por la oposición. En 2019 Vizcarra decidió disolver el Congreso con el argumento de que los congresistas estaban obstruyendo su agenda anticorrupción. Se formó uno nuevo, pero, irónicamente, muchos de sus elementos fueron o están siendo investigados. Vizcarra ha acusado a los congresistas de promover “caos y desorden.”

Así que el Congreso, en cuanto vio un hueco, acusó a Vizcarra de nepotismo y llamó a un Impeachment, llamado en Perú “Vacancia presidencial,” en septiembre del 2020. La moción de censura no procedió al sólo votar 32 congresistas por ella (se requerían 87 para ser aprobada). Al parecer Vizcarra sólo había recomendado a un amigo a un puesto y hubiera sido claramente un golpe de estado si se hubiera aprobado la destitución por ello.

Luego apareció alguien dispuesto a declarar acerca de la asignación de contratos a cambio de dinero cuando Vizcarra era gobernador de una provincia sureña y al Congreso se le iluminaron los ojos. Una causal más importante. Y se convocó a votación. Esta vez 102 congresistas la aprobaron y se concretó la destitución del presidente por “incapacidad moral permanente” (¿No sería extraordinario que este título se adoptase en México? ¿A quién se lo asignaríamos?).

Vizcarra se resignó. “Me voy con la conciencia tranquila, la frente en alto y el deber cumplido. Hasta otra oportunidad” escribió en Twitter al conocer el resultado de la votación. Asumió como presidente interino, obviamente, el jefe del Congreso, Manuel Merino.

Mucha gente ha salido a las calles a protestar a pesar de que Vizcarra no era un presidente fuerte o carismático. Lo cierto es que observando cómo se desarrolló el conflicto Presidencia-Congreso, las pancartas de “La democracia se defiende” y “Congreso golpista” pueden tener sentido. Los expresidentes de Perú de este siglo han sido procesados y visitado la cárcel (aunque Alan García se suicidó para evitarla). Parece ser que a Vizcarra le espera también la cárcel.

Sergio Alonso Méndez posee un doctorado en Negocios Internacionales por parte de la Universidad de Texas

salonsomendez@gmail.com