Ricardo Vargas

La semana pasada se dieron nuevos recortes a varios pronósticos de crecimiento de la economía mexicana para este y el próximo año. El Banco Mundial había publicado en enero una estimación de crecimiento económico del 2.0% para nuestro país en 2019, misma que fue recortada esta semana a un 1.7%. En este mismo escenario, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) recortó también su pronóstico de crecimiento para nuestro país en este y el siguiente año, dentro del documento de Precriterios de Política Económica 2020. Las estimaciones de SHCP resultan por demás interesantes pues representan una visión del mismo gobierno federal, quien, a través de dicha secretaría, controla una parte importante de la política económica nacional. Dentro del documento mencionado, el crecimiento económico para 2019 se estima entre 1.1% y 2.1%, mientras que en diciembre del año pasado se había estimado en un rango de 1.5% a 2.5%. De manera similar, las estimaciones para 2020 también fueron corregidas a la baja y pasaron de un rango de 2.1% a 3.1% dentro del Paquete Económico aprobado en diciembre pasado, a un nuevo rango de 1.4% a 2.4% en el nuevo documento sobre Precriterios de Política Económica 2020.

Sin embargo, no son los recortes en sí la parte importante de este comentario, sino el hecho de que todos los pronósticos y estimaciones para el crecimiento económico de México parecen ir en sentido opuesto a los pronósticos que mantiene aún nuestro señor presidente.

Al día siguiente de la publicación de los Precriterios de Política Económica 2020, Andrés Manuel López Obrador dijo en su ya cotidiana conferencia matutina, que los recortes a los pronósticos de crecimiento de SHCP no eran del todo acertados y que obedecían a una visión conservadora y poco optimista de Banco de México. En este sentido, pareciera que la intención fue decir que la SHCP está equivocada, pero porque Banco de México se ha equivocado primero. Relacionado a este comentario, está una percepción muy común entre todos los mexicanos y que sin embargo es errónea; la idea de atribuirle al presidente de la República los resultados de variables económicas tales como crecimiento, inflación y tipo de cambio. Me refiero a esto como un error, pues particularmente en estas tres variables, existen diferentes factores que son ajenos a la voluntad y acciones del presidente, pero que frecuentemente se pasan por alto.

En cuanto al tipo de cambio en nuestro país, por ejemplo, a partir de que Banco de México lo determinó como “de libre flotación”, el peso mexicano ha podido fluctuar tanto por acciones domésticas como por factores económicos a nivel internacional. Por ejemplo, cambios en tasas de interés en Estados Unidos o incertidumbre a nivel internacional como factores externos, y cambios en la tasa de interés de nuestro país o altos niveles de inflación como factores internos. Mientras que en la tasa de inflación podrían haber factores externos que la afecten, como por ejemplo el tipo de cambio sobre productos de importación o el precio de algunos productos de temporada, además de que el control de este indicador es una tarea meramente de los bancos centrales, que idealmente debieran ser autónomos al Gobierno.

Y por último, hablando de crecimiento económico, tampoco se lo podemos adjudicar todo al presidente ni al Gobierno Federal, pues además de las herramientas de política económica con las que cuentan, pueden darse también diversos factores externos y otros a nivel internacional que impacten en la dinámica del crecimiento.

En este sentido, y es aquí donde se fundamente la idea central de esta columna, parece un poco complicado que nuestro presidente siga asegurando un crecimiento económico de 4% anual durante los próximos seis años cuando economistas de su mismo gobierno prevén crecimientos alrededor del 2% para los próximos dos años.

Es por eso que el error del presidente no está realmente en que su pronóstico inicial se haya modificado a la baja, sino en el hecho de no querer aceptar estas correcciones y creer (o intentar hacernos creer) que él tiene la capacidad y los recursos de llevar al país a un crecimiento promedio anual del 4.00%, cuando el entorno económico tanto interno y como externo probablemente no dé las condiciones necesarias para lograrlo. Finalmente, ni toda la culpa sería necesariamente de él en caso de que el crecimiento sea bajo, y ni todo el mérito sería necesariamente suyo cuando el crecimiento sea alto.

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@1ricardovargas