Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa. Meditaciones, Libro II, Marco Aurelio.

Ayer al mediodía se conoció la noticia del proditorio asesinato de un Juez de Distrito de la ciudad de Colima, violencia, crueldad, saña…con él mataron también a su esposa en presencia de sus hijos. La Suprema Corte de Justicia se encontraba en sesión y el ministro presidente interrumpió a otro de los ministros que hacía uso de la palabra, para comunicar la pésima noticia y hacer una declaratoria de condena y de unidad frente a la delincuencia que, desde luego es lo menos que se podía esperar. Anunció más tarde que se reforzarían las medidas de protección y seguridad para los funcionarios del Poder Judicial de la Federación.

A la fecha se han tomado medidas que, lejos de ser protección para los funcionarios judiciales, constituyen una limitación al acceso a la justicia, cuando se condiciona el libre acceso a  las instalaciones judiciales al capricho de personal de seguridad impreparado, que malentiende su función, porque desde su “preparación” y “entrenamiento” no se ven como servidores públicos, sino como vallas de protección que ejercen su pequeña parcela de autoridad a ultranza, ponen trabas al ejercicio de un derecho constitucional. Independientemente de la pandemia y las medidas extraordinarias, para acceder a los juzgados federales han de pasarse tres filtros inútiles, como lo demuestra el homicidio de ayer y otros ataques o amenazas de que han sido objeto los integrantes del Poder Judicial de la Federación. Mi maestro de Derecho Penal II, entonces Jefe de la Policía Secreta del Distrito Federal, Lic. Eduardo Estrada Ojeda, no usaba pistola, un día le pregunté por qué, me contestó: “Esto no es como las películas del oeste, el que te quiera hacer un mal no te va a buscar la cara para hacértelo”.

El gobierno mexicano no tiene capacidad de ninguna especie para garantizar la seguridad ni de los jueces ni de los ciudadanos. La razón probablemente tenga que ver con un error metodológico y práctico, aunado a lo más grave, que es, no aceptar la realidad y peor, distorsionarla, por no decir falsearla. En términos numéricos solamente, tenemos déficit en los integrantes del ejército, que sigue siendo objeto de deserciones importantes, déficit en la policía federal que, desmantelada y todo no han podido ni transformarla, ni transferirla ni terminarla, déficit en la guardia nacional cuya estrategia de reclutamiento falló estrepitosamente y sigue formada mayoritariamente con elementos provenientes del ejército, déficit en las policías estatales que fue un invento luego de las reformas al 115 constitucional que quitó el mando de las policías preventivas a los estados para dejarlos en los ayuntamientos, déficit en las policías municipales porque es una ocupación riesgosa, poco gratificante y aunque ya no tan mal pagada, de alguna manera estigmatiza.

Si el déficit numérico ya es grave, la falta de preparación es peor, muchas de las “academias” de policía se parecen a las universidades “patito”, si éstas hacen “maestros” en seis meses y doctores en un año, aquellas “gradúan” policías en tres meses y en tres meses no se puede preparar ni a un vendedor de paletas, aunque le regales el carrito. Me consta el gran esfuerzo que en Aguascalientes han hecho quienes han estado al frente de esas instituciones, sin presupuesto suficiente, sin personal adecuado, con la presión de proporcionar elementos por las necesidades de los cuerpos policíacos…

Déficit en estrategia. La violencia, si atendemos a los portavoces, como la curva de la pandemia, se ha aplanado. Escuchar a Alfonso Durazo, es disponerse a oír el mismo discurso cansino, con aires de suficiencia y matices triunfales, como el del subsecretario merolico que con recursos retóricos e histriónicos ha mantenido la ilusión de que la pandemia no se les ha ido de control. Frente a los discursos están los números y éstos contradicen sus propias predicciones. El subsecretario ha ido moviendo la fecha de la cumbre de la pandemia desde el mes de abril y todavía no llegamos a ella. Durazo ha ido disminuyendo la incidencia delictiva en cada discurso y cada vez se rompen para mal los máximos de asesinatos, en un día, en un mes, en un año.

Quiero creer, meditando en las palabras del emperador Marco Aurelio, una de las cumbres del pensamiento estoico, que los malos lo son por ignorancia, pero sin embargo me veo en la necesidad de apartarlos, de corregirlos, de comprenderlos. Esa postura parecía ser la del Presidente López Obrador y la de Durazo en algunas de sus primeras entrevistas, cambiar las condiciones y cambiar las ocasiones para modificar las causas que generan la delincuencia. Sólo que el Presidente se ha equivocado de medio a medio, llama adversarios a quienes tenemos los mismos propósitos, a quienes defendemos los mismos valores, a quienes nos dolemos por igual de los males por los que la patria atraviesa, a quienes nos duele México tanto o más que a él. Diferimos en los métodos, diferimos en los medios, diferimos en algunos enfoques, pero en tanto el Presidente se desgañite, se desgarre las vestiduras, se refocile en encontrar adversarios para distraer de sus fallas, el desorden, la injusticia, la impunidad y la corrupción seguirán creciendo.

Sr. Presidente, sus adversarios no somos quienes queremos un México libre, en paz, en progreso, republicano y democrático. Los adversarios están en otros frentes. Por el bien de todos, Sr. Presidente, intente distinguirlos.

 

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