Nadie esperaba que en medio de una crisis sanitaria y en vísperas de una crisis económica tuviésemos una nueva vacante en el gabinete del presidente, y peor aún, que esta sea en la silla de Vasconcelos. El pasado miércoles, el presidente anunció que va a proponerle al Senado a Esteban Moctezuma, secretario de Educación Pública, como embajador de México en Estados Unidos. Esta noticia es, en términos precisos, desesperanzadora y la decisión irresponsable, tanto del presidente por enviar a su titular de la SEP a EUA a media implementación y planeación del regreso presencial a las aulas, así como de Moctezuma por aceptar la invitación ¿Qué va a ocurrir con la SEP? ¿Van a continuar la misma estrategia de regreso a clases? Y lo más importante ¿quién será la o él próximo titular de la SEP?

Antes de analizar los posibles perfiles para suceder a Moctezuma, debemos comprender el rol político que tienen las y los secretarios de educación. José Ángel Pescador, titular de la SEP en 1994, señaló (en entrevista con Pablo Latapí) que las tareas de un secretario se pueden dividir en cinco (y en orden de prioridades): primero lo político (la relación con el presidente, el gabinete y el sindicato), segundo llevar bien la imagen de la secretaría, tercero la relación con el personal de la SEP (subsecretarios, oficial mayor, administrativos), cuarto responsabilidad financiera (estar al pendiente con los gastos de la secretaría, proyectos y programas, cuidando el presupuesto asignado), y quinto atender al marco jurídico y normativo (auditorías, etc.); solamente encontrando tiempo entre estas cinco tareas se podría analizar lo educativo, es decir, considerar propuestas y programas para mejorar la educación pública. No hay duda de que esta visión sobre cómo debe operar un secretario ya está caducada (en mi opinión), sin embargo, hay algunas consideraciones que podemos resaltar de ello: el rol político como prioridad.

Es cierto que si un secretario desea que su actividad perdure y sea relevante, es necesario que cuente con un respaldo del ejecutivo constante y con presupuesto suficiente para llevar a cabo los cambios correspondientes en la política educativa. Cuando Moctezuma llega en 2019 como secretario, se reformó el artículo 3° de la Constitución, cancelando la reforma educativa de 2013 y al INEE; al mismo tiempo, comenzó la implementación de varios programas como el de las Universidades Benito Juárez (cuya implementación tiene muchos problemas de transparencia) y en 2020 lanzó con mayor presupuesto (a costa de otros programas fundamentales) las becas para el bienestar. Esta gestión no se pudo llevar a cabo si Moctezuma no hubiese tenido el respaldo del presidente, el congreso y el SNTE, lo que nos habla de que si alguien desea tomar su lugar debe tener la misma influencia que él. Por otra parte, también hay que señalar que gran parte de su “efectividad” en cambiar (para mal) la política educativa se dio por la influencia de su ex jefe y amigo Ricardo Salinas Pliego, empresario dueño de Banco Azteca y Grupo Salinas; Moctezuma trabajó con él desde el 2002 hasta que llegó a la SEP en 2019. Uno de los favores políticos más cínicos que se ha visto en la administración actual fue en abril de este año, cuando Moctezuma desde la SEP le firma un contrato millonario a su amigo Salinas Pliego por más de 800 millones de pesos, cuando este empresario (según el reportaje realizado por Proceso) tuvo una serie de perdidas millonarias en sus acciones en Estados Unidos.

Lo anterior nos demuestra que además de la presión de un presidente irresponsable en materia educativa también había presión por parte de un agente externo al gobierno federal, algo debería preocuparnos a todos puesto que se está poniendo como prioridad el interés económico de este empresario sobre la calidad de la educación de millones de niñas y niños en todo el país ¿esto es lo que deseamos tener en la SEP? ¿un secretario que es soldado de los intereses económicos de un empresario? Como si la situación no fuese ya desastrosa, Esteban Moctezuma era la cabeza del programa de educación a distancia “Aprende en Casa” y estaba planeando el regreso presencial a las aulas, ahora decide irse cómodamente (como si aún trabajara con su amigo en el sector privado) abandonando la SEP.

Entre las y los posibles candidatos a ocupar la SEP se encuentran Luciano Concheiro Bórquez actual subsecretario de educación superior, la senadora Delfina Gómez, el senador Rubén Rocha y por último un perfil bastante extraño (y muy alejado de la realidad) pero que muchas personas están candidateando, Alejandro Murat actual gobernador de Oaxaca por el PRI. De estos cuatro perfiles, la persona que quizás se acerca más a ocupar la titularidad de la SEP es Delfina Gómez, dada su popularidad al casi ganarle a Alfredo del Mazo en las elecciones a gobernador en Edomex y su buena relación con el SNTE y Morena. Sin embargo, lo que nos debe interesar aún más es que quien sea que llegue a la SEP tenga las aptitudes para retomar el barco a la deriva, un modelo de educación a distancia improvisado y con vistas a generar un daño enorme a la educación de millones de niñas y niños en todo el país, y lo más importante, que no se deje manipular por intereses del sector privado como Moctezuma.

Los perfiles no son alentadores y mientras el legislativo siga cumpliendo los caprichos del presidente, la SEP poco o nada podrá hacer (aunque tenga voluntad propia de hacerlo) para corregir el rumbo de la política educativa en México. Necesitamos una secretaria o secretario de educación con mano firme para tomar decisiones encaminadas a la mejora del sistema educativo. De lo contrario, seguiremos acumulando errores en la gestión educativa y poco podremos hacer después para reparar todo el daño que ha causado la 4T a la educación pública.