Sergio Alonso Méndez

La Noticia:

La detención del periodista bielorruso Roman Protasevich el domingo cuando viajaba en avión desde Grecia a Lituania, ha desatado una ola de condenas y temores sobre su seguridad… (bbc.com).

Comentario:

Los pasajeros de un vuelo de Ryanair de Grecia a Lituania vivieron momentos de película. Pongámonos por un momento en el asiento 15 A de dicho vuelo. Ya se sentía que el avión comenzaba a descender para llegar a su destino, la ciudad de Vilna, capital de Lituania, cuando por la ventana se aprecia que un jet de caza empareja al avión. Como pasajeros no nos percatamos de la conversación entre el caza y el piloto de nuestro avión, pero sentimos cómo el avión gira marcadamente a la derecha. Conociendo la geografía general de la región, entendemos que en vez de seguir de frente a Vilna, el avión ha sido desviado a Bielorrusia.

Es mejor no conocer la conversación entre pilotos porque esta fue más o menos así: “Atención vuelo de Ryanair, tenemos información de que llevan a bordo una bomba la cual detonará al arribar a la ciudad de Vilna. Sin pánico, cambie rumbo y diríjase a la ciudad de Minsk. Yo lo escoltaré”. “Oiga, pero yo necesito comunicarme con…”, “repito, diríjase a la ciudad de Minsk. Cambio y fuera.”

No se puede discutir con jets de caza del país que se está sobrevolando. Así que el piloto de Ryanair siguió instrucciones y cambió de rumbo. Al entender lo que estaba sucediendo, el periodista Roman Protasevich, a bordo junto con su novia rusa, se puso pálido. En Bielorrusia él era un editor de un canal opositor al gobierno de Alexander Lukashenko, acusado de robarse la elección del 2020 y al cual se le considera el último dictador europeo. Protasevich es algo así como un periodista villano, un López Dóriga, para la 4T.

Tal vez peor, porque Lukashenko llegó al punto de secuestrar un avión con tal de apresar a Protasevich. Y eso marca un precedente muy serio. La Unión Europea ya está buscando evitar los cielos de Bielorrusia y ha prohibido a la línea aérea de ese país volar a cualquier destino europeo. Lukashenko debe darse cuenta de que no es cualquier cosa lo que hizo. Evidentemente tenía a sus agentes de seguridad rastreando al periodista de sólo 26 años y tomó la oportunidad.

Protasevich está ahora en la cárcel bielorrusa acusado de fomentar protestas masivas. Historias corren de que en la cárcel a la que lo llevaron hay miles de presos políticos, algunos cuyas culpas fueron sólo la de participar en alguna manifestación. Y que son tratados a golpes y obligados a firmar confesiones bajo amenazas. Protasevich apareció en un video confesando delitos, aunque nadie duda que hubiera confesado haber intentado matar al Papa si también se lo hubieran pedido “amablemente” sus captores.

La seguridad aérea no puede ser afectada. La comunidad internacional debe condenar este hecho y hacer que Lukashenko se arrepienta y, de pasada, renuncie.

 

Sergio Alonso Méndez posee un doctorado en Negocios Internacionales por parte de la Universidad de Texas

salonsomendez@gmail.com.