Josemaría León Lara

Querido México:

Hola, ¿cómo estás? Deseo de todo corazón que estés bien. Yo por mi parte no me puedo quejar, afortunadamente todos en casa tenemos trabajo y salud. Me da mucho gusto estar una vez más en contacto contigo y aprovecho estas líneas para ofrecerte una disculpa por no haberte escrito antes.

Tengo que confesarte que supe que has estado un poco enfermo, que has tenido problemas en casa, algunos dicen que más problemas que nunca, que los administradores de tus riquezas una vez más te han visto la cara, que te preocupa cómo tus hijos te han olvidado.

Al escribirte no puedo dejar de pensar cual será tu reacción cuando leas esta carta, de seguro has de pensar que como todos los demás, soy un descarado, que no he estado a tu lado cuando más me has necesitado y reconozco que tienes razón, he olvidado procurarte.

Hace ya algún tiempo que tenía ganas de hablar contigo, pero ya sabes cómo es la vida, en el día a día siempre existen cosas “más importantes” que tú. Creo que es absurdo preguntarte cómo estás, cuando ambos sabemos la respuesta; no voy a preguntarte qué puedo hacer por ti porque ya sé la respuesta.

Pero no puedo dejar de aprovechar este medio para comentarte lo mucho que me dueles. No pretendo lavarme las manos muy al estilo de Pilatos, pero siento muy dentro de mí, que también me has dejado mucho que desear, quizás es por esto el porqué te he dejado de lado, te hemos dejado de lado.

No quiero que lo sientas como un reclamo (aunque ambos sabemos que sí lo es), y pensándolo bien, hablando frente a frente, es necesario que reconozcas que tú también tienes mucho de la culpa.

Sí, México, como lo diría el viejo refrán: No hay más ciego que el que no quiere ver. La violencia que vivimos tus hijos no es asunto que debe tomarse a la ligera y ¿dónde has estado para ayudarnos? Quiero que me respondas por favor. Las cosas no pueden continuar así, mientras tus hijos se maten entre sí, mientras tus gobernantes te saqueen y mientras prevalezcan la desigualdad, la pobreza, el hambre, la falta de oportunidades, la ingobernabilidad, pero más importante, la pésima educación, te aseguro que estás firmando tu propia muerte.

Ya me cansé de verte así, tan “gris” ante la vida, tan conformista, tan lleno de desinterés por mejorar, estás peor que un adolescente. Es por eso que me duele verte así.

Ayúdame a ayudarte, que solo no puedo, eres más, mucho más grande que tus problemas. ¡Despierta!, no puedes seguir con la misma actitud.

ATENTAMENTE

Tu hijo Josemaría.