corte1ª Función

“HOME: NO HAY LUGAR COMO EL HOGAR” (“HOME”)

“El pez alienígena fuera del agua” siempre será un manantial de inspiración para los explotadores… eh, productores norteamericanos tan encariñados con la idea de emular al flautista y atraer a los niños con sus melodiosos productos hasta las salas de cine, estrategia que les ha funcionado de maravilla desde que en los años ochenta un extraterrestre con apariencia de deposición bípeda, empeñado en llamar a casa, ingresó millones de dólares en taquilla al embaucar a una audiencia que confundió nobleza y pericia dramática con manoseo emocional. Y esta premisa continúa su senda de explotación con “Home: No hay lugar como el hogar”, filme animado de la Dreamworks que patentiza el compromiso del estudio con la apertura de cintas aspirantes a franquicias cinematográficas, sin tener una idea clara de qué hacer con ellas. Aún así, sus proyectos destinados al público familiar suelen tener atisbos de relativa creatividad e incluso notables ambiciones narrativas, y esta cinta en particular no es la excepción, pero que dichos asomos a la seriedad fílmica no lleguen a fructificar del todo es otro asunto. En esta ocasión tenemos como objeto de adoración infantil a Oh, un integrante de la físicamente genérica y visualmente poco inventiva raza espacial de los Boov, de dimensiones diminutas y fácil ingestión ocular para su inevitable comercialización mediante Cajitas Felices y campañas refresqueras, algo así como los Minions, pero en tonos fríos y con colosales disminuciones de carisma. Los Boov deben mudarse constantemente de planeta, pues una raza adversaria llamada Gorg suele despojarlos de sus hábitats por motivos que sólo se esclarecerán en el clímax de la película. Su último recurso es nuestro planeta, por lo que toman medidas para instalarse reubicando y agrupando a los habitantes de los países de su agrado en Australia. Oh, quien recibe este nombre por la expresión de desagrado que produce su presencia cada vez que se aparece, se nos presenta como un ser genuinamente irritante en el contexto de la cultura Boov, pues tiene una disposición alegre y optimista que no encaja con la visión complaciente y estática de sus congéneres, por lo que resulta un paria. Esto cambiará cuando conozca a Tip, una jovencita de rasgos antillanos que busca desesperadamente a su madre después que fueran separadas por las actividades de recolocación humana de los aliens. Cuando ella y Oh, perseguido por los suyos tras comprometer su ubicación con los Gorg, emprenden la búsqueda de la mamá de Tip, la cinta toma también un rumbo ya esperado y muy explorado: el riguroso road movie que los pondrá en el camino de su propio destino y trabar la subsecuente amistad que le proveerá a cada uno el llenado de su vacío emocional. Esta animación que apunta a una estética realista y matizada, no niega la cruz de su parroquia y cualquier aspiración narrativa se ve maltratada por la abundancia de clichés que sólo producen las carcajadas y emotividad infantiles más fáciles y el enojo de los adultos, así que su aspiración como mero producto se cumple sin problema, pero aquella sobre trascender y volverse un discurso cinematográfico a la PIXAR, pues no. “Home” simplemente no logra hacernos sentir en casa.

2ª Función

“RÁPIDOS Y FURIOSOS 7 (“FURIOUS 7”)

Revisar otro eslabón en esta muy redituable cadena es como asistir a una presentación multitudinaria de un episodio para una onerosa, aparatosa y algo babosa serie de televisión, cada uno tratando de expandir fragmentos de una sola historia mediante una sola fórmula: Músculos + Senos X Autos deportivos de colección que van dejando con cada entrega hebras de debilitamiento argumental como las de chicle pisado en la calle, produciendo orgasmos cada vez más tenues en las mentes desgastadas por el Facebook. La trama es microscópica: el clan integrado por Dom Toretto (Vin Diesel), Brian (Paul Walker), Letti (Michelle Rodriguez) y un par de patiños afroamericanos que sólo ensanchan la vía xenofobia, son perseguidos por Deckard Shaw (Jason Statham), quien ha jurado vengarse de ellos tras hacer añicos a su hermano villano en la cinta anterior. Y esto es todo, el resto es tan sólo la mecánica sucesión de eventos que funcionan en paralelo, tanto en ritmo como en incidencia, de los filmes previos: persecuciones automovilísticas saturadas de CGI, obligados close-ups a los bíceps de “The Rock”, cuantiosas “nalga-shots” a las hiperproporcionadas “actrices” de la cinta y momentos de vinculación emocional hombre a hombre en demasía que sobrepasa cualquier sana intención de generar “bromances” en aras de un llano homoerotismo involuntario que produce entre pena y risa ajena. Las secuencias de acción simplemente están a merced del montaje, al punto que cualquier coreografía ya sea de una lucha cuerpo a cuerpo o colisión de bólidos sólo produce su efecto de megaquinesia mediante una sucesión trepidante de cortes (tan sólo en la pelea entre Rodríguez y Gina Carano con un minuto exacto de duración -reloj en mano, no miento- conté tan sólo 67 cortes, un asalto violento a las cuencas oculares de cualquiera que lea por lo menos un libro al mes), así que no queda más que añorar aquellas confrontaciones de la vieja escuela donde se daba tiempo para escuchar el crujir de cada hueso o el de cada abolladura. Lo que sí queda claro es que no importa quién dirija, pues resulta imposible imprimir un estilo o línea ideoléctica a un capítulo televisivo inflado hasta el colapso, por lo que el megáfono lo tomara James Wan, más reconocido por sus aburridas cintas de horror, no significa nada, pues sólo basta ir en automático con la fórmula preestablecida. Al final nos quedamos con una experiencia masturbatoria que, como tal, es momentánea y poco placentera, por lo que me quedo con ese hilarante final de humor involuntario y mórbido donde un Paul Walker digital se va, literalmente, al cielo. Hemos visto películas así más logradas, como las protagonizadas por Valentín Trujillo o Andrés García en su momento, más rápidas y menos furiosas (por no decir mamilas).

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