Dulce Soto
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-La hermana de la enfermera Isabel Ornelas, la urgencióloga Gabriela, de 48 años, falleció el 31 de mayo por Covid-19. A partir de la tragedia, la madre de ambas le pidió a Isabel abandonar su trabajo.
“Mi mamá es una mujer muy fuerte, pero ahorita está mal y tiene mucho miedo. Diario me dice: ‘Hija, ¿te estás cuidando? Júrame que sí te estás cuidando, porque no aguantaría yo dos muertes de mis hijas'”, cuenta la enfermera.
Ella enfrenta su pérdida, le pesa que no le permitieran cuidar a su hermana cuando estuvo hospitalizada, vive la presión de su familia por su seguridad y experimenta remordimiento por dejar su empleo cuando se le necesita.
La mujer de Uruapan, Michoacán, trabajaba como suplente de enfermera por un salario de 2 mil pesos quincenales, en área Covid-19, a veces sin la protección adecuada.
En los últimos tres meses de la emergencia sanitaria, al menos mil 92 profesionales han sido diagnosticados con síndrome de “burnout” (síndrome de “estar quemado” laboralmente) y fatiga por compasión, según datos de la Secretaría de Salud (Ssa).
Es decir, con desgaste emocional y físico asociado al estrés crónico en el trabajo, así como con sentimientos de miedo, ansiedad, estrés, desesperanza o culpa por no poder salvar a algunos pacientes.
Para detectar estos problemas y atenderlos, la Ssa y la UNAM diseñaron el Cuestionario para la Detección de Riesgos a la Salud Mental Covid-19, un tamizaje en línea que evalúa tanto a población abierta como a trabajadores de la salud.
Del personal de salud sólo 330 aceptaron recibir atención de especialistas capacitados.