Benito Jiménez
Agencia Reforma

MACUSPANA, Tabasco.- En la localidad de José Colomo, el enojo está más alto que el nivel de los ríos Chilapa y Puxcatán, al sur de Centla.
El que les hayan soltado el agua desde la presa Peñitas, dicen los habitantes, fue una tragedia. No lo superan, pero ya no hay reversa. Lo que les enchila ahora, es que no lleguen los apoyos prometidos por el Presidente Andrés Manuel López Obrador.
La muina hasta hace llorar a la señora Marta Elena Álvarez Muñoz. Sus lágrimas mojan el cubrebocas amarillento por las constantes lluvias en esta zona, cuna del Mandatario federal.
“Mi casa se fue a pique, necesito ayuda, no tengo nada. Hace rato fui a sacar lo que pude, hasta llorando estaba de la tristeza de ver mis cosas así: refrigerador, lavadora, estufa, todo se perdió, ya no puedo seguir así, llevamos un mes en el agua, ¡ya por favor!”, suplica la señora, de 57 años de edad, una de las miles de afectadas por las inundaciones.
Empapado por la lluvia, Ernesto Muñoz Bardín, un vecino de esta localidad, de unos mil 200 habitantes, urge a López Obrador que no se olvide de sus paisanos.
“Que venga a dar la cara por acá el paisano y, sobre todo, porque por algo lo pusimos (de Presidente). La verdad ya no aguantamos los pies, los tenemos todos partidos, a veces nos ayudan con pomada, pero ya ni eso sirve, pues todo el tiempo estamos en el agua”, relata este campesino, que muestra sus tierras inundadas.
Este poblado se parte por el río Chilapa, que desbordó hacia ambos lados. Las dos carreteras están anegadas, pero en una de plano no pasan ni las Fuerzas Armadas. El camino se volvió río.
Irasema Hernández García, otra de las vecinas que ya no aguanta el coraje y el agua en los pies, afirma que el agua se llevó sus recuerdos.
“Fotos, cuadros, mis cosas que tuve con tantos sacrificios se terminaron en un instante, y no hemos recibido ayuda de nadie. Tuvimos que ir a la carretera a ver si se compadecen y nos avientan algo, un bocado”, dice.
“Esperamos que el señor Presidente de la República, que es paisano de nosotros, que no nos deje, que no nos abandone, porque nosotros le dimos el voto, y estamos con él, pero que no nos abandone”, suplica.
Las corrientes aquí son tan fuertes, que ni los peces se pueden pescar. Los pobladores se organizan para ir a comunidades aledañas para lograr una ayuda.
Ayer trajeron tres kilos de frijoles, pero fue un problema hervirlos, pues no hay agua limpia.
Otra vecina, Mariana Pérez Martínez, consiguió un kilo de arroz, pero fue cocinado para darle de comer a 16 niños.
“Estamos pasando una crisis dura donde nosotros vinimos, necesitamos apoyo, no estamos diciendo mentiras, ya perdimos todo para que una familia viva normal, que se acuerde de nosotros el Presidente, que él vea que no es mentira, que necesitamos apoyo”.
María del Carmen López Arias perdió seis pavos. Se fueron en la corriente del caudal y sólo le quedaron dos que son muy pequeños para cocinarlos.
“Queremos despensas, no nos han dado, no nos toman en cuenta, no podemos trabajar, mis cultivos se echaron a perder, mis plátanos, mi limón, nos quedamos sin nada”, lamenta el esposo de la señora, Argidio Dionisio Cano.
Ayer, Alfonso Muñoz sacó una cubeta, se agachó y se dio un baño con el agua que tiene inundado su patio.
“¿Pues ya que hacemos? Dígame, nada, esto, no hay forma de hacer algo más”, dice entre lágrimas que se fueron con los cubetazos.
El delegado de la comunidad, José Antonio López Hernández, ya recibió las indirectas de los vecinos molestos, que lo acusan de no gestionar bien las despensas.
Pero el gestor evidenció con distintos oficios y mensajes de teléfono a funcionarios de Macuspana y del Gobierno estatal, que la ayuda está pedida.
El último oficio lo mostró a REFORMA, con fecha del 17 de noviembre, donde pide 572 despensas con urgencia.
Pero el burocratismo de Macuspana y de Tabasco hacen que la llegada de esas despensas sea sólo una ilusión.
El enojo, entonces, se extendió hasta Pemex.
La localidad de José Colomo, adelante de Ciudad Pemex, es clave para la empresa petrolera.
Aquí está enclavado el Activo Integral Macuspana, y otras plantas dispersas de separación de gas marino e hidrocarburos. El paso de vehículos oficiales es constante.
Pero en José Colomo los vecinos decidieron bloquearles el paso. Porque tampoco apoyan a la causa.
“Él sigue subiendo, y no llegan las despensas, ¿a dónde las mandan?. El Gobierno federal es responsable de esto, y si manda ayuda, entonces la culpa es del estado, o ¿quién la tiene?”, cuestiona Ana Gabriela Alejandro Hernández.
Don Rosario Álvarez de plano se mudo al pie de la carretera. Su casa es pérdida total.
“Esa la es pregunta. ¿Aquí por qué no llega la ayuda, qué tenemos que hacer?, ya estamos desesperados”, plantea.
“Y eso que somos de Macuspana”, ironiza.