Fernando López Gutiérrez

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En agosto de 2013, el Partido Revolucionario Institucional puso en marcha un ambicioso proyecto de formación y capacitación para sus militantes y simpatizantes jóvenes: la Escuela Nacional de Cuadros (ENC). Por medio del Instituto de Capacitación y Desarrollo Político A.C. (ICADEP) —instancia responsable de esta tarea, según los estatutos del PRI— convocó a ciudadanos menores de treinta años a participar en el proceso de selección para integrar la Primera Generación de dicha escuela.

Bajo el liderazgo de dos políticos jóvenes y preparados (Guillermo Deloya y Dunia Ludlow), la ENC hizo frente a las críticas y el escepticismo de muchos logrando transformar el obsoleto modelo de formación que el ICADEP había implementado durante muchos años. Hasta el día de hoy, se ha atendido con seriedad la preparación de dos generaciones de priistas bajo esta nueva perspectiva: mediante un proceso de selección con cierto rigor; la realización de actividades que integran lo académico, lo político y el desarrollo humano; la impartición de cursos y talleres; así como la evaluación constante del trabajo de los estudiantes. En casi un año y medio de labores han egresado 634 alumnos, originarios de todas las entidades federativas del país.

Es evidente que este proyecto emprendido por el PRI ha sido costoso: la coordinación, la logística, la publicidad y el desarrollo de las actividades que implica han requerido de la asignación de importantes recursos económicos y humanos. Sin embargo, la mayor preparación que se observa en los egresados, sus testimonios al relatar la experiencia de la ENC y la calidad de algunos de sus trabajos difundidos en la red nos llevan a pensar que ha permitido consolidar las habilidades, capacidades y valores de los cuadros pertenecientes al partido que aún conserva el mayor número de simpatizantes en México.

La evaluación adecuada y precisa de los beneficios que el nuevo programa de formación de cuadros podrá traer a los mexicanos (no sólo a los priistas) llevará algunos años. Será posible si empezamos a ver que sus egresados participan activamente en la vida política del país y lo hacen de manera digna y profesional.

Al respecto, el PRI debe asumir un compromiso: en estos meses anunció y exhibió sus esfuerzos para formar líderes jóvenes, pero éstos jamás llegarán a serlo en el ámbito partidista si no se les ofrece el apoyo que requieren. De poco servirán los recursos públicos gastados en capacitación por un partido que no aprovecha los avances logrados en la formación de sus cuadros.

Esta situación preocupa y debería ser del interés de la ciudadanía sin importar su preferencia política. Independientemente de la determinación que tome la mayoría, a la ciudadanía le conviene tener a los mejores perfiles de cada partido para poder decidir y a los más profesionales para representarla.

En el importante momento electoral que vive nuestro país, sería pertinente preguntarnos: ¿cuántos de los 634 egresados de la ENC participarán como candidatos u ocuparán un espacio de responsabilidad en el proceso?, ¿cuántos fueron considerados por su formación o capacitación? La respuesta a estas preguntas nos permitirá comprender si el proyecto formativo del PRI ha valido la pena.

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