Enrique Luján Salazar

De manera afectuosa a quienes fueron, son y serán mis estudiantes y de manera respetuosa a quienes fueron, son y serán mis colegas, en especial, a la comunidad académica de Ciencias Sociales y Humanidades.

Difícilmente alguien quiere levantarse cada día y volver a cargar el mundo para llevarlo a la cima y así todos los días de su existencia, tal cual fue la tarea de Sísifo. La reflexión filosófica es parecida a este esfuerzo constante por asombrarse tanto ante lo cotidiano que nos rodea como a lo inusual y fantástico de algunas experiencias. Preguntarse por los modos de estar y convivir del ser humano, cuestionarse por su relación con los otros seres del mundo, inquirir sobre la naturaleza de los más abstrusos pensamientos y hacerlo de manera libre, crítica y con el coraje de la verdad es lo que caracteriza el denuedo filosófico. La filosofía requiere del talento humano, de la cortesía, de la apertura dialógica, de la necesidad de colaborar a la resolución de los problemas sociales y a la transformación del entorno vital.

Hace 30 años se ofreció por vez primera la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Habiéndose aprobado el plan de estudios correspondiente con su justificación social y profesional y una orientación histórica y disciplinar. Nuestro estado contó con otra opción de formación humanista tan necesaria, no sólo por sus aportes mismos, sino por la falta de contar con profesionistas y pensadores que enriquecieran nuestra sociedad, más allá del desarrollo económico y político, con profesores especializados en esta área del saber, con investigadores sobre temas escaza o nulamente tratados y con profesionistas que participaran en algunas áreas de la cultura y el saber que demandaba ese momento. Ahora, los retos siguen en pie y se han ido complejizado. Nuestra ciudad y nuestro estado han ido apostando más a resolver factores de sobrevivencia, a la administración de los escasos recursos públicos y a proporcionar entretenimiento y diversión a los ciudadanos más que al fortalecimiento de la cultura, a promover la educación de calidad y a la construcción de espacios para la formación integral de los hidrocálidos.

La formación de un filósofo es muy difícil, ya lo había señalado Aristóteles, Kant y muchos otros pensadores: no se puede enseñar filosofía, lo que se puede enseñar es a pensar, a ser riguroso con los propios razonamientos, a evitar los pensamientos falaces, pero el filósofo se constituye libre y esforzadamente desde sí mismo; la filosofía deberá reelaborarla y confeccionarla cada quien, de acuerdo con su sensibilidad, sus preguntas e intereses.

Elegir como opción profesional dedicarse a la filosofía puede ser un riesgo que no siempre se quiere correr. Puede ser difícil decidirse y hasta intimidatorio optar por una carrera a la que se le han puesto estereotipos, a la que se le ponen muchas objeciones de diferente índole, una profesión que requiere de capacidades específicas y de una actitud que va a contracorriente del vértigo, el consumismo y banalidad de la vida actual. Cuando se requiere de una sensibilidad existencial, de una capacidad argumentativa, de un gusto por la lectura y la buena escritura; cuando se postula el espíritu inquisitivo, un cierto ánimo de perplejidad, y aproximarse a las preguntas filosóficas de manera ingenua –como si fuera la primera vez que se esbozaran, cuando se requiere del asombro ante los hechos que cualquier persona consideraría obvios o ya establecidos; de alguna manera estamos solicitando aspirantes que tengan este sentido de curiosidad, inconformidad, crítica y, a la vez, de inocencia. Aspirantes extraordinarios, inquietos y comprometidos. La decisión de optar por la filosofía implica una responsabilidad moral que supone no sólo tomar una opción profesional, sino aceptar la orientación que tomará la vida propia y el compromiso amoroso de ser fieles a esta decisión y a esta tarea. Se dice, y con razón, que la filosofía es tan celosa como el gran Otelo, pues demanda atención esmerada y constante.

Durante estos 30 años, ya se han dado algunos resultados favorables a partir del desempeño del propio del Departamento de Filosofía, así como de sus profesores y egresados: especialización de sus docentes, realización y participación en congresos internacionales, formación de asociaciones civiles, publicaciones relativas a la investigación y difusión de la filosofía, ciclos de conferencias con diversas temáticas, presencia en el espacio público, posgraduados en México y en el extranjero. Sin embargo, la licenciatura sigue enfrentando retos diversos: aquellos que provienen de su ámbito específico y de la necesidad de interrelación con otras disciplinas; aquellos criterios y requisitos que provienen de la visión, financiamiento y planeación educativa institucional; aquellos que provienen de la tecnología aplicada a la pedagogía propia de la filosofía, aquellos que provienen de la falta de formación en los niveles educativos previos; aquellos que provienen de las nuevas políticas laborales que han impactado en lo educativo e impedido la convocatoria de nuevas plazas para la renovación de la planta docente –fenómeno que afecta a todas las áreas académicas universitarias y los que provienen de una sociedad monetarista de consumo que ha pervertido los fines y sentido propios de la existencia humana, así como al excesivo individualismo y la necesidad de alcanzar el éxito –económico– inmediato con el menor esfuerzo. El pensamiento filosófico –y quienes se dedican a él– puede constituir ese modo de reflexión inteligente que enfrente una civilización que está al borde de la autodestrucción y que ha minado sus cimientos cuando acepta que todo vale por igual y que la estulticia y la insensatez proliferen en los diferentes ámbitos de la vida social.

Debemos reconocer a nuestra universidad y a quienes hicieron posible este proyecto y confiaron en él, a quienes día a día lo han continuado, en especial, durante la pandemia y a quienes lo han apoyado para mejorar su calidad por crear un espacio para el pensamiento libre, riguroso y crítico que aspira a ofrecer claridad sobre nuestros problemas, nuestros deseos y fines que es, en sí mismo, un espacio de formación integral para todos los involucrados –que en última instancia aspira a integrarnos responsablemente desde nuestra particularidad a lo universal– y nos permite enfrentar el vacío de sentido de la vida actual, las desigualdades, la violencia y la corrupción que dañan el tejido social y mediante esta formación rechazar los falsos fines del consumismo y de la fama como sustitutos de la condición humana y, sobre todo, por el espacio que nos permite realizar un proyecto de vida que resulta excitante por las posibilidades que se han realizado y por las que vendrán.

Profesor investigador del Departamento de Filosofía del Centro de Ciencias Sociales de la UAA. Dirección electrónica: enrique.lujan@edu.uaa.mx.