Saúl Alejandro Flores

Como recordarán mis estimados lectores, la semana anterior comencé con unas reflexiones respecto a las metas del milenio, indicadores, su pertinencia y ubicación en el contexto real, no como panacea de los problemas sino como instrumento que permita reducir las brechas existentes.

Sin embargo, omití citar o darles una panorámica general de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, porque únicamente les di los antecedentes y describí el Objetivo 7 que aplica al sector agua. Por lo tanto, antes de continuar con la temática hídrica pasaré a enunciar los otros objetivos: “1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre; 2. Lograr la enseñanza primaria universal; 3. Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer; 4. Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años; 5. Mejorar la salud materna; 6. Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades; 7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y; 8. Fomentar una alianza mundial para el desarrollo.”

Como lo anticipé la semana anterior, podrán ver el carácter transversal del agua que se encuentra presente en más de uno de los objetivos, pero si pueden ver más allá verán que no se puede, ni debe abordar de una manera lineal, la visión monolítica de los objetivos y el plantear soluciones en el diseño de indicadores no puede ser, ni intentarse ver de manera lineal, de hacerlo se incurriría en el mismo error que han cometido administraciones gubernamentales, analistas y uno que otro académico.

¿Cuál es más importante? Aquí se debe manejar con mucha cautela y cuidado de no dejarse seducir por modas o tendencias o priorizaciones inmediatas, debe ponderar el fin último, y como ya en algunas ocasiones lo he mencionado es importante sacudirse la visión antropocentrista, que en lo personal considero se ha convertido en un obstáculo para avanzar y obtener resultados óptimos en el tema de los recursos naturales que existen antes de que la especie humana apareciera sobre la faz de la tierra.

Preguntaré a mis amables lectores qué consideran que debería ser el primer eslabón o indicador: vivienda, educación, salud, alimentación, empleo, esparcimiento, desarrollo familiar, seguridad pública, equidad de género, medio ambiente sano, etc. Quiero aclarar que no menosprecio alguno en especial ni pondero, por ello, qué fue primero, como dice la pregunta que da título a este artículo: ¿el huevo o la gallina?

Podemos partir que para el beneficio humano el punto de partida es la vida, se requiere un componente que garantice la vida misma, la salud y la calidad misma de esa vida, el conocimiento o tomar conciencia de sí mismo. Dice un dicho “primero comer a ser cristiano”, por lo que deduciríamos que se requieren componentes que permitan desarrollar la vida y garantizarla en el humano y entre sus componentes básicos está el agua, que también es fundamental para otras formas de vida, el agua garantiza higiene y es un ingrediente básico como expuse en la higiene y para prevenir enfermedades que son letales y que se convierten en severos problemas de muchos gobiernos y sociedades, asociadas a la mortandad infantil, incluso a las muertes de mujeres que dan a luz, la falta de condiciones higiénicas, pero el agua además va asociada a los medios que requiere el humano para sobrevivir, ríos, lagos, que a su vez son bancos de alimentos, y favorecen la producción de oxígeno en su vegetación, marina o superficial en bosques, porque sin aire, la condición de vida sería complicada, y en seguida nos toparíamos con la generación de un componente vital que es el alimento directo para el humano, que a su vez estos alimentos consumidos por el hombre, requieren de otros componentes que se alimentan de agua, aire y de aquellos organismos que requieren de lo mismo: de agua.

Se sabe que un niño mal alimentado no va a aprender y que además sus posibilidades de sobrevivencia serán escasas, es decir, la calidad de vida se ve mermada. Pero como lo señalé no puede verse todo de manera lineal, el eslabón de prioridades cada indicador presenta transversalidades y ciclos hacia adelante, hacia atrás y hacia los lados, por ello se dice que es transversal, porque para lograr que el agua llegue hasta el rincón más alejado, se requiere infraestructura, o que haya escuelas, pero la infraestructura no debe ser bajo esta visión un componente de indicador, debe ser un facilitador de bienestar, la prioridad es el agua, salud, educación, no la obra, ¿estaríamos de acuerdo?

Pero es indudable que el empleo también se convierte en un componente porque a fin de cuentas, es un elemento de desarrollo y generador de riqueza, no sólo material, sino que el trabajo, también puede ser un elemento que genere satisfacción psicológica, los componentes no sólo deben ser materiales, sino psicológicos, en un ambiente sano es obvio que la depresión y angustia se reducen, hay estímulo en seguir adelante y de goce por vivir; recapitulando, diría que la vida, salud, educación y empleo, son cuatro pilares, y sus subcomponentes de satisfacción materiales son agua, medioambiente, gestión adecuada de recursos y satisfactores, podríamos denominarles gestión sustentable, porque imaginen de qué sirve tener alimentos si no hay educación para comer, o para cuidar el agua, pero una herramienta básica para una gestión adecuada es el trabajo, porque el cuidado requiere acción humana, y ese trabajo es el que ha faltado en la sociedad contemporánea, no hay compromiso de trabajo por una verdadera y desmitificada sustentabilidad, y querido lector, este tema no se agota, porque insisto, no se puede ver de manera lineal priorizando de manera caprichosa, por que deberíamos ir al fin último y es el cuidado de los recursos naturales, la misma naturaleza que es la olvidada en esta categoría de vida marcada por el alto consumismo. Estimado lector, estas pueden ser acciones que permitirán que en el planeta, México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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