Por Francisco José Aceves Díaz

La República Bolivariana de Venezuela -o como popularmente se le conoce, Venezuela- se encuentra viviendo hoy en día una encrucijada acerca de la dirección que el país sudamericano tomará, y dando como resultado una polarización social entre chavistas y opositores, sin dar cabida a puntos medios.
¿Pero cómo es que se llegó a esto? Primero definamos a los actores de esta película. Recordemos que Venezuela es una república, por lo tanto existe una división de poderes, la famosa teoría de la distribución social, o más conocida como la “teoría de pesos y contrapesos” creada por el pensador francés Montesquieu. En esta teoría argumentaba de forma genial que “…todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder” es decir, que brindaba la garantía de que no sucedieran arbitrariedades ni abuso del poder, así que como en México, tienen en Venezuela el Poder Ejecutivo (Presidente), Poder Legislativo (Asamblea Nacional) y el Poder Judicial (Supremo Tribunal de Justicia).
Dicho lo anterior, ahora tenemos que entender que ambos gobiernos, tanto el de Maduro como el de Guaidó, pueden presumir cierta legitimidad y a la vez, ambos gobiernos son ilegítimos para el otro. Me explico. Empecemos con el flamante presidente interino y representante de la oposición, Juan Guaidó, quien asumió el cargo el día 23 de enero del 2019, con fundamento en los artículos 233, 333, y 350 de la constitución venezolana, en los que se establece que en el supuesto de ausencia absoluta del Jefe de Estado, le corresponde al Presidente de la Asamblea Nacional (AN) asumir el cargo de forma interina y convocar nuevas elecciones. Sumado a esto, las elecciones realizadas en el 2018 no contaron con el reconocimiento de la AN, por lo que la toma de protesta no tuvo validez para el legislativo y por lo tanto había ausencia absoluta del Jefe de Estado, dando como resultado el ascenso al poder de Juan Guaidó. Este último no reconocido por el Poder Judicial.
En el otro lado de la moneda tenemos a Nicolás Maduro, representante del chavismo. Su condición como presidente resulta ser más dudosa, por las circunstancias en las que llegó a la presidencia después de resultar victorioso en las elecciones celebradas el día 30 de abril del 2018. Estos comicios fueron convocados por el Congreso Constituyente y con el aval del Supremo Tribunal de Justicia (STJ). Hasta aquí todo bien, dado que el STJ en su papel de garante de la constitución, consideró en fecha 28 de Marzo del 2017 que la AN estaba actuando en desacato a la ley por rechazar la resolución de la Sala Electoral del STJ sobre la designación ilegal de los diputados del Estado del Amazonas (diputados opositores). Dada la ausencia legal de la AN, por su condición de desacato, los poderes restantes: Ejecutivo y Judicial, se repartieron las facultades correspondientes al Legislativo. Posteriormente crean una Asamblea Constituyente, que fue quien posteriormente y con el beneplácito de ambos poderes, convocó a elecciones en las cuales Nicolás Maduro resultó electo.
Así, Maduro cuenta con el apoyo del Poder Judicial, señal del funcionamiento de la teoría de los pesos y contrapesos, haciéndose valer estos dos poderes por encima del legislativo, y por tanto ante la ley venezolana fue un proceso apegado a la ley, en consecuencia legítimo.
Mencioné al principio de este párrafo que su condición de presidente era más dudosa ¿Por qué? Si yo mismo acabo de mencionar que también fue un proceso legítimo de acuerdo a las leyes de Venezuela. Pero para encontrar el error en la legitimidad de Maduro es necesario un salto hacia atrás en el tiempo, hacia el día 23 de diciembre del año 2015, en una de las últimas sesiones de la AN saliente, controlada por el chavismo, quienes designaron de forma exprés a 13 magistrados principales y 21 suplentes. Con ello violaron el artículo 264 de la Constitución. Por tanto, su designación es ilegal, así que siguiendo con la “Teoría del Árbol Venenoso”, todo lo sucedido después de eso es también ilegal.
Una vez concluido este análisis, nos enfrentamos ahora a la realidad: Venezuela tiene dos gobiernos paralelos coexistiendo y a la vez buscando destruir al otro, y ambos gobiernos con presunta legitimidad y con reconocimiento internacional. Quiero cerrar recordando los dos casos más recientes de países con gobiernos paralelos: Siria y Libia, y todos sabemos cómo terminó eso; esperemos que este no sea el caso.