Lic. René Urrutia De La Vega

 Conforme transcurre el tiempo y se modifica prácticamente día con día la dinámica social relacionada con los tres factores fundamentales que al parecer ahora rigen el devenir histórico de esta nueva época que vivimos con incertidumbre, a saber: la salud general, la seguridad ciudadana y la economía, debemos realizar un minucioso análisis que nos permita anticipar las medidas y acciones con las que se deberá hacer frente a los acontecimientos del futuro cercano.

Quiero poner el énfasis en la seguridad ciudadana, a partir de una realidad que salta a la vista: las estadísticas más recientes reflejan que los pronósticos en materia de comportamiento de la delincuencia en tiempos de pandemia no eran desacertados, al menos en lo que se refiere a los delitos patrimoniales, pues la mayoría de los rubros de los que se compone esta categoría delictiva, prácticamente todas las modalidades de robo, las extorsiones, los secuestros inclusive, han presentado disminuciones o reducciones en la incidencia reportada por las instancias de procuración de justicia en el país y de la federación, de manera que, como era de esperarse, ante las medidas de confinamiento y la desaceleración de la actividad económica en forma generalizada, los delitos patrimoniales experimentaron una reducción evidente en la mayoría de las entidades federativas, sin dejar de considerar que en algunas de ellas también hubo incrementos en este rubro, aunque se trate de casos excepcionales.

No obstante lo anterior, también tenemos que mencionar que los homicidios dolosos no han disminuido en las entidades federativas en donde esta problemática venía representando niveles graves e incluso alarmantes en algunos casos, de manera que, si consideramos que en el pasado reciente los homicidios dolosos en México se atribuyen en su mayoría a los grupos de delincuencia organizada y se realizan también mayormente mediante la utilización de armas de fuego, podemos concluir que las organizaciones criminales evidentemente siguen desarrollando sus actividades en forma prácticamente habitual y además mantienen sus actos de rivalidad y lucha por el dominio de territorios y por el control de espacios para la comercialización de sus mercancías ilícitas.

Del Sistema de Justicia debemos esperar varias cosas, diversas acciones para la construcción de nuevas estrategias que permitan hacer frente a una nueva realidad, a una dinámica social modificada y aderezada con varios factores adicionales concomitantes que la hacen aún más compleja y diversa.

Como factores que aderezan la nueva realidad y que complementan la de por sí compleja realidad derivada de la pandemia podemos mencionar, entre otros, la situación política; el comportamiento de las últimas décadas en materia de delincuencia común y organizada, así como la falta de estrategias eficaces y medidas adecuadas para enfrentarla; el avanzado estado de putrefacción en que se encuentra nuestro país en materia de corrupción, sin que haya iniciado aún ningún proceso de disminución, por el contrario, al igual que ocurre con la delincuencia, por tratarse de una expresión de lo mismo, sigue en aumento; la claramente desacertada determinación de mantener la militarización de la seguridad ciudadana, y; la debilidad institucional que reina en todos los niveles de gobierno.

El Sistema de Justicia se compone de todas aquellas instituciones que se encargan de la prevención y combate de conductas antisociales, las que tienen a su cargo la procuración de justicia, aquellas a quienes se encomienda la administración e impartición de justicia y las que deben cumplir con los esquemas de ejecución penal y readaptación social. De este Sistema de Justicia, precisamente por tratarse de un sistema, es decir, un conjunto ordenado de normas y procedimientos que regulan el funcionamiento de un grupo o colectividad, debe esperarse una coordinación y articulación que garanticen ese correcto funcionamiento acorde a su naturaleza, que verdaderamente responda a las expectativas sociales de la nueva realidad que estamos experimentando, se espera la adecuación de medidas, de herramientas, de principios y de estrategias con las que se pueda, eficazmente, hacer frente a todo lo que se presentará en el futuro inmediato, las expresiones de criminalidad derivadas de una modificada y agravada descomposición social y la desesperación de un amplio sector de la población que no verá satisfechas sus necesidades básicas, la distorsión en los esquemas de salud física y de salud mental de quienes, además de sufrir el desconcierto grave de la carencia, experimentan una forma de vida transformada y trastornada en el entorno familiar y comunitario, entre otros múltiples factores que, en todos los casos, vienen a agravar una situación que de por sí se presentaba complicada antes de una contingencia que ha puesto todo de cabeza.

La capacidad de adaptación que a todos nos exige este momento, también debe exigírsele a nuestro Sistema de Justicia para constituirse en un insumo fundamental que permita fortalecer a la sociedad.

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