Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Qué desbarajuste provocaron las autoridades en el regreso o no regreso a las clases presenciales. Todo empezó desde el momento en que se decretó el semáforo epidemiológico en verde, aún habiendo contagios y mortandad por el coronavirus. Al principio se dijo que el semáforo estaría en verde cuando ya no hubiera contagios entre la población, cosa que no se cumplió, pues por cuestiones políticas y económicas a las autoridades les urgía el semáforo verde; de manera que lo decretaron, aún cuando por el número de contagios y muertes deberíamos estar en naranja y, tal vez, en algunos lugares en amarillo.

Queda claro que a las autoridades les importan más la política, la economía y el ego, por encima de la salud. De manera que decretado el semáforo verde, la siguiente orden anticipada fue regresar a clases presenciales el 7 de junio, como si las autoridades tuvieran el don divino o el poder mágico para saber que a partir de ese día se acabarían los contagios y las muertes, y que ya se podría llevar una vida normal. En tal virtud, la Secretaría de Educación Pública y las autoridades locales empezaron a presionar a los maestros, mediante sendos comunicados, para el regreso a clases presenciales a partir del lunes 7 de junio. Por su nobleza y responsabilidad, los maestros aceptaron las indicaciones, máxime que ya fueron vacunados. Sin embargo, en el proceso preparatorio empieza la confusión, la contradicción, el desbarajuste.

Por una parte y en forma terminante, las autoridades señalan a todas las escuelas y a todo el personal educativo que el regreso a clases es el 7 de junio; pero, por otra, indican que en cada Consejo Técnico Escolar se determinará si es viable o no el regreso a clases presenciales, en la fecha señalada, dependiendo de las condiciones de la escuela y de su entorno. Localmente, en las escuelas que están en mal estado, y por falta de agua, los consejos tomaron la decisión de no regresar a clases hasta que se reparen los daños en la planta física y se les dote de agua. Las autoridades de inmediato reaccionaron ante estas decisiones y manifestaron a los directivos escolares que no era optativo regresar o no a las labores, que las clases presenciales deberían empezar el 7 de junio, lo que generó confusión por las indicaciones contradictorias. Las autoridades de la entidad, semanas atrás, habían declarado que todas las escuelas del estado ya estaban en perfectas condiciones por el mantenimiento que se les dio; no fue así, pues, muchas escuelas están en malas condiciones. Luego, se establecieron fechas para que los consejos se reunieran presencialmente con el fin de programar la recepción y organización de los alumnos en sus escuelas; pero, inopinadamente, las fechas de reunión se cambiaron varias veces y, finalmente, se llevaron a cabo en línea y sin el debido orden. Estos cambios, sin justificación alguna, hicieron pensar a los maestros que faltaba seriedad por parte de las autoridades. Dentro del mismo proceso, a los directores de escuela se les indicó que era obligatorio, para los padres de familia, llenar un formulario en el que dieran su anuencia para que sus hijos asistieran voluntariamente a la escuela; al día siguiente se dio contraorden, que no era necesario que los padres de familia firmaran ese documento, pues sus hijos tenían derecho a la educación. Faltando tres días para el 7 de junio, la Secretaría de Educación y el titular del sindicato nacional tomaron el acuerdo que el regreso a las clases presenciales era voluntario para el personal educativo; por lo que hoy muchas escuelas están sin clases presenciales y en otras el personal está dividido, porque unos quieren voluntariamente asistir a la escuela y otros voluntariamente quieren seguir laborando en línea desde sus hogares. ¡Qué desbarajuste!