Es cierto que cada elección presidencial se cataloga como “la elección más grande e importante de la historia”, evidentemente por el crecimiento poblacional y los cambios en la agenda pública nacional. Sin embargo, el día de mañana se va a definir el rumbo de la democracia en México y la continuidad de un partido que está en vías de construir un régimen hegemónico con el objetivo de controlar los tres poderes de la unión. Más allá de la identidad partidista (la cual considero mermada y carente de vigencia en todos los partidos políticos), en esta ocasión se está comprometiendo la estabilidad democrática del país, por ello debemos tomar en cuenta el trasfondo institucional que está en juego y el impacto que tendrá en el futuro del país. En ese sentido, mi reflexión de la semana va encaminada a ello, a visibilizar la realidad tras bambalinas y la importancia de votar de forma responsable, informada y consciente sobre qué queremos para nuestra realidad local y nacional.
Durante el periodo de campaña, fuimos bombardeados de información sobre diferentes propuestas, pero sobre todo de ataques y descalificaciones entre las y los candidatos (ataques que, con el paso del tiempo, se han vuelto cada vez más viscerales). Las personas que no están involucradas en la vida política del país evidentemente tienen una tarea aún más compleja al momento de contrastar estos escenarios (reputación vs propuestas). Asimismo, a lo largo del sexenio se fueron gestando iniciativas en el Congreso de la Unión (Cámara de Diputados y Senadores) con la finalidad de reducir los “controles constitucionales” con la excusa de que es la voluntad del pueblo darle mayores atribuciones al poder ejecutivo o pasar propuestas contrarias al texto constitucional. ¿Qué son estos controles constitucionales? En palabras sencillas, son aquellos mecanismos mediante los cuales la ciudadanía puede defenderse en contra de los abusos del Estado en general (Juicio de Amparo, Controversia Constitucional y Acción de Constitucionalidad), quienes revisan dichos actos violatorios de derechos fundamentales son el Poder Judicial Federal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (también, en cierta medida los poderes judiciales locales intervienen mediante el control ex officio, sin embargo la atribución, en estricto sentido, de analizar estos casos es de la justicia federal). El parámetro que emplean las y los juzgadores federales para el ejercicio de su actuar es la Constitución y los Tratados Internacionales que México ha suscrito (bloque de constitucionalidad).
¿Qué tiene que ver esto con las elecciones? Estas iniciativas y ataques públicos que se hicieron en contra del PJF se efectuaron bajo una falacia al señalar que la voluntad del pueblo está en las mayorías parlamentarias, dado que la verdadera voluntad del pueblo radica en la propia Constitución, de ahí que existan justamente estos controles constitucionales para defender a las minorías que pueden verse afectadas por iniciativas violatorias de derechos humanos, actuaciones irregulares del Estado (en sus tres niveles) y finalmente para preservar la división de poderes. Ahí es donde nace el peligro latente de este nuevo discurso de votar por el mismo partido en toda la boleta y, peor aún, ampliar la mayoría legislativa (diputados y senadores) de un grupo de partidos que buscan disminuir los controles constitucionales para satisfacer intereses de grupo en detrimento de la democracia. Si las y los ciudadanos perdemos nuestra defensa legal ante las actuaciones injustas del Estado, no importan el resto de las propuestas que hagan las y los candidatos, porque eventualmente estaríamos indefensos ante cualquier acción estatal. El actuar del PJF siempre se debe analizar bajo esta óptica y no sobre el discurso actual que la coalición oficialista busca impulsar de forma irresponsable y antidemocrática al mentir públicamente sobre el trabajo de las y los juzgadores.
Finalmente, más allá de sugerir un voto encaminado a ciertas posiciones o propuestas en particular, considero que lo más importante (actualmente) es tomar en cuenta esta realidad institucionalidad, entender que lo que hace sumamente importante esta elección es que podríamos encaminarnos a perder nuestras únicas herramientas que tenemos para hacer frente a las injusticias cometidas por el Estado. Los gobiernos y las legislaturas van cambiando constantemente, los personajes políticos van y vienen, pero los efectos nocivos de las administraciones irresponsables las acabamos pagando nosotros. Podríamos hacer un análisis crítico sobre el daño catastrófico que ha cometido esta administración federal en materia educativa (improvisando los planes educativos, libros de texto y reinstaurando el neo corporativismo sindical), sin embargo, incluso el rumbo de la política educativa todavía puede enmendarse mediante presión política y mediática; pero, si se pierde la independencia judicial y los controles constitucionales, la ciudadanía quedará totalmente indefensa (política y jurídicamente) de los abusos estatales y estaremos en un régimen autoritario.
Finalmente, las convicciones personales se ven reflejadas en el voto, siempre podemos pensar nuestro voto de forma estrictamente individualista y es totalmente válido. Sin embargo, al hacerlo también están validando la posibilidad de que el régimen oficialista siga su rumbo hacia la captura total de las instituciones y dejar indefensa a la población. Así que sí, votemos por quien queramos, pero aceptemos las consecuencias de ello, pero no olvidemos que sin justicia no hay democracia.