Janette Rodríguez

“Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”.

La igualdad entre géneros no es sólo un derecho fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo próspero y equitativo; además, es indispensable para el desarrollo sostenible de la sociedad. No obstante, a pesar de los avances en las últimas décadas, las mujeres y niñas de todo el mundo siguen sin experimentar una igualdad de derechos real, ya que las mujeres siguen careciendo de una representación igualitaria tanto en la vida pública, política y económica, y continúan siendo objeto de discriminación, aun cuando muchos países incluso han logrado la creación e implementación de reformas en su legislación, los recursos y presupuestos para conseguir los compromisos contraídos para los derechos de la mujer no son suficientes. Sobre todo, si ponemos en perspectiva que 1 de cada 5 mujeres y niñas en el mundo ha sufrido violencia física o sexual por parte de un familiar o de su pareja. De acuerdo a la UNICEF, en la actualidad más de 230 millones de niñas y mujeres vivas; 200 millones han sido víctimas de prácticas lesivas como la mutilación genital femenina y enfrentando obstáculos respecto a sus derechos sexuales y reproductivos.

El ODS 5 pretende facilitar a las mujeres y niñas igualdad en el acceso a la educación y atención médica, en las oportunidades para conseguir un trabajo digno y en la representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas.

En este sentido, es importante visibilizar que América Latina es, a nivel mundial, la región con mayor número de mujeres electas en los Parlamentos nacionales. No obstante, la gran mayoría de los países latinoamericanos y caribeños están lejos de alcanzar la paridad de género en los órganos legislativos y en otros ámbitos de la política. Podemos atribuirlo a que uno de los obstáculos más grandes, y en ocasiones menos visibles, a los que se enfrentan las mujeres en política es la violencia y la intimidación de género. Muchas de las mujeres que se incorporan al mercado laboral buscando empleo y no logran acceder a él o se insertan en trabajos de baja calidad, aunado a que la mayoría de los países latinos tienen un menor ritmo de creación de empleos, lo que ha dado lugar a un aumento del desempleo femenino, que sigue siendo superior al de los hombres.

En el ámbito laboral, las empresas juegan un rol clave en este sentido, debiendo adoptar a nivel interno políticas y procedimientos para garantizar los mismos derechos y oportunidades laborales a la mujer e invirtiendo a nivel externo en programas de empoderamiento económico de las mujeres y niñas, fomentando así el crecimiento económico y el desarrollo social. Además, cuando se trata de avanzar en la igualdad de género, las organizaciones tienen un papel importante que desempeñar y mucho que ganar. Las empresas con un nivel alto de mujeres en su equipo ejecutivo tienen un 21% más de probabilidades de registrar ganancias superiores al promedio que las empresas con niveles más bajos.

Definitivamente, se requiere que las políticas públicas laborales incorporen la perspectiva de género, por ejemplo, a través de la remuneración del trabajo doméstico y de cuidados. La adaptación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible al contexto local y la integración de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en los espacios locales son acciones centrales para la erradicación de la pobreza, la reducción de las desigualdades y la gobernabilidad y la paz.

Las encuestas de uso del tiempo de 18 países de América Latina y el Caribe muestran que las mujeres dedican al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado entre un quinto y un tercio de su tiempo, mientras que en el caso de los hombres esta proporción es de alrededor de un décimo.

Por ello, citaré algunas recomendaciones para alcanzar el ODS 5 emitidas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que señalan que es vital:

    • Reconocer y valorar el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado mediante servicios públicos, infraestructuras y políticas de protección social.
    • Promover la responsabilidad compartida entre hombres y mujeres en el hogar es fundamental en una región donde la división sexual del trabajo constituye uno de los nudos estructurales de la desigualdad de género.
  • Posicionar y visibilizar el tema de la igualdad sustantiva de las mujeres y las niñas en las agendas nacionales, subnacionales y locales, y reconocer el enfoque de género como eje del desarrollo y la prosperidad de los territorios, junto con promover el emprendimiento de las mujeres para propiciar su liderazgo en la concertación de políticas públicas, el bienestar social y la gobernanza en múltiples niveles del desarrollo local, es iniciar los cambios estructurales y socioeconómicos necesarios para que las mujeres participen en las economías locales con los mismos derechos y en las mismas condiciones que los hombres.

Janette Rodríguez
Directora General DIA1
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