Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Se quedó en que Pulgarcita “se envolvió en una hoja seca, pero no conseguía entrar en calor; titiritaba de frío. Junto al bosque, donde ella estaba, se extendía un gran campo de trigo; lo habían segado hacía tiempo, y sólo asomaban en la tierra helada los rastrojos secos. La pequeña caminó por esos terrenos. Llegó frente a la puerta del ratón de campo, que tenía un agujerito debajo de los rastrojos. Allí vivía el ratón, bien calentito y confortable, con una habitación llena de grano, una magnífica cocina y un comedor. La pobre Pulgarcita llamó a la puerta como una pordiosera y pidió un trocito de grano de cebada, pues tenía dos días sin probar bocado. __ ¡Pobre pequeña! __ exclamó el ratón, que era ya viejo, y bueno en el fondo__, entra en mi casa, que está bien caldeada y comerás conmigo __. Y como le fue simpática Pulgarcita, le dijo: __Puedes pasar el invierno aquí, si quieres cuidar la limpieza de mi casa, y me cuentas cuentos, que me gustan mucho. Pulgarcita aceptó lo que el viejo ratón le pedía. Un día cuando Pulgarcita aseaba la casa del ratón, en el suelo encontró una golondrina muerta. La infeliz avecilla había muerto de frío. A Pulgarcita se le encogió el corazón, pues quería mucho a los pajarillos, que durante todo el verano habían estado cantando y gorjeando a su alrededor. Pulgarcita se inclinó sobre la golondrina y, apartando las plumas que le cubrían la cabeza, besó sus ojos cerrados; diciendo: ¡Quién sabe si será aquella que tan alegremente cantaba en verano. Cuántos buenos ratos te debo, mi pobre pajarillo! Apretó en su cabeza el pecho del pájaro y tuvo un estremecimiento: le pareció como si algo latiera en él. Y, en efecto, era el corazón, pues la golondrina no estaba muerta, y sí sólo entumecida. El calor la volvió a la vida. Le puso algodón en su alrededor, corrió a buscar una hoja de menta que le servía de cubrecama, y la extendió sobre la cabeza de la golondrina; dándole de comer en seguida. Días después, la vio mucho mejor. __ ¡Gracias, mi linda pequeña!__ murmuró la golondrina. El pájaro se quedó todo el invierno en el subterráneo, bajo los amorosos cuidados de Pulgarcita; sin que lo supiera el ratón. Llegó la primavera y el sol empezó a calentar la tierra. La golondrina salió del agujero y volvió a ver los hermosos rayos del sol. Contenta, le dijo a Pulgarcita: si quieres irte a tu casa, puedes montarte sobre mi espalda y te llevo. Pulgarcita, con alegría, le dijo que sí. Fue a darle las gracias al ratón, y regresó a su casa, donde por años fue muy feliz.

Aprendizajes
Los padres de familia, sobre todo, los que están apoyando a sus hijos en los estudios están más conscientes ahora que unos muchachos se dedican al estudio con responsabilidad y esmero; que otros realizan los trabajos a regañadientes, renegando de las lecturas y tan sólo escriben dos o tres renglones para luego dedicarse a otras cosas; pero hay otros que no quieren hacer nada, sólo quieren jugar y hacer travesuras. Esa es la diversidad en los hijos, y pensar que todos requieren ser formados para que sean útiles a sí mismos, a la familia y a la sociedad. Los maestros, por su parte, se están dando cuenta que es necesario conocer cuántos alumnos y quiénes disponen de herramientas para trabajar en línea; cuántos de éstos saben usar, correctamente, aplicaciones en programas académicos; y están reconociendo que se requieren estrategias didácticas adecuadas para los alumnos que no cuentan con los dispositivos electrónicos; pues todos tienen que aprender. Y las autoridades, aparte del discurso, ya saben lo que tienen que hacer en adelante.