¿A qué San Juan estará dedicado el cerro que lleva ese nombre, ese que es la segunda altura de la Sierra de Tepezalá; el mismo que visto desde cierta perspectiva parece un gran león que descansa mientras observa algo que ocurre en el nororiente; ese que se yergue orgulloso entre los valles de Aguascalientes y Loreto; el eterno compañero del cerro de Altamira? ¿A cuál de todos? ¿Al Bautista o al Evangelista, o será al De la Cruz o al de Dios, o al que quizá fuera mi pariente, san Juan de Sahagún? ¿Será aquel que evoca Rosario Castellanos en su novela Oficio de Tinieblas: San Juan, el Fiador, el que estuvo presente cuando aparecieron por primera vez los mundos? De seguro no a san Juan Diego, que es un santo muy nuevo; más que el nombre de ese cerro, que en mi inútil opinión es el más interesante de los que hay en la región, por su forma, por la combinación de sus materiales, y desde luego por sus reliquias monumentales…

A propósito de esta altura, uno de los datos de mi currículum vitae que más me enorgullecen, aunque no sirva de nada, es el haber subido a todas las cumbres de la Suave Matria, del Cerro de la Ardilla, en la Sierra Fría, a Juan Grande en El Llano, pasando por el Muerto más bello de este mundo, Guajolotes, anexos y conexos de la República Mexicana.

Pero en todo caso lamento que en el caso del de San Juan, me quedé a medio camino de su extremo occidental, por exceso de cansancio, y quizá de un poco de edad; entonces mi visión del Valle de los Romeros se vio obstaculizada por el lomo de la montaña -¿o era el cuello del león?-, aparte de que tampoco pude ver Tepezalá, ahí nomás, abajito, y Rincón de Romos al fondo… Pero eso sí: pude ver el Cerro de los Gallos -¿es ese el cerro de Juan chico?- al sur, y el extremo norte del valle, allá donde muere la Sierra de Guajolotes, en Cosío. Lástima, porque ahora sí que tengo exceso de edad como para andar en esos menesteres. Entonces, sólo me queda la imaginación, que por fortuna no es cualquier cosa.

En fin, que mientras se resuelve semejante trascendental incógnita sobre a cuál San Juan está dedicada la cumbre, me enfoco en un rancho que se encuentra al sur de esta altura, literalmente empotrado en la montaña, mirando hacia el sur. Me refiero a Puerto de la Concepción, un poblado que se encuentra camino de ningún lado hacia ninguna parte, cosa que lo convierte en un pueblo mágico; auténtico pueblo mágico, un pueblo en medio de la nada. Y lo diré de broma, o por la inercia de esta caracterización turística de moda que califica a un lugar como tal, tan socorrida hoy en día, pero la verdad… Hay 2 lugares en Aguascalientes que me provocan una euforia reverencial, algo mágico, excepcional, como si el horizonte de la Historia; la que conozco y amo, la que me construye y delinea mi personalidad y sensibilidad; la Historia que es como unos anteojos con los cuales experimento la realidad; la Suave Matria y también la Patria; el mundo, la Historia que presiento y sigo conociendo con emoción desbordada, la Historia de las personas y las piedras, las naturales y las que son expresión del ingenio humano; la Historia de las sociedades. Digo que estos dos lugares son como puertas de la percepción que se abren para mí y me permiten transitar al pasado, a un mundo poblado de fantasmas y belleza; de Historia. Se abren y me ofrecen una perspectiva diversa a la de mi vida cotidiana, altamente enriquecida por el silencio del aire, la monumentalidad del paisaje, las piedras de años, la arquitectura, el paisaje, el silencio, las esculturas… Uno de ellos es Puerto de la Concepción; el otro es el Museo de Aguascalientes…

Por cierto que Tepezalá fue designado geositio en el Geoparque UNESCO de Aguascalientes que se impulsó hace varios años, esto porque hay zonas como de piedra viva, que permiten el estudio de la Tierra; las paredes, los diversos estratos. Es como si en estos lugares en particular la piel de la Tierra se abriera a la contemplación de nuestro padre el Sol, y el aire, y desde luego de nosotros.

Aquí lo que sobran son las piedras, y son tan duras que en algunas partes las tuberías del agua van más bien superficiales; como que escarbar es muy complicado.

En fin, publico ahora estas líneas porque el próximo viernes 17 de mayo Puerto de la Concepción celebra su fiesta principal, dedicada a san Pascual Baylón, un santo español que quién sabe cómo fue que llegó al rancho. Entonces el pueblo, de suyo solitario y silencioso, se anima y se llena de gente, incluso venida de los Estados Unidos, y la música de las danzas que se hace presente. El triángulo que hace las veces de explanada para entrar al templo se convierte en el campo en el que luego de la comida, se presenta la danza de pluma, una de las más interesantes y excepcionales del estado, que incluye una lucha por una meca, eco lejano de la conquista; mestizaje vigente. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).