La semana pasada, mi hija Julieta de 9 años me hizo un comentario que me tomó desprevenido: «papá, qué triste es que te roben una idea». Mi reacción fue de sorpresa y curiosidad, así que le pregunté por qué decía eso. «Es que hoy en el curso de verano, mi amiga y yo inventamos un juego. Jugamos a emular MyCraft (un videojuego donde cada usuario crea y construye sus mundos virtualmente) pero en la vida real. Comenzamos a construir y armar distintas áreas del museo, eran nuestros niveles. Un compañero se acercó y nos preguntó a qué jugábamos. Le explicamos y rápidamente él invitó a otros. Al poco tiempo, prácticamente todo nuestro grupo estaba jugando y ese niño les dijo a los guías y a los demás compañeros que él había creado dicho juego y que era su idea». Mi amiga y yo nos miramos sorprendidas, con una sensación de molestia y tristeza, porque él seguía diciendo a todos que había «inventado» dicho juego. Vi la oportunidad para que mi hija pudiera aprender sobre registros, propiedad intelectual y patentes, así que rápidamente le comenté que existían reglas y entidades donde ella podía registrar ideas, marcas, productos y procesos para protegerlos y ser reconocidos, a lo que ella quedó sorprendida e interesada.

Coincidentemente, el día de ayer 26 de abril se celebra el Día Mundial de la Propiedad Intelectual, con la finalidad de proteger la innovación e invención en el mundo. Dicha conmemoración impulsada por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) busca hacer hincapié en la importancia de un sistema equilibrado de propiedad intelectual para reconocer y recompensar a los inventores y creadores por su trabajo, así como garantizar que la sociedad se beneficie de su creatividad e ingenio.

Pero según especialistas en México, se desconocen los pasos para el registro de la protección industrial (marcas, modelos de utilidad, patentes, etc.), así como los derechos de autor (obras literarias, musicales, artísticas, entre otros). Como ejemplo, Eduardo Kleinberg, socio administrador en Basham, Ringe y Correa, dice que «en sus más de 30 años de experiencia, ha visto casos de éxito y de fracaso de empresas en materia de propiedad intelectual. Sobre todo, los pequeños y medianos empresarios no tienen la asesoría adecuada. Empiezan a trabajar, a desarrollar ideas, a generar una clientela bajo una marca y de pronto se dan cuenta de que alguien ya tiene registrada esa marca, alguien ya había protegido por derechos de autor su obra» (El Economista, 2024).

Tenemos que ser conscientes y promover una cultura de la protección de las ideas, ya que el conocimiento es un factor de desarrollo muy poderoso en la actualidad. Las ideas y el conocimiento impulsan el desarrollo de ciudades y sociedades, ya que es lo que les permite insertarse en la economía global y aprovecharla virtuosamente.