Prohibido Rendirse 25 de Noviembre

Por José Manuel Valdez Gutiérrez 
#SoyTormenta
#KmLife
jmvaldezg7@gmail.com

Año de 1983, los comienzos de una de las décadas más revolucionarias en la historia cotidiana de México y en general del planeta, en la radio suena una y otra vez “Todo a pulmón” de Alejandro Lerner o la insuperable “Total Eclipse of The Heart” de Bonnie Tyler y para los jóvenes en Aguascalientes comienza a quedar claro que perseguir los sueños es la única manera de alcanzarlos.
Un joven alegre y sonriente caminaba por los barrios de Aguascalientes, Rafael Macario Carlos, servicial, buen hijo, buen hermano y entrañable amigo se manifestaba como un talentoso futbolista, por lo que su hermano Enrique no dudó un instante en llevarlo a probar suerte para que pudiera alcanzar sus sueños. Debutó como profesional en la temporada 83-84 con Panteras de Aguascalientes de segunda división «B» y rápidamente se ganó un lugar en el futbol, pasando por Panteras de Torreón, La Piedad de segunda división «A» (lo que es hoy primera A) y finalmente en la temporada 86-87 su debut con el equipo de Morelia de primera división en un encuentro contra la selección de Alemania que estaba de campamento en la ciudad antes del mundial de 1986.
Dentro de sus amigos de época se encuentran figuras como “El Cadáver” Valdez, Enrique Macario, Arturo Reina, Mario Díaz, Sergio Verdirame, Olaf Heredia, Juan Carlos Vera, Humberto Roon, “Fantasma” Figueroa, entre otros, que si bien no obtuvieron títulos del máximo circuito, siempre se presentaron como un cuadro alegre, dinámico y letal, que hacía muy complicado el jugar en Morelia durante la temporada y un acérrimo rival en las liguillas y provocaron que el estado de Michoacán se planteara el construir el estadio Morelos, debido a la enorme cantidad de seguidores locales y foráneos que se daban cita para disfrutar de ese alegre futbol.
Macario fue partícipe de uno de los hechos históricos más recordados por su rareza y que a ojos de propios y extraños levanta sospecha… En la temporada 88-89 en la semifinal del torneo, jugaron contra el equipo del América en la ciudad de Morelia, el encuentro concluyó con un empate a dos por bando y en el partido de vuelta en el Estadio Azteca de la Ciudad de México con otro empate a tres en tiempo extra, por lo que el árbitro dio el juego como ganado para la escuadra de Morelia y eliminaban al gran favorito, sin embargo dos horas después de finalizado el juego, se presentaron en el vestidor visitante autoridades de la FMFUT, sacaron del vestuario a los jugadores para a tirar penales argumentado que el gol de visitante en tiempo extra no contaba, algunos de ellos incluso se encontraban ya sin uniformes y con ropa de calle… Ése momento, en palabras de Macario, terminó por marcar su vida, y es que pocas cosas son peores que le roben la ilusión a un joven.
Pero “El Maca” como se le conoce, no dejaría de buscar su grandeza, “agradecido con Dios” como siempre se manifiesta, regresó a la localidad para formar una empresa de uniformes deportivos y dirigir a jóvenes, que como él en su momento, tienen hambre de gloria deportiva; director del equipo de futbol del Instituto Tecnológico de Aguascalientes ITA, ha visto desfilar a millares de jóvenes y aunque muchos lo recuerdan por aquel gol que le hizo a Tigres en su debut. Si de verdad se quiere conocer la grandeza del buen Macario, no puedes limitar tu vista a su historia deportiva, o al campo de futbol del ITA, se requiere ver a todos esos ingenieros y licenciados que hoy sostienen el ámbito empresarial y productivo de nuestro estado, esos profesionistas a los que tiempo atrás cobijó y orientó en momentos de decisión en su vida académica y personal, invitando a comer a quien lo ocupara o escuchando atentamente al adolecente más desorientado, Macario no es sólo un futbolista, ni un entrenador, él es hoy por hoy un guerrero alegre y sonriente que camina por los barrios de Aguascalientes.

Rafael Macario Carlos, un ejemplo de vida.

(Fotos de: Rafael Macario Carlos)