Existen en el mercado productos que no son derivados directos del tabaco, aunque engañosamente se promocionan como si lo fueran, por lo que su comercialización se encuentra prohibida, destacó el titular de Regulación Sanitaria del ISSEA, Octavio Jiménez Macías.
Precisó que tan ilegal es la venta de cigarros sueltos, como las cajetillas que clandestinamente llegan de otras naciones, y utilizan como gancho un menor precio, pero se desconocen los insumos y procedimiento de producción.
Por su bajo costo, tienen mayor penetración en niños y adolescentes, lo que fomenta el consumo de tabaco a temprana edad, además que se han identificado productos de distintos sabores o con menciones que refieren ser menos dañinos que otros, emitir menor cantidad de humo o provocar menor olor, pero sólo se trata de publicidad engañosa.
En cuanto a los vapeadores, cigarros electrónicos, e-cigarrets y el denominado “cigarro sin humo”, a pesar del daño que pueden ocasionar a la salud, hay quienes los consumen como sinónimo de glamour.
Algunos de ellos se comercializan como alternativas para dejar de fumar o con efectos “menos agresivos” a la salud de las personas, sin embargo, no hay evidencia científica de ello.
Hay instrucciones de la autoridad sanitaria federal, para el aseguramiento de estos productos e imposición de multas, mediante el esfuerzo de acciones de vigilancia; se procede al aseguramiento y destrucción, independientemente de la responsabilidad penal que pueda derivar por la comercialización de productos ilegales.
Adicionalmente, las empresas de paquetería y mensajería con servicios internacionales, deberán abstenerse de distribuir cigarros electrónicos, vapeadores o accesorios que provengan del extranjero, por lo que podrán hacerse acreedoras a sanciones administrativas por montos cercanos al millón de pesos por infracción cometida.
Advirtió que los cigarros ilegales constituyen un mayor riesgo a la salud de la población que los cigarros que se comercializan cumpliendo la normatividad vigente, ya que puede tratarse de producto falsificado, adulterado o incluso, elaborados con compuestos químicos potencialmente tóxicos y distintos a la planta del tabaco y por tanto, no se puede identificar el comportamiento de dichas sustancias en el organismo.
La lucha contra la venta de estos productos se ha intensificado en los últimos tres años.