1ª Función
“LA GRAN MURALLA” (“THE GREAT WALL”)
La arrebatadora, adusta y muy ágil heroína china en este filme, la Generala Lin Mei (Tian Jing) le dice en un punto de la cinta al mercenario occidental y caucásico William Garin (Matt Damon) que ambos no son tan diferentes uno del otro. Por supuesto, lo que en realidad quiere decir es que China y Estados Unidos son países cada vez más parecidos, y éste es el mensaje central de “La Gran Muralla”, el debut en el cine anglófono del excelente cineasta asiático Zhang Yimou quien pretende armonizar la unión de ambas naciones a través de una aventura donde primero se atraviesa por una carnicería para obtener el noble fi de la unión continental, algo pertinente en una época donde la nación más poderosa del mundo pretende hacer valer su reputación de fortaleza con un dirigente autoritario y opresor. Tal lectura entre líneas es lo más interesante de este proyecto que hecha cualquier evento histórico por la borda y decide narrar la construcción de la Muralla China, una de las Siete Maravillas del mundo, desde una óptica muy particular, pues aunque siempre se nos dijo que tan monumental barrera se erigió para mantener a raya a los invasores mongoles y hunos, la cinta revela que su propósito fue el defender al país oriental de una horda de monstruos reptilescos que devoran todo a su paso. Superado el asombro y la incredulidad ante la descabellada premisa, la película resulta un espectáculo facilón y entretenido en su nivel más básico sostenido por la acostumbrada puesta en escena majestuosa y las ricas composiciones a las que nos tiene acostumbrado el director, pero el rutinario guión ubicado en el siglo XV sobre dos mercenarios occidentales (Damon y el chileno Pedro Pascal) que terminan prisioneros por el ejército chino sólo para asistirlos como estrategas y elementos decisivos en la batalla contra la amenaza ya mencionada (la cual, parece, es de origen extraterrestre) es la misma fantasía imperialista a la que el cada vez más despistado Edward Zwick (“El último Samurai”), parte del equipo de guionistas, ya nos tiene acostumbrados. Bien ejecutada y profesionalmente dirigida, “La Gran Muralla” es un gozo para ver, pero la barrera que plantea lo predecible y soso de su argumento impide que se disfrute plenamente. Recomendable sólo para público muy poco exigente e históricamente despistados.

2ª Función
“EL ARO 3” (“RINGS”)
En verdad que los gringos simplemente no escarmientan. Esta saga sobre un videocassette maldito que trae la muerte siete días después a quien lo vea agotó todos sus recursos hace tiempo en Japón, el país donde surgió cortesía del director Hideo Nakata y el novelista Koji Suzuki, pero los estudios Paramount, desesperados por un éxito al ver que ninguna de sus cintas recauda un quinto en taquilla, decidió resucitar la franquicia con este bodrio monumental producto de dicha impaciencia y no orillados por contar una historia siquiera interesante. “El Aro 3” niega todo lo contado en las cintas anteriores y, aún cuando el enigma de la misteriosa niña llamada Samara que atraviesa cualquier pantalla para malograr a su víctima quedó más que resuelto, ésta regresa para atormentar a una joven que ve su video embrujado cuando trata de entender el por qué su novio, quien se encuentra lejos estudiando en una universidad, no le quiere contestar sus mensajes. Resulta que en dicho recinto académico trabaja un profesor (Johnny Galecki) quien desea estudiar al espectro de Samara para “entender el alma humana” (¿!) y crea un club del suicidio donde estudiantes ven el video, invocan a la niña, y se salvan pasando una copia digital de las imágenes a otro para que a su vez repita el proceso. La protagonista, llamada Julia (Matilda Lutz) emprende la misma serie de pesquisas que los personajes principales de todas las otras cintas, norteamericanas y japonesas, realizaron para tratar de entender y detener al vengativo espectro. Como el guión no ofrece absolutamente algo nuevo, ni siquiera escalofríos medianos, entonces deberíamos quedarnos con la dirección del español F. Javier Gutiérrez, pero ésta es tan rutinaria y desprovista de sentido que nos quedamos en un vacío casi tan profundo como el pozo de donde surge Samara. “El Aro 3” termina siendo algo tan malo, aburrido y desechable que bien debería quedarse enterrada junto con el fantasma protagónico.

3ª Función
“LA RAZÓN DE ESTAR CONTIGO” (“A DOG’S PURPOUSE”)
No sé que resulta más insólito después de ver este insufrible drama canino: que la cinta banalice cualquier posibilidad de exploración metafísica al darle ni más ni menos que a un perro la habilidad de reencarnar continuamente sólo para… reencontrarse con su primer dueño (hablando de tramas papanatas) o que el otrora director de prestigio Lasse Halstróm (“Pelle El Conquistador”, “Chocolat”) haya caído hasta estos abismos de complacencia y cursilería repelente. Como ya se anotó, la trama gira en torno a un perro quien, mediante su voz en off, conoceremos su perspectiva mientras asiste incondicionalmente a cada dueño que le toca hasta su inevitable muerte, sólo para que su espíritu (¿Alma?) renazca en otro can de distinta raza y una vez más nos aburra con lo súper buena onda, noble y maravilloso que es. Cero profundidad, nula exploración psicológica y una historia digna del basurero, resulta increíble que los amantes de los animales siquiera dignifiquen la existencia de cintas tan triviales y mentecatas como ésta con su favor en la taquilla. Supe de un escándalo que se produjo al filtrarse a los medios un video donde se veía al equipo de producción arrojar a uno de los perros forzosamente a una alberca donde se simulaban aguas turbulentas para una escena, lo que indignó de sobremanera a los canófilos alrededor del mundo (pero que permanecen imperturbables ante el abuso a mujeres, menores y homosexuales). El verdadero ultraje es esta película, la cual pretende vender como un drama conmovedor la patética excusa de trama que posee, haciendo que quienes valoran un guión de calidad tengan una verdadera tarde de perros.

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