“BARB Y STAR VAN A VISTA DEL MAR” (“BARB AND STAR GO TO VISTA DEL MAR”) – HBO MAX

Existen, en la actualidad, pocas oportunidades en Hollywood para que mujeres de la mediana edad estelaricen una película donde se explore la realidad de sus transformaciones emocionales, psíquicas e intelectuales, una vez cruzado el umbral de los 40. “Barb y Star Van A Vista del Mar”, un proyecto escrito y protagonizado por las comediantas Kristen Wiig y Annie Mumolo, lo hace, pero desde una antitética, en cuanto a que no se lo toma en serio en ningún momento. De hecho, quien espere ver una historia que aborde con madurez y formalidad la crisis de los cuarenta, se sentirá muy decepcionado por la descacharrante postura que las actrices adoptan para expresar su sentir sobre su momento vivencial y logran que funcione porque, entre los elementos bizarros, guarros y de pastelazo que adornan su película, yace, entre líneas, un discurso inteligente y sensible sobre el abandono de su juventud  para hacer frente a la veteranía. Barb (Mumolo) y Star (Wiig) son dos entrañables amigas de prolongada labia que, al ser despedidas de sus empleos en una tienda departamental, deciden tomar unas vacaciones a Vista del Mar para superar la crisis. En el lujoso resort (por cierto, filmado en locaciones de Cancún) conocen y se enamoran de Edgar (Jamie Dornan), un sujeto carismático y gentil que trabaja en secreto para una nefasta supervillana albina de nombre Sharon (también Wiig), quien ha planeado desatar un enjambre de letales mosquitos mutantes en ese lugar por despecho a un evento acontecido en su niñez. Aspectos absurdos en la trama como éste serán su moneda corriente, pues, además, habrá ocurrentes números musicales, un cangrejo que expresa su sabiduría con la voz de Morgan Freeman y un chiquillo sabihondo y regordete que asiste con afán a Sharon. Lo interesante es que todos estos componentes aportan a la somera disección que se hace sobre las protagonistas, su vida y relación mutua, la cual es una de inconmensurable apego, eternas charlas sobre bobadas (pero graciosamente escritas y enunciadas) y codependencia producto de malas relaciones amorosas en el pasado. Al final, la colorida y apastelada paleta cromática de la cinta y su encomiable narrativa optimista la hacen un filme disfrutable y más sólido de lo que sus aparentes ñoñerías pudieran sugerir, por lo que no hay que dejarse engañar y darles una oportunidad a estas dos amigas parlanchinas.

“VAL” – AMAZON PRIME VIDEO

La estampa del actor Val Kilmer, otrora galán imbatible en las salas cinematográficas de los 80 y 90, se ha visto vapuleada por factores personales y profesionales, aunado a su misantropía crónica, que lo ha alejado de los reflectores los últimos 15 años. Ahora, con este documental escrito por él mismo, tomando como base las incontables grabaciones que realizó durante su vida desde muy joven, donde pretende fundamentar una personalidad que acrisola problemas familiares, películas icónicas y su ego monumental (este último factor, integral para la creación de este trabajo, pues sólo el desmedido amor propio orilla a alguien a hablar de sí mismo para mostrarse como un protagonista insoluble en una carrera que habla de fallos creativos y conflictos con quienes lo llevaron al estrellato). La senda que se plantea es una cronología narrada por su hijo Jack (Val se recupera de una serie de tratamientos y operaciones por cáncer en la garganta que lo obliga a comunicarse con un micrófono electrónico conectado a su tráquea) que retoma los puntos clave en la vida del histrión y las películas clave en su filmografía. Las reflexiones que arroja suelen informar, sobre su perspectiva, en determinado punto de su historia, pero poco añaden a la capa de lectura que debe generar en cuanto a su sentir o motivación sobre tal o cual elección, por lo que mucho de lo que vemos es propiamente documental, en cuanto a que tan sólo expone en frío la información, y esto lacera el resultado, pues podemos detectar las aristas emocionales que su relato produce, como la relación con su padre estafador o mendrugos de información sobre su interacción con algunas de sus coestrellas como Tom Cruise y Sean Penn, que pudieron vertebrar una narrativa más rica y sólida, de ahondar más al respecto. Hay momentos en que este trabajo adquiere fuerza, como el abordaje sensible a la muerte de su hermano, quien le enseñara cómo utilizar una cámara para registrar su cotidiano, pero el ritmo desfragmentado diluye toda intención de introspección. “Val” es una labor de autocondescendencia fraguada por su autor para exorcizar algunos demonios, crearse otros y justificar, de alguna manera, su postura enérgica y, para muchos en la industria, déspota, y, por ello, no logra despegar como debiera. Es como revisar un álbum de fotos ajeno donde el contexto se produce nada más por lo que vemos y alcanzamos a percibir con someras intervenciones que hablan más sobre lo que pudo ser que sobre lo que realmente es o implica ser Val Kilmer.

“DULCE NIÑA” (“SWEET GIRL”) – NETFLIX

El problema con los thrillers sobre venganzas personales es que suelen ser muy unidireccionales, pues toda la narrativa se concentra en el seguimiento paulatino que realiza el o la protagonista, hacia quienes lo o la agraviaron, hasta llegar al catártico clímax donde pagará y sobrevivirá quienes deban hacerlo. “Dulce Niña”, una producción exclusiva de Netlflix, procura darle una literal vuelta de tuerca a este lineamiento en el tercer acto, con resultados inverosímiles, que, para varios espectadores, puede constituir el derrumbe de lo ya construido o tal vez encontrarlo lo suficientemente original para ensalzar el riesgo creativo. Por supuesto, no revelaré de qué se trata, por lo que baste decir que infortunadamente me encuentro entre los primeros. Jason Momoa (“Aquaman”) protagoniza esta cinta interpretando a un rudo y fornido hombre trabajador de nombre Ray Cooper, que pierde a su esposa debido al cáncer por los intereses económicos de un líder farmacéutico que no libera la medicina que pudo salvarle la vida. Después de imprudentemente amenazarlo de muerte durante una entrevista en CNN, dedica su vida a cazarlo hasta liquidarlo, asistido por su hija Rachel (Isabela Moner), adolescente inteligente y resoluta fiel a la causa de su padre. Algunos puntos argumentales los conducirán a una intriga de alcances gubernamentales, por lo que ambos serán perseguidos por las agencias federales mientras tratan de eliminar a los involucrados. La dirección de Brian Mendoza logra conjurar atmósferas urbanas y naturales con rasgos ominosos mientras que Momoa y Moner cuajan una química adecuada, hasta que, en el afán por sorprender al espectador, se produce un cambio de tónica posterior al desarrollo que pretende ahondar en el conflicto psicológico de Rachel, quien sacrifica su vida por la causa de su padre, sin que se cohesione alguna justificación argumental, por lo que resulta forzado. Hasta este punto, la cinta funciona correctamente en todo nivel sin superar algo previamente presentado en otras películas, por lo que las reservas sólo aplican para la última media hora, totalmente inconexa al intimismo y emotividad confeccionados. Véala y saque conclusiones.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com