Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“HOTEL TRANSILVANIA 4: TRANSFORMANIA” – AMAZON PRIME VIDEO
Esta serie sobre monstruos jocosos liderados por el Conde Drácula y el insufrible humano con el que se emparenta a través de su hija vampiro ya pide a gritos un descanso. La primera cinta ya repelía por su insulsa trama y personajes enervantes, por lo que en este punto ya sólo la vemos por inercia referencial o a la fuerza en aras de la convivencia familiar. En esta ocasión Drácula quiere jubilarse y dejar el hotel en manos de su hija Mavis y el tarolas de su esposo Jonathan, pero cuando se percata el desastre que resultaría se echa para atrás y le miente a su yerno que sólo los monstruos pueden heredar propiedades como ésa, por lo que el muchacho babas decide transformarse en uno ayudado por un artefacto creado por el grotesco Van Helsing y, en el proceso, Drácula y sus compas (el monstruo de Frankenstein, el hombre invisible, el hombre lobo y la momia) pasan a ser humanos, por lo que la aventura en turno será localizar la gema que les permitirá regresar cada uno a su estado natural. Sobra decir que los chistes otra vez se afianzan de lo elemental, la obviedad y la escatología y que la historia aunque luche por procurar cierto efecto dramático basándose en la identidad y la forzada unión entre Jonathan y Drácula sin sus facultades vampíricas para que ambos entiendan lo que es estar en los zapatos de otros esto, a fin de cuentas, es un escaparate para sacarle la risa fácil a los niños (y supongo a uno que otro adulto despistado) únicamente para perpetuar la franquicia, echando de menos la dirección del creador Genndy Tartakovsky -ahora dirigen los insípidos Derek Drymon y Jennifer Kluska- quien por lo menos entendía que su ritmo frenético no debe divorciarse de los aspectos básicos del lenguaje cinematográfico. Ojalá alguien ya le ponga una estaca en el corazón a ésta mamarracha serie.

“EL BAR DE LAS GRANDES ESPERANZAS” (“THE TENDER BAR”) – AMAZON PRIME VIDEO
No todos los libros están hechos para ser películas y no todas las autobiografías resultan tan apasionantes como para plasmarlas en libros, pero todo el paquete es lo que tenemos ahora con “El Bar de las Grandes Esperanzas”, una adaptación fílmica cortesía del siempre correcto George Clooney al moroso texto de J. R. Moehringer, cuya infancia en el Long Island de los 70’s y subsecuente juventud no basta para reclamar la atención de lectores o audiencia, pues su vida no es algo que apasione, y para muestra la trama: J. R. (Daniel Ranieri) es un chiquillo de 9 años que se ve obligado a vivir en la casa de su abuelo (Christopher Lloyd) porque su padre, un locutor radiofónico de éxito conocido como La Voz (Max Martini) los ha abandonado. Su madre (Lily Rabe) es una mujer que lucha por darle una buena vida mientras que su tío Charlie (un espléndido Ben Affleck) será la figura paterna sustituta al mostrarle diversas facetas de la vida tanto propias como las de su clientela en el bar que él regentea. Dicho antro será crucial para el futuro profesional del chico, pues el lugar no solo lleva por nombre “El Dickens”, también está lleno de los textos que caracterizaron al victoriano autor inglés Charles Dickens que, debido a la semi-orfandad en la que se encuentra el niño, resulta un retruécano alegórico algo obvio. Con el paso de los años y después de varias estampas supuestamente entrañables con su tío en la playa, en el boliche y un peculiar grupo de amigos que consiste en los borrachines del bar, J. R. crecerá para ser interpretado por Tye Sheridan y luchar por un lugar en las filas de la Universidad de Yale con el fin de titularse como un prestigioso abogado mientas labra experiencias propias como enamorarse de una evasiva intelectual llamada Sidney (Brianna Middleton). Clooney lo hace todo de la manera correcta, narrando su historia con ritmo inofensivo y una exasperante linealidad que no se atreve siquiera a asomarse fuera del convencional trayecto que se declara desde el inicio de la cinta, el cual es mostrar al futuro autor del texto con el que se arma esta película como un ser en eterno proceso formativo sin pizca de personalidad, dejando que sea el resto de personajes los que añadan color al asunto. Affleck se lleva las palmas por su atinada interpretación construyendo un personaje movido y hablantín que siempre tiene las mejores intenciones para con su sobrino al igual que Lloyd y Rabe, no así Ranieri o Sheridan, quienes jamás localizan el centro dramático de su personaje o la forma más exacta para interpretarlo tal vez porque en el fondo es un ente anodino que en realidad jamás tuvo algo genuinamente interesante qué contar, valiéndose descaradamente de lo que él mismo enuncia sin pudor en pantalla: los editores y lectores siempre querrán biografías que vender y leer. Y con esa declaración se consuma le hueco que en realidad es ésta indiferente pero correctamente dirigida y bien actuada cinta.

“LA CASA” (“THE HOUSE”) – NETFLIX
Tres historias ubicadas en periodos temporales distintos y unidos por un solo elemento: una casa. En el primer segmento una familia a mediados del siglo XIX abandona su humilde morada por una suntuosa mansión proveída por un misterioso benefactor. Conforme esta entidad anónima los maneja a su antojo mediante un vocero, sólo la pequeña hija y su hermana bebé serán capaces de darse cuenta del mefistofélico acuerdo en que sus padres han caído mediante un soberbio manejo de atmósferas tétricas y una alegoría sobre el desear y poseer. El segundo relato, protagonizado por roedores, nos presenta a un promotor inmobiliario moderno que invierte todos sus ahorros en un lujoso departamento en Londres para venderlo al mejor postor. Una constante plaga de bichos y dos supuestos compradores que se rehúsan a marcharse harán de su vida una pesadilla con ecos kafkianos generando un terrorífico discurso sobre la futilidad de lo material y la descomposición de la psique ante lo primigenio, mientras que la tercera historia produce un futuro alentador estelarizado por felinos donde una casera encontrará su libertad física y emocional mediante un proceso que involucra la simbólica atadura al edificio que regentea y ama. Una propuesta de animación cuadro por cuadro excelsa en propuesta plástica y con un manejo muy maduro e inteligente de sus tres directores en cuanto a sus respectivos temas, con una música y tema principal cuasi líricos por el gran compositor y ejecutante Gustavo Santaolalla. Maravilloso trabajo no apto para toda la familia por su oscura propuesta argumental.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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