Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, con este entrega concluyo con la temática referente al Programa Nacional Hídrico 2020-2024, abordada durante 12 semanas, sobre lo que debe ser este instrumento de planeación de suma utilidad para lograr la implementación de una real política hídrica; lamentablemente el instrumento analizado no cumplirá las expectativas que ni él mismo se plantea, ni las necesidades reales del reto de gran dimensión que implica la problemática hídrica en nuestro país. Lamento parecer negativo, mis deseos son que me hubiera gustado una herramienta de planeación realmente innovadora y distinta a los anteriores.

El actual refleja intenciones y percepciones al contrario de lo que se demanda urgentemente que es la definición de medidas contundentes e inéditas, la seguridad hídrica es un problema que no está realmente en su horizonte a pesar de las palabras, lo peor que esta problemática se encuentra mostrando sus impactos negativos.

¿Por dónde debemos empezar? Amables lectores ante los cuestionamientos realizados pudieran preguntarme con mucha razón del porqué solo cuestiono, ¿En dónde está la propuesta?, interrogante que es más que válida, simplemente es imprescindible. A lo largo de casi 500 semanas que lleva esta columna (esta es la 499) he propuesto una serie de instrumentos, procesos, mecanismos y políticas públicas que deben implementarse no sólo en México sino también a nivel local, en este caso dentro del ámbito de las competencias estatal y municipal.

Lo anterior, reviste mayor relevancia en virtud de que el Gobierno Federal ha dado muestras de dejar a su suerte a las entidades federativas y municipios que no les son rentables políticamente ni cumplen con sus expectativas discursivas, o que las inercias que predominan viven el letargo de mediados del siglo pasado. Por lo tanto, es en dónde las entidades federativas y municipios deben optar por diseñar y ejecutar las políticas hídricas de una forma distinta a lo tradicional, no hay de otra.

Considerar que un programa sectorial, como es el Programa Nacional Hídrico volverá favorable los escenarios, o que la Ley General de Aguas, también haría lo propio, o que a través de organizaciones civiles determinarán y predominarán totalmente en los órganos que sustituirán a los consejos de cuenca, no es viable, ni recomendable y tampoco tendría éxito, porque sería volver a esa inercia de hacer las cosas de forma sesgada y sin confrontación de información y datos reales.

Lo que se necesita es una política integral y transversal que incorpore a los instrumentos ya mencionados a modo de componentes, se demanda una ley con sus correspondientes reglamentos,una directriz en cuanto a la política de planeación en el rubro del agua como son los programas sectoriales, los mecanismos de gobernanza, participación, transparencia y rendición de cuentas, la homologación en los procesos y la integración de una política de gobernanza y participación pertinente, con la propuesta de políticas públicas y la operación basada en modelos sistémicos, porque es la única manera de poder reunir y articular a esos diversos componentes.

En otras ocasiones les he hablado del Sistema Nacional del Agua con sus pares estatales, como instancia en la que pueden garantizar su participación todos los usuarios, organizaciones e instancias gubernamentales, este sistema actuaría como órgano rector en la administración del agua, contando con unos subsistemas por lo menos dos, el de información y el financiero. El primero es de impostergable integración, considero oportuno hacer las siguientes aclaraciones antes de continuar, pensar en un sistema del agua y sus subsistemas de información y financiero, se asocia mentalmente de manera inmediata con el diseño de un software y no es así, aunque el software sería uno de los componentes fundamentales, sobre todo para la ordenación y categorización de la información que se obtenga, completa, unificada y disponible en todo momento y el subsistema financiero, con la idea de desglosar los componentes que permitan no sólo la ejecución de obra, sino la implementación de acciones. Todo ello a través de un sistema del agua, como herramienta de administración y gestión hídrica, dentro de este sistema se articularía el rol de la gobernanza, los usos sean público urbano o agrícola, la planeación, programación, presupuestación hídrica con su seguimiento, evaluación y control, además de una legislación y reglamentación actualizada, esto sería para comenzar a vertebrar una eficiente y real arquitectura institucional del agua. Recuerden que estas acciones deben permitir que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

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