Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

STREAMING – “MOWGLI, LA LEYENDA DE LA SELVA” (MOWGLI, LEGEND OF THE JUNGLE)

Si uno lee las historias compiladas en “El Libro de la Selva” de Rudyard Kipling, podremos apreciar que lo último que el primer escritor inglés -merecedor de un Premio Nobel de Literatura- tenía en mente era filtrar por la antisepsia social su aguda y mordaz percepción sobre la colonización inglesa en países subdesarrollados, mediante la tónica de Esopo antropomorfizando a la fauna de la jungla de Bengala, para que interactuara con un pequeño protagonista humano llamado Mowgli, desatando reflexiones pertinentes y persistentes sobre la intrusión del hombre en los espacios vírgenes dominados por los procesos naturales. En pocas palabras, realmente no hay cabida a canciones monas sobre lo más vital nomás en este escabroso y metafórico universo, así que la postura tomada por el actor y director Andy Serkis (Gollum en la trilogía de “El Señor de los Anillos” y el antropoide César en la nueva saga de “El Planeta de los Simios”) que involucra una aproximación más violenta, dura y dramática a este texto clásico de reciente estreno en Netflix se percibe como la correcta, pues el resultado es uniforme, redondo y coherente a las intenciones discursivas del señor Kipling, a la vez que logra confeccionar una historia correctamente trazada y adyacente a la percepción que el público general tiene sobre estos personajes, pero con un tratamiento más maduro que el de la Factoría del Ratón. La trama no se aleja de lo ya conocido: Mowgli (Rohan Chand) es un chiquillo que queda en la orfandad por el ataque del fiero tigre Shere Khan (Benedict Cumberbatch), quien odia a los hombres por razones muy personales. Criado por una manada de lobos y bajo la guía tanto de la pantera Bagheera (Christian Bale) como del oso Baloo (Serkis), Mowgli trata de encontrar su lugar en la selva, encontrándose en una bifurcación existencial al no sentirse completamente lobo y no localizar con plenitud aquello que lo hace humano, pero siendo feliz en su entorno. Mas las dudas que otros animales tienen sobre el tener a un cachorro de hombre entre ellos por el riesgo que ello implica, ante las represalias de Shere Khan, obligan al líder de los lobos a expulsar al niño y arrojarlo al mundo de los hombres, donde conocerá tanto la bondad y acojo de las personas como el lado más hostil en la forma de un cazador inglés que le muestra la crueldad latente en el ser humano.

La película logra sorprender por la sensatez que muestra en la presentación y desarrollo de temas como el desarraigo, la pertenencia y los procesos de identidad, evitando la manipulación emocional ante unos personajes lo suficientemente bien generados que permiten crear drama en base a sus disímbolas pero atractivas personalidades y actuaciones sobresalientes, tanto del pequeño Chand como Mowgli quien refleja las transiciones de su papel con mucha convicción como de sus coprotagonistas virtuales, los cuales se benefician de interpretaciones vocales fuertes e igualmente concluyentes. Andy Serkis logra con “Mowgli, la Leyenda de la Selva” un trabajo sólido que entretiene a la vez que ofrece reflexiones contundentes sobre el dominio del entorno y uno mismo. Una proeza si consideramos que lo hizo a través de animales parlantes y una historia por demás conocida.

CARTELERA – “EL GRINCH” (THE GRINCH)

Por otro lado, existen adaptaciones cinematográficas a clásicos literarios que cometerán cualquier acto de traición narrativa con tal de encajar en la sensibilidad de la generación en turno, como es el caso de esta nueva iteración de “El Grinch”, texto escrito con mucha astucia y cierta subversión por el Dr. Seuss hace 60 años, pero ahora transformado en un relato conformista y simplón sobre un ser verde que padece de soledad crónica debido a la orfandad y eso lo conduce a tener una apatía tibia y mediocre odio a la vida, a diferencia del Grinch que se nos planteó tanto en el libro como en la maravillosa adaptación animada de Chuck Jones en los 60’s, el cual se representaba como la genuina antítesis de la Navidad de forma natural y exento de innecesarias motivaciones. Más en la utopía políticamente correcta que pretende vender la norteamérica moderna, el protagonista es tan sólo un incomprendido con ciertos rasgos de bondad que lleva una vida sencilla con su perro Max pero que aborrece la Navidad por las razones expuestas, llevándolo a literalmente robársela a los habitantes de Villa Quién, para al final darse cuenta que es mejor convivir que ser uno mismo. Análogamente tenemos la historia de una pequeña habitante de ese lugar llamada Cindy Lu, quien lo único que desea para Navidad es que su mamá, mujer sola que la atiende y a sus dos latosos hermanitos gemelos, sea feliz pues trabaja mucho para asegurarles su bienestar. Lo irónico es que emprende un elaborado plan para contactar a Santa Claus con el fin de solicitárselo personalmente que la aleja tanto tiempo de su casa en lugar de ayudarle a su atribulada madre en las labores del hogar, estudiando o simplemente permitiendo que su progenitora descanse y así hacer su deseo realidad sin esperanzarse en soluciones mágicas. Pero todos sabemos cómo termina esto y es de la única forma en que los estudios Illumination (“Mi Villano Favorito”, “La Vida Secreta de las Mascotas”, “Sing”) saben trabajar, que es apelando a los convencionalismos más pedestres sin elaborar, profundizar o trabajar las emociones de sus personajes a puntos de profundidad necesarios, sobre todo en un relato de estas características donde la emotividad se requiere y falla simplemente porque el protagonista jamás logra ser antagonista tal y como su creador lo planteó, anulando cualquier posibilidad de trascender el mensaje, pues si el Grinch fuera completamente malvado, su paso al lado luminoso siempre será más satisfactorio y conmovedor, pero en este caso… Uf. Y si le añadimos la anodina voz de Eugenio Derbez entonces ahora sí tenemos motivos para odiar esta Navidad.

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