Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

CARTELERA – “HALLOWEEN” (2018)
Cuando se trata de secuelas, Hollywood rara vez se compromete. Las continuaciones, en particular aquellas a cintas veneradas por los cinéfilos y aprobadas por el tiempo dándoles estatus de “clásicas”, suelen originarse por ese apetito capitalista que golpea a los estudios cinematográficos para exprimir todo el jugo financiero a aquello que a la postre eroga en franquicia, siendo un ejemplo clarísimo al respecto la serie “Halloween”, debutando en 1978 bajo la mano experta del director John Carpenter quien imprimió en ese incipiente ejercicio slasher no solo pericia en cuanto a la construcción de atmósferas, ritmo inquietante y manejo de actores, sino la inserción en la cultura popular de esa enigmática e imparable máquina de matar llamada Michael Myers, ícono del género de horror gracias al misticismo que rodea su apariencia espectral y estilizada pero que se vio diluida por una sarta de secuelas de calidad variable (algunas simplemente abismales) que sostuvieron su popularidad durante dos décadas a costa de la calidad.
Hoy, el director de comedias y uno que otro drama David Gordon Green decidió lanzarse osadamente al ruedo del terror fílmico desechando todas las secuelas creadas para realizar una continuación directa a la mítica cinta de Carpenter, con el fin de recuperar los elementos macabros e ingeniosos de la primera cinta pero transpolados al presente en un argumento que revisa el estado actual de los personajes originales –incluyendo a Myers– para obsequiarnos una película redonda que le añade interesantes matices a Laurie Strode, interpretada con la acostumbrada fuerza de Jamie Lee Curtis, la sobreviviente de aquella funesta Noche de Halloween de hace 40 años y a su perseguidor homicida, quien por fin adquiere rasgos humanos para no dejarlo como un simple devastador humano desprovisto de personalidad, pero sin minarle esa característica aura misteriosa.
La película presenta a Laurie como una mujer otoñal con Síndrome de Estrés Postraumático que ha pasado las últimas cuatro décadas preparándose para el inminente regreso de Myers a Haddonfield, Illinois, equipando su casa cual fortaleza y haciéndose de un impresionante armamento. Esta obsesión le ha costado la relación con su hija Karen (Judy Greer) pues ella no desea participar de lo que considera una ilusión paranoica, y con su nieta Allison (Andi Matichak), quien ama a su abuela pero la fractura entre ella y su madre no permite una cohesión familiar total. Más estas tres generaciones de mujeres deberán unir fuerzas invariablemente cuando Michael Myers logra escapar durante el trayecto a una institución psiquiátrica de máxima seguridad y su camino hacia la venganza contra Laurie comienza a llenarse de cadáveres.
Aquí es cuando la dirección de Green brilla, pues se muestra inventivo en las escenas violentas a la vez que dota de capas humanas tanto a las víctimas como al verdugo enmascarado, quien sin decir palabra alguna manifiesta ciertos aspectos emocionales mediante el lenguaje corporal, todo enmarcado por las festividades del Halloween suburbano sin que la puesta en escena fuerce las acostumbradas atmósferas otoñales. Todo adquiere convencimiento debido a esta dirección eficaz y a las fuertes actuaciones de Curtis y Greer, quienes logran una dinámica fluida y real como madre e hija disfuncionales que terminan estrechando lazos a través de esta cruenta experiencia. El “Halloween” de este año es mucho más dulce que truco, y ya era hora.

STREAMING – “APOSTOL” (“APOSTLE”)

La sangre es más espesa que el agua bendita. Esta parece ser la premisa de la singular nueva película del astuto director Gareth Evans, quien de las violentas calles retratadas en sangriento y brillante detalle en su maravillosa cinta “La Redada” (2011) nos transporta al año 1905 para presentarnos la historia de un hombre llamado Thomas Richardson (Dan Stevens) y su odisea para recuperar a su hermana de una misteriosa secta ubicada en una isla remota. El paradero de ella le fue dado a su padre mediante una nota de rescate solicitando una fuerte suma de dinero, por lo que Thomas decide ir personalmente a rescatarla y averiguar la naturaleza de dicha congregación. Al llegar descubre que su líder, un náufrago que llegó a la isla con sus otros dos hermanos y que ahora se hace llamar Profeta Malcolm (Michael Sheen en una de sus mejores interpretaciones), es un hombre de convicciones firmes que adora a una deidad femenina referida solo mediante respetuosos susurros, convencido que ella reside en ese lugar y que fue la artífice de su supervivencia.
Al iniciar sus pesquisas, Thomas se topa con diversos componentes misteriosos que hilan una intrigante serie de preguntas para el personaje y el espectador, como el que los residentes ofrenden todas las noches una botella de su propia sangre por las noches, que el Profeta Malcolm tenga un pasaje secreto en sus aposentos, que una pareja de adolescentes deba mantener su romance en secreto so pena de algo terrible y que algo o alguien mora entre las cavernas subterráneas que recorren la comunidad. Stevens logra una completa mimetización con su personaje y brinda una actuación sobresaliente como una persona resoluta que va aprendiendo sobre la marcha a la par de la audiencia sobre las bizarras costumbres de la secta a la vez que mantiene su anonimato para poder encontrar a su hermana pero que manifiesta diversos puntos vulnerables debido a su dependencia a una sustancia parecida a la morfina para aplacar sus propios demonios, avivados por la hija del Profeta, Andrea (Lucy Boynton), quien vive ingenuamente creyendo que nada erróneo ocurre ahí. El director Evans se apoya de una deslavada pero evocativa fotografía para retratar una historia que se desarrolla bajo el yugo de la tensión producto de un guion que remite bastante a “TheWickerMan / El Hombre de Mimbre” (Hardy, G.B., 1973) pero estableciendo un juego inteligente entre la dinámica de los personajes y escenas realmente brutales cuando la justicia de la comunidad se aplica a quienes señalan como pecadores. Afortunadamente la psicología de todos los involucrados se explora adecuadamente y “El Apóstol” no comete el pecado de retratar como campesinos fanáticos a la congregación, dotándoles incluso de emotividad y fuerza dramática. La cinta tiene algunas fallas, en particular en el amarre del clímax, pero termina siendo un aporte de Netflix solvente y entretenido para disfrutar sin compañía de la familia –por aquello de la hemoglobina- un fin de semana.

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