Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

CARTELERA
“ÉRASE UNA VEZ UN GENIO” (“THREE THUSAND YEARS OF LONGING”)

El nombre de George Miller suele asociarse con proyectos de proyección narrativa audaz y humanista donde sus personajes debaten la naturaleza de su cotidiano enfrentándose a ello directamente como alegoría del libre pensamiento contrapuesto a un destino tácito (“Babe, El Puerquito Valiente”, “Happy Feet”) o como un antagonista directo ante lo adverso de su entorno (la saga “Mad Max”), pero con “Érase Una Vez Un Genio”, su mirada como director parece posarse más en la contemplación que acarrea la edad (77 años) sobre el estado de las emociones, mente y espíritu no desde el balcón de la añoranza, sino de la reflexión. El George Miller que apreciamos aquí se ve orientado, vital y orgulloso de sus fuentes primarias de inspiración, casi como una travesía terapéutica que lo confronta a sus propios cuestionamientos sobre la vida, el amor y la soledad, elementos que cifran un discurso lleno de vibrante color y conmovedoras observaciones utilizando dos personajes disímbolos que no dejan de comunicar la idea de unión aún si la existencia de uno de ellos es imposible. Así pues, tenemos a Alithea (la siempre estupenda Tilda Swinton), una narratóloga que ofrece conferencias por todo el mundo y cuyo nombre significa “Verdad” en griego, revelando su motivación personal y profesional. Es en uno de sus viajes mientras deambula por un mercado en Estambul que se encuentra un pequeño frasco que, al limpiarlo en el baño de su hotel, revela contener a un imponente genio (Idris Elba) que le concederá tres deseos. Como esto no es Disney ni por asomo, la cinta procurará mediante ésta dinámica entre ama y esclavo sobrenatural el discurrimiento de ideas sobre la verdad, el ser y el querer cuando ella, escéptica, se niega a dicha oferta basándose en los infortunios que la narrativa misma ha legado a la cultura ante tales ofrecimientos, pues siempre terminan mal. Como el genio requiere que Alithea cumpla su parte para que él sea libre, le cuenta tres historias basadas en su vida para mostrarle un exótico, rico, profundo y en momentos irónico panorama sobre lo que llevar una existencia como la suya a la vez que le provee de una perspectiva muy singular sobre el significado de la vida, la muerte y el amor. Al final ella pedirá su deseo, uno que sorprenderá tanto al genio como al espectador. Con éste relato Miller se aleja de toda noción concebida con base en sus trabajos previos y filosofa con mesura y muy a gusto sobre la naturaleza del mundo, de nuestra aproximación a las relaciones interpersonales y a la vida y a nuestro insaciable apetito por el conflicto. “Érase Una Vez Un Genio” revela una sincera intención por expresar mediante un sutil y bello juego lírico que la cultura demoniza aspectos necesarios del vivir como la soledad y que el amor llegará cuando el corazón y el espíritu estén listos, sin intervenciones fantásticas o deseos. Excelente filme que, cabe aclarar, posee un ritmo muy frenado y meditado para que el espectador goce con mesura las exquisitas imágenes que concibe Miller gravitando hacia las excelentes actuaciones de Swinton y Elba y una historia nutrida por el mito de Sheherezade pero con una insondable magia propia.

STREAMING
“SAMARITAN” – AMAZON PRIME VIDEO

Sylvester Stallone viene interpretando superhéroes con careta de hombre común desde hace décadas. Desde Rambo hasta Tango todos manejan habilidad y resistencia más allá de las humanas por lo que sólo faltaba la capa y el disfraz. “Samaritan” no muestra al ex forzudo héroe de acción ochentero con los atavíos convencionales de un personaje de cómic, pero sí lo sitúa en uno aún si se trata de un personaje en condición de retiro y decadente. Lo interesante es que su rol, aun si da pie a la trama, es aludido en el título de la película e indudablemente es el elemento principal, logra pasar a segundo plano en cuanto a protagonismo ya que el foco de la historia es un jovencito de 12 años llamado Sam (Javon Walton), chico que vive con su explotada madre en la ruinosa metrópoli llamada Ciudad Granito donde el desempleo, el crimen y la desesperanza gobiernan. La única fuente de ilusión que posee éste niño quien delinque cuando puede para pagar la renta es la creencia de que Samaritan, un superhéroe que defendió a la ciudad hace años antes de su supuesta muerte durante una aparatosa batalla con su gran enemigo llamado Némesis (quien también era su hermano), aún vive. De hecho, está convencido de que un vagabundo que vive cerca de su edificio conocido como Joe Smith (Stallone) es él, por lo que trata de convencerlo para que salga del retiro y reactive su identidad como Samaritan para sacar a la urbe de su lamentable estado. Joe niega ser el superhéroe, pero un uso de fuerza desmesurada y aguante sin límite convencen a Sam de que él es el paladín desaparecido. Por su parte, un criminal local llamado Edwin (Pilou Asbæk) asume la identidad de Némesis para controlar la ciudad, situación que lo pondrá en posición directa contra Joe y Sam, quien ve su vida peligrar debido a previas asociaciones con Edwin.
Lo que hace aquí el director Julius Avery es mantener a raya los arquetipos forjados en historieta para procurar una historia marinada en la depresión y cierto nihilismo que contrasta con los filmes multicolor de la Marvel, logrando cierta identidad en cuanto a tono y atmósfera. El guion también desarrolla una dinámica creíble entre el niño y el posible superhéroe que si bien remite a tramas similares que involucran primero la inconexión de ambos para luego ser inseparables al menos la fórmula se mantiene a flote gracias a las logradas actuaciones de Walton y Stallone, quienes crean una simbiosis afortunada, en momentos cómica y en otros dramática. De hecho los avatares comiqueros a los que alude la película nunca dominan el proceso narrativo, el cual se sustenta más en el drama sobre el niño en relativa orfandad y un hombre de edad madura que busca su sitio en el mundo sin caer en embrollos existenciales, ya que, después de todo, sigue siendo una cinta sobre superhéroes con algunas escenas de pelea y efectos especiales que guardan lo mejor para el final, uno con vuelta de tuerca que si bien se veía venir, igual funciona por su correcta presentación. “Samaritan” es una agradable sorpresa que no reinventa la rueda del superhéroe, más bien le da unas creativas vueltas de más muy bienvenidas ahora que la Marvel ya muestra señales de agotamiento.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com